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Análisis

PANDEMIA Manuel barea 69

Nadie nos salvará de nada

Nadie nos salvará de nada. Ningún rey, ningún presidente de Gobierno, ningún líder de la oposición y tampoco ningún político que aspire a ser lo primero con la intención de convertirse después en lo otro. Y tampoco nos salvarán de nada ningún rico filántropo ni ningún presidente de ninguna empresa ni ningún consejero delegado de ninguna gran corporación, como tampoco lo harán ningún banquero y ningún jefe sindical. No nos salvará de nada ningún CEO de ninguna compañía ni ningún analista de valores, ni tampoco nos salvará de nada ningún entrenador personal y menos aún un personal shopper y desde luego tampoco lo hará ningún asesor (sea esto lo que sea). Y tampoco nos salvará de nada ningún papa y ninguno de sus obispos y ninguno de sus curas, ni lo hará tampoco ningún patriarca, ningún imán, ningún pastor, ningún chamán, ningún gurú, ningún hechicero. No nos salvarán de nada ningún rector, ningún decano, ningún catedrático, ningún profesor ni ningún tutor. Como tampoco nos salvará de nada ningún filósofo, y menos aún un intelectual. No nos salvará de nada ningún libro y ningún verso, ninguna película, ninguna canción ni ninguna sinfonía ni ningún cuadro porque no nos salvarán de nada ningún escritor, ningún poeta, ningún músico, ningún pintor. Ningún artista, por más sublime que sea su obra, nos salvarán de nada. Y está claro que no nos salvarán de nada ningún general ni tampoco ningún sargento, porque ni siquiera los guerreros más valientes del ejército más poderoso del mundo podrán hacerlo. Y ninguno de nuestros jefes nos salvará de nada, como tampoco lo hará ninguno de nuestros subordinados. Un becario tampoco nos salvará de nada. Tampoco el discípulo que más devoción nos profese nos salvará de nada. A la hora de la verdad, ni siquiera un médico ni ningún enfermero ni ningún farmacéutico nos podrán salvar. Y menos aún un curandero. No nos salvará ningún bombero, ningún policía, ni el más abnegado voluntario de ninguna ONG nos salvará de nada. Y al contrario de lo que muchos extrañamente creen, no nos salvará de nada que el jugador más mediocre de nuestro equipo meta el mejor gol de todos los tiempos, el de la victoria, en la final de la Champions, y tampoco nos salvará de nada ser testigos de la mejor faena de la historia a cargo de nuestro ídolo taurino. Por más que quiera y lo intente, no nos salvará ni nuestro mejor amigo, ese al que tenemos por un hermano. Ni siquiera nuestros hijos, con todas sus fuerzas, podrán salvarnos. Y nunca hay olvidar que tampoco lo conseguirá ni la mujer ni el hombre de nuestra vida.

Nadie nos salvará por tanto de nada. Ninguno de nosotros podrá salvar a nadie. Esto de la pandemia pasará. Seguiremos adelante. Cada cual con su día a día. Tal vez nos veamos en las calles y nos juntemos. No les salvaré de nada, como ustedes a mí tampoco. Pero con el saludo será más que suficiente. Y si gustan, están invitados. Hasta entonces. Cuídense.

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