Andalucía, como debe ser

Hay que transmutar el proteccionismo en dinamismo: el de una sociedad en la que se fomente el talento

El nuevo gobierno andaluz tiene buena pinta. No produce inquietud ni miedos. Debo advertir, no obstante, de que para la consejera de Políticas Sociales, Rocío Ruiz (Cs), la Semana Santa es un "entretenimiento de la plebe", amén de otras lindezas del mismo tono. Un poco cursi y pijaprogre parece esta señora, pero nadie es perfecto. Ni una boutade de esa índole, en boca de un ciudadano de a pie (como lo era entonces la consejera), debiera ser causa de reprobación. Es preocupante la falta de respeto que se deduce de su parecer, pero no que éste sea diferente de otros pareceres. No hay por qué esperar ni de ella ni de sus compañeros, que la cosa vaya a peor. Sus cualificaciones y experiencias no son para dejarse dominar por el pánico. No estamos ante un cambio ordinario, sino implicados en un paradigma muy distinto del que sustentaba el pasado.

Muchos pensamos que las bondades del socialismo son una especie de red protectora frente al capitalismo y el libre mercado, que no son nada fuera de ese contexto. En Andalucía, hemos recorrido casi cuatro décadas de inmovilismo, con una bajísima productividad y una pérdida pavorosa de talento. El socialismo andaluz nos ha dejado como unos zorros, lejos de cualquier atisbo de convergencia y permitiendo que la inteligencia se nos escape hacia un mejor reconocimiento. Nada peor para un territorio con lagunas de subdesarrollo, que soportar una Administración que no fomente la competitividad ni valore el esfuerzo. Resulta sorprendente que se pueda pensar en el bienestar de una sociedad en donde baste con estar, en donde no haga falta ser.

Desmontar tanta pasividad y tanta desidia requiere un esfuerzo titánico. Porque se trata, sobre todo, de reconstruir una normalidad en la que reside la inoperancia. Me comentaba ayer un paisano, promotor de proyectos urbanísticos, las dificultades de desarrollar un plan de iniciativa privada en Andalucía, a propósito de lo que le espera a un amigo común, consejero de la nueva Junta, hombre de probada capacidad y conocimientos, ante la colosal labor de hacer que su Consejería, una de las más densamente responsables del progreso en esta tierra nuestra, cumpla sus objetivos. Hay, no obstante, que esperar que así sea, y hay materia y recursos para esperarlo. Transmutando el proteccionismo estéril, partidista y paralizante en dinamismo: el de una sociedad libre de trabas en la que se fomente la creatividad y el talento.

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