Cultura

A rey muerto, rey puesto

Animación, EEUU, 2014, 100 min. Dirección y guión: Dean DeBlois. Música: John Powell. Arcángel, Guadalquivir, El Tablero, Artesiete-Lucena

Repasando los créditos del director de las dos entregas de Cómo entrenar a tu dragón, apuesta estival animada de Dreamworks, uno encuentra aquel documental sobre el grupo islandés Sigur Ros llamado Heima, un trabajo que aspiraba a fundir las esencias misticoides de una música con la singularidad de un paisaje natural impresionante.

No extraña por tanto que Dean DeBlois sea el responsable de dos filmes de animación de impecable factura técnica, gusto por la fantasía y la aventura clásicas (basados en los libros de Cressida Cowell) y aliento ecologista en las que la superficie digital sigue actualizando viejas cuitas sobre el destino del héroe y argumentos y trayectos edípicos como base para su despliegue de pirotecnia aerodinámica y diseño tridimensional de ultima generación, a propósito del liderazgo de la manada y de la armonía entre un mundo animal (aquí mítico) y un mundo de humanos (aquí heroico) dispuestos a preservar, mejorar y perpetuar sus respectivas especies.

Muy lograda en términos de simulación antropomórfica del movimiento, espectacular en sus numerosas escenas aéreas y de vuelo acrobático (con una larga batalla de hielo y fuego que se nos antoja antológica), igualmente perfeccionada en sus texturas y tonalidades, de esta segunda entrega habrá que recordar también ese logrado aliento siniestro en el diseño del malvado Drago y su gigantesco dragón sometido y el potente trazado épico de un espacio móvil en el que la lucha entre el Bien y Mal encuentra nuevas formas para la regeneración del mito del joven caballero guardián de la paz.

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