EUROPA SUR En la batalla del coronavirus: mantenemos nuestra cita en los quioscos con despliegue informativo sobre la pandemia

Una de las consecuencias del llamado "distanciamiento social" al que nos ha obligado la pandemia del coronavirus, es la recuperación de un peculiar formato de exhibición de películas como es el de los autocines. Fue en Estados Unidos donde a finales de los treinta apareció esta modalidad de proyección, en virtud de dos circunstancias: la existencia de grandes áreas de terreno barato y el auge de la cultura del automóvil. Solo requería de una gran pantalla al aire libre, un proyector de cine, una amplia explanada para el estacionamiento de los automóviles y un bar-cafetería. Una vez que anochecía, los espectadores podían disfrutar de las películas desde la comodidad y privacidad (muy valorada por los jóvenes) de sus vehículos. Inicialmente el sonido se obtenía de un altavoz individual que se colgaba de la ventanilla del coche, hasta que fue sustituido por una emisión en FM que se sintonizaba en la radio del coche. Desafortunadamente, la precariedad del parque automovilístico español por aquella época impidió la existencia de los autocines. Lo que más se acercaba por aquí a esa experiencia eran los cines de verano: proyecciones al aire libre con sillas de madera, ambigú, olor a jazmín y dama de noche y… mosquitos. Paradójicamente nosotros supimos de los autocines a través de las propias películas que, a menudo, solían recurrir a ellos como escenarios de la trama. El musical "Grease" fue la mejor propaganda para los autocines, "Danny" (J. Travolta) intentando seducir a "Sandy" (Olivia Newton John) en su descapotable mientras en la pantalla se proyecta "La masa devoradora" es ya una escena icónica de la historia del cine. En "Regreso al futuro III", Michael J. Fox vuelve a viajar en el tiempo en el DeLorean de su amigo "Doc", iniciando el viaje en un inmenso autocine ubicado en el Parque Navajo de Monument Valley, en cuya pantalla se estrella con su vehículo para viajar al Far West de 1885. En uno de los grandes clásicos del cine de gánsteres "Al rojo vivo" de Raoul Walsh, un sumamente violento gánster interpretado por James Cagney, acompañado de su chica (Virginia Mayo haciendo de mujer fatal) y de su madre (con la que el gánster mantiene una relación edípica) utilizan un autocine para esconderse de la policía. Con fastidio, la taquillera les dirá al oír el ensordecedor ruido de las sirenas de los patrulleros que les persiguen: "Pasa todas las noches, arruinan la película". Para Tobey Maguire el joven de "Las normas de la casa de la sidra", las noches de cine eran las favoritas de su estancia en el orfanato regentado por Michael Caine, por eso cuando descubre junto a Charlize Theron el autocine se emociona al ver una pantalla tan grande. Cuando ella le dice "Aquí no importan las películas. Colocas el altavoz, te acomodas, te acurrucas con tu pareja y no ves la película". A lo que el chico, demostrando (inexplicablemente) más atracción por el cine que por su novia, le responde: "Yo vería la película". Gracias al virus el cine quizás recupere una olvidada manera de llegar al público.

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