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La esquina

José Aguilar

jaguilar@grupojoly.com

Apoyo a Sánchez pese a Sánchez

Sin el estudio epidemiológico, la desescalada y la reactivación económica son arriesgadas: a tientas, a base de prueba y error

El plan de desescalada puesto en marcha por el Gobierno para relajar el confinamiento y aliviar el batacazo de la economía nacional se antoja lastrado por todas las carencias de la gestión de la pandemia: desconcierto, improvisación e incompetencia (más alguna mentira). A pesar de lo cual hay que acatarlo y apoyarlo con disciplina y lealtad.

La improvisación se ha denotado en todas las medidas adoptadas desde marzo, en los retrasos en las comparecencias por no tener claro lo que se iba a anunciar, en la última hora a la que llegaban los documentos a los ministros que tenían que aprobarlos, en las constantes rectificaciones de los planes antes de su aplicación definitiva, en la precipitación de la pretendida ruta hacia la pamplinosa e imposible "nueva normalidad" tras la evidencia de que también en el desconfinamiento estábamos a punto de ser de los últimos entre los países grandes.

La desescalada diseñada a trancas y barrancas se perjudica de un error de partida: sin concluir el estudio epidemiológico masivo recién iniciado es muy arriesgado abrir la mano en algunos sectores productivos y relaciones sociales. Vale, es incontrovertible que la pandemia está remitiendo, pero carecemos de herramientas para concretar cómo y dónde se propaga el virus y entre quiénes, única forma medio eficaz de combatirlo. De nuevo, la demora en actuar nos daña. Como con las mascarillas, batas y respiradores. La desescalada y las fases de reactivación económica van a hacerse a tientas. Probando.

Luego está el aspecto estrictamente político del problema. El Gobierno se ha tomado al pie de la letra lo del mando único y no escucha a nadie. A las comunidades autónomas sólo las llama para comunicarles lo que ha decidido a solas y pedirles que lo ejecuten. Las tiene, lógicamente, rebeladas, sin distinción de partido, tamaño o identidad. Más al pie de la letra todavía se está tomando el estado de alarma y sus sucesivas prórrogas (tres). No se pueden suspender durante dos meses derechos básicos de los ciudadanos para no consultar con nadie, en plan despotismo ilustrado de los expertos. No se pueden utilizar poderes excepcionales legítimamente adquiridos para hacer lo que diga Iván Redondo.

A pesar de todo, creo que debemos apoyar el plan del Gobierno en este período, obedecer sus mandatos y secundar sus recomendaciones. Con Sánchez a pesar de Sánchez. Y rezar para que no se equivoque más.

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