Lo que se vio el domingo en el estadio Romano de Mérida es difícil que ocurra en un partido de fútbol: que se piten cuatro penaltis y que haya una expulsión con el condicionante de la tromba de agua que cayó durante el encuentro.

Pero si a algún equipo le pueden pasar todos estos condicionantes es al Algeciras CF. Fueron tres penaltis bastantes dudosos que el Mérida no desaprovechó y uno a favor que el Algeciras desperdició. Además de un fallo del portero Lopito cuando el Algeciras veía que se podía llevar los tres puntos para su casa.

Pero más allá de la dinámica negativa y de las actuaciones arbitrales que está recibiendo el equipo, hay que analizar por qué en estas 13 jornadas casi siempre todo lo que puede salir mal le está saliendo mal a este equipo.

El Algeciras es un conjunto que quiere dominar los partidos, que hace un fútbol atractivo pero al que le cuesta hacer gol y que recibe goles con facilidad, ahí están los datos. Si se analizan los goles que reciben los de Fajardo, la mayoría podrían ser evitables. Cuando no es un fallo de marca, es un mal despeje, un fallo individual aislado. Como hemos dicho varias veces, en esta categoría cualquier error se paga muy caro y el Algeciras lo está pagando con creces.

Estos jugadores necesitan conseguir una victoria y volver a confiar en ellos mismos. Para eso tienen que tener tranquilidad, porque aún queda un mundo, y trabajar para estar los noventa y tantos minutos que dura un partido concentrados para que lo que ocurra en el partido caiga del lado algecirista.

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