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Análisis

Pilar Cernuda

Los diez escaños de Arrimadas

Hay que reconocerle a Arrimadas que le ha echado un par de ovarios al apoyar al Gobierno. Importa menos el qué ha respaldado que el apoyo en sí, porque la prórroga del estado de alarma estaba garantizada con el PNV, aunque no era gratis, como es habitual en los cambios de actitud de los vascos. Pero Arrimadas parece que no se queda sólo en el apoyo a la prórroga: el Gobierno cree que podrán tener los Presupuestos aprobados a corto plazo gracias a la formación naranja.

Que ocurra está por ver, porque Arrimadas no lo niega, pero no ha dicho una palabra sobre su disposición a aprobar los PGE; aunque si Sánchez asume cambios importantes exigidos por Cs es posible que obtenga el sí. No sería extraño que, una vez más, el socialista aparezca como vencedor cuando se le veía próximo a la tumba. Visto lo visto, con el cambio de actitud de Cs, a quien Sánchez ha aceptado todo lo que le pedía Casado sin que aquél lo aceptara, el obstáculo más importante que se puede encontrar el presidente para que Arrimadas respalde sus cuentas se llama Iglesias.

El rechazo de los votantes de Cs al líder de Podemos es visceral, y Rivera perdió su carrera política al dejarse llevar por su animadversión personal a Sánchez -es mutua- y se negó a un acuerdo que habría impedido que el socialista formara coalición con Iglesias, alianza que está resultando un absoluto desastre. Hace tiempo que se advierte en Arrimadas su interés en mirar a derecha e izquierda, en actuar como bisagra. Si mantiene su acercamiento a Sánchez, sin que éste deje de lado a Iglesias, se encontrará en situación difícil, porque perderá votos a chorros.

Esta semana, dicen, se inician negociaciones con Cs. Cualquier paso no medido puede dar al traste con Arrimadas o con la estabilidad del Gobierno. Destacados miembros del PSOE, no sanchistas, confiesan que es una pena que Cs sólo tenga 10 escaños. Nada les gustaría más que Sánchez cambiara de socio. Cada día los irrita más la arrogancia e influencia de Iglesias.

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