Análisis

pilar larrondo

Por un puñado de votos

Simone de Beauvoir ya lo advertía, los derechos de las mujeres nunca hay que darlos por conseguidos, siempre volverán a ser cuestionados. Como si haberlos adquirido no fuera garantía, como si hubiera que justificar de manera constante el ser merecedoras de ellos. Lo que la escritora no dijo es que el sistema siempre tomará la figura de la mujer y todo lo que la rodee como baza con la que jugar siempre que quiera ganar una partida. Y así estamos. Inmersos en las celebraciones por el Día Internacional de la Mujer, con un feminismo cada vez más en auge y en plena precampaña, la mujer -y sus circunstancias- se convierte en cabeza de cartel de todos los partidos políticos. Da igual el color, no importa si es para bien o para mal. Todos quieren sacar tajada de un contexto que termina por beneficiar a partidos, empresas y, si me apuras, hasta asociaciones. El feminismo vende -que se lo digan a Don Capitalismo y las megacampañas comerciales que está haciendo estos días- y nadie quiere perder la oportunidad de sacarle el máximo beneficio. Las manifestaciones y actos del pasado viernes son un ejemplo más de lo que el sistema quiere hacer con el movimiento feminista.

Rojos, azules, naranjas y verdes intentaron la combinación perfecta con el morado. Unos buscaron salir en la foto, otros colgarse la medalla, algunos apostaron por el boicot y otros jugaron a ir de independientes. Mientras decidían jugar o no el partido, cargaron de actos feministas y femeninos -cuantas más mujeres en la foto, mejor- su agenda. Ahora hacemos un manifiesto, ahora hablamos de derechos, ahora invitamos a la movilización y ahora contraprogramamos actos porque nuestro feminismo es real y mejor. Para estar en la onda hay que hablar de feminismo, así lo ven ellos. Han reparado en que es un movimiento con mucho peso en la sociedad y deben subirse al carro para manipularnos lo máximo posible sin que nos demos cuenta. Por eso se tiñen de morado, por eso no paran de hablar de nuestros derechos -de los que quieren tiran por tierra y de los que juran mejorarán-, por eso su imagen de marca es la mujer. Al menos hasta nuevo aviso. Es triste, pero la mercantilización del feminismo ha llegado y parece que es para quedarse. Aunque todavía estamos a tiempo de frenar a los que quieren hacer de una lucha tan necesaria un producto más con el que agenciarse un puñado de votos.

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