En tránsito

Amenazar

¿Se puede decir cualquier cosa en una canción, en un tuit, en una columna? ¿Se puede amenazar de muerte?

Sepuede decir cualquier cosa en una canción, en un tuit, en una columna de prensa? ¿Se puede amenazar de muerte, se puede insultar de la forma más vejatoria posible, se pueden revelar detalles e informaciones que pertenecen a la vida privada de una persona? ¿Se puede llamar a alguien puta, ladrón, maricón, pederasta, asesino, te voy a arrancar la cabeza de un bombazo? La cuestión es peliaguda. En principio se supone que todos estamos de acuerdo en que la libertad de expresión no debería tener límites, pero el problema empieza cuando se trata de amenazas de una violencia inusitada o de insultos que degradan a una persona (o a su familia) hasta límites inconcebibles. Y además, ¿quién establece hasta dónde se puede llegar? ¿Quién fija los límites? ¿Quién decide lo que es una afrenta y una amenaza y no una simple canción divertida que no pretendía herir a nadie? Eso sólo puede hacerlo la ley, y al final todo depende de la decisión de un juez.

Estos días hemos conocido el caso del rapero Pablo Hasel, un viejo conocido de la Justicia que lleva años siendo acusado de apología del terrorismo y de injurias a la Corona. Ahora parece que va a entrar en prisión y un gran número de escritores y artistas han clamado pidiendo su libertad. "No se puede meter a nadie en la cárcel por unos tuits", dicen. Sí, claro, pero el problema es que a Pablo Hasel no lo han condenado por injuriar a la Corona ni por hacer apología del terrorismo, sino por acumular condenas previas que incluían delitos flagrantes de agresión -a un periodista de TV3- y otro delito de coacciones durante la ocupación del Rectorado de la Universidad de Lérida. No se le condena por tuits ni por raps, sino por la acumulación de condenas, algunas de ellas bastante graves.

Personalmente no me hace gracia que un rapero vaya a la cárcel. Creo en la libertad de expresión, incluso en el caso de que esa libertad suponga amenazas de muerte o insultos venenosos. Pero a mí, claro, nadie me ha amenazado nunca de muerte ni me ha acusado de ser ladrón ni asesino ni pederasta (crucemos los dedos: cualquiera sabe lo que puede ocurrir en estos tiempos). Pero si eso ocurriera, si de pronto me lloviera una lluvia de azufre en forma de insultos y amenazas, es probable que se derrumbara mi fe en la libertad de expresión y que corriera a un juzgado a poner una denuncia. Y eso, supongo, lo haría todo el mundo.

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