Andrés y Paco

Los hermanos Mateo son ejemplo de superación y entereza ante la dura adversidad de la primera mitad del siglo XX

EN 1917 y 1918 nacieron dos hermanos algecireños en la entonces llamada calle Alta, hoy Juan Morrison. Tiempos difíciles en los que se sufrió la epidemia de gripe que mató 40 millones de personas de este planeta. Andrés y Paco los llamaron. Aficionados al fútbol desde pequeños, seguro que subirían a la Plaza Alta a darle patadas a un balón de trapo, sirviendo de portería dos naranjos.

A Andrés Mateo Vilches, jugador del Sevilla, lo definieron como un jugador de fuerza y potencia, "una piedra envuelta en papel de seda" dijeron de él, con pinta de chicarrón del norte. Muestra que no se achantaba ante nada, es que fuera sacado a hombros tras jugar un Alemania-España, en un rebosante Estadio Olímpico de Berlín nada menos que en abril de 1942. Entonces estaba la cosa calentita por allí, con un palco lleno de uniformados jerarcas de la Wehrmatch poco dados al cachondeo, aunque fuéramos simpatizantes del Eje.

Su hermano Paco no le iba a la zaga; de jugar en el FC Barcelona, pasó a un campo de refugiados en Francia comenzada la Guerra Civil, país donde permaneció exiliado hasta el final de sus días. Fue campeón de la copa gala con el Girondins de Burdeos, del que fue estrella.

Rechazó la nacionalidad y la selección francesa a la que se le llamó, y hoy se le rinde honores en Estrasburgo con un campo a su nombre. Siempre tuvo a Algeciras en su boca.

La épica vida de estos dos algecireños, separados por la guerra y las ideologías, bien merece nuestro recuerdo. No lo tuvieron facil. Pandemia, carestía, guerra, y exilio, pero a pesar de ello como dijo Diego Armando, el balón estuvo por encima de todo.

Nuestro estadio se debió llamar Hermanos Mateo, pero por lo menos a Andrés, se le adjudicó el pabellón de deportes del barrio de El Saladillo. Y el destino ha querido que allí se inoculen las vacunas del covid a los algecireños, que tantas vidas salvarán. El nombre de Andrés Mateo está en boca de todos, cuando amigos y familiares anuncian que han recibido la esperada llamada. Será difícil que olvidemos ese nombre.

Los Mateo son ejemplo de superación y entereza ante la dura adversidad de la primera mitad del siglo XX, como tantísimos otros. Ahora corren también momentos de dificultad para muchos, pero esa vacuna significará el cambio de todo. Además del pinchazo, para ir saliendo de ésta, nos valdrá fijarnos en lo que nuestros abuelos padecieron y lucharon para darnos lo que ahora tenemos. Y seguramente se quejarían menos que nosotros.

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