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Análisis

rogelio rodríguez

Espiral de afrentas al orden constitucional

El plan de Sánchez tiene amplísimas tragaderas; lo llama desinflamación, un burdo eufemismo

Los esperpentos tragicómicos de Valle-Inclán han recobrado actualidad. España ha progresado mucho desde entonces, pero la vida política actual puede ser descrita con la misma sátira amarga con la que el insigne escritor gallego reflejaba la sociedad de los años 20 y 30 del siglo pasado. Un país en retroceso orgánico, estructural, intelectual, moral… sometido al albur de una camarilla de dirigentes plenos de ambición y escasos de neuronas. Dice el doctor Luis Rojas Marcos que "el humor es fundamental para entender la vida". Una apreciación muy saludable, pero, aquí, el humor se nos ha atragantado a cuantos creemos que casi todo lo que sucede hoy en las instituciones políticas cimenta maléficos augurios. Así que sea harto complicado aplicar la receta del eminente psiquiatra español, nacido en Sevilla y nacionalizado estadounidense.

Lo que mal empieza, mal acaba, y la XIII legislatura de la democracia ha arrancado subvertida. Los cuatro diputados catalanes encausados ante el Supremo por rebelión, sedición, desobediencia y malversación han escenificado esta semana en el Congreso, sede de la soberanía nacional, una farsa que bien podría inspirar un capítulo añadido a Los cuernos de Don Friolera. Más esperpéntico aún. Más despótico. Más ultrajante. En definitiva, más dramático. Y lo han hecho con el palmoteo impostor de la izquierda radical que simboliza Podemos y el consentimiento irresponsable de la recién elegida presidenta de la Cámara, Meritxell Batet, militante del PSC y confesa federalista -igual que su homólogo en el Senado, Manuel Cruz, éste con tintes filosóficos- a la que, hace dos años, la gestora del PSOE encabezada por Javier Fernández sancionó por alinearse con postulados nacionalistas. Batet y Cruz son, nada más y nada menos, la tercera y la cuarta autoridad del Estado.

Los predicadores de la España que roba campan a sus anchas porque la normalidad democrática ha quebrado. Que los reclusos del procés acaten la Constitución en nombre de "la república catalana y por la libertad de los presos políticos" representa una intolerable afrenta al orden constitucional, impensable en cualquier otro país de nuestro entorno. Como lo son también los impunes homenajes a Josu Ternera, en los que se acusa a la Justicia española de represora por condenar a uno de los etarras más feroces. Que Batet rebote al Supremo la suspensión de los procesados, recogida en la Ley de Enjuiciamiento Criminal, responde a una estrategia partidista, dilatoria y electoralista que sólo merece el calificativo de vergonzante. La espiral de afrentas al sistema crece cada día. Sánchez lo sabe y lo padece, pero su plan para mantenerse en La Moncloa tiene amplísimas tragaderas. Es lo que llaman desinflamación. Un burdo eufemismo.

Sánchez reitera que la Constitución es innegociable y que no ha lugar al derecho de autodeterminación ni al referéndum, aunque sí a la mejora del autogobierno. ¿Se refiere al Estado confederal asimétrico que Zapatero tomó en consideración? La voracidad independentista no se sacia con golosinas que a todos indigestan. La suerte está echada y mañana hemos de volver a las urnas.

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