Francisco Bejarano. Escritor

"El precio de la libertad es la soledad"

  • La Isla de Siltolá publica una antología de la poesía del jerezano, 'Un juego peligroso' · "Nada en absoluto" le aporta ahora la literatura, dice en este recorrido por su obra y la vida, que ha resultado serle "infiel"

Una larga escalera sube a la primera planta de la casa de Francisco Bejarano. Las paredes están repletas de cuadros, grabados, cartas de navegación, dibujos. Hay un luminoso patio con una claraboya que deja ver el cielo claro de la mañana. Enfrente está la habitación del cine y la música. Suena de fondo música clásica en la radio. Con porte torero, como le dijo una vez Alberti, espigado y purito en mano, el poeta da la bienvenida. No quiere que le retraten fumando porque dice que es incorrecto. No hay más remedio que inmortalizarlo así.

Dijo Bejarano alguna vez que sólo escribe poesía cuando en la vida le ocurren desdichas. Ahora no es que haya publicado nuevos poemas, pero sí una antología poética (1977-2002) llamada Un juego peligroso (La isla de Siltolá) que presentará el próximo día 24 en el Alcázar jerezano. "Cuando eres feliz y la vida te da satisfacciones, lo último que se te ocurre es encerrarte a escribir poesía. Cuando hay algo que tienes que explicarte a ti mismo, y sabes que son cosas que le pasan a todo el mundo, entonces es cuando escribes poesía, afortunadamente, de tarde en tarde". ¿Y por qué esta antología ahora? "Me lo propusieron unos amigos de una editorial nueva que utiliza la forma tradicional de imprimir. Confiaba en ellos y en el prologuista, José Julio Cabanillas".

Aunque publicó su primer libro con 31 años, Transparencia indebida, asegura el autor que sus comienzos nunca fueron tardíos: "Fue tardía la publicación: yo he escrito siempre, desde la adolescencia". Una primera obra en la que Bejarano no se reconoce: "Parece que la ha escrito otro. Mi mundo actual no tiene nada que ver con el que se adivina en esta obra. No me identifico con la manera de decir las cosas. Con el resto de las obras sí, porque se van acercando a mi manera actual de ser".

Con los artículos dice que le sucede lo mismo, pero le da una "enorme pereza" seleccionarlos para publicarlos. Aunque en realidad, asegura Bejarano, a estas alturas le da "pereza todo". Lo dice un hombre que vive ya en un mundo cerrado, en el que habita bien, encuentra la mayoría de las cosas que quiere. No se aburre, ni se siente solo. "Tengo mis amigos fuera, pero en mi casa vivo muy bien, con los libros, la música, el cine". Y la obligación de escribir le salva de dejar de hacer cosas que tiene que hacer.

Sus poemas sólo nacen "cada diez o doce años". Hay que recordar que el último libro de poesía lo publicó en 2002, El regreso. Y no llegan porque "no hay predisposición, no hay nada que me incline a hacerlo, escribo seguido, durante un mes y luego me olvido por completo". En los poemarios publicados puede verse este lapso de tiempo. Transparencia indebida (1977), Recinto murado (1981), Las tardes (1988) y El regreso (2002). Algo menos se nota en su prosa: La torre de marfil (1991), Las estaciones (1998), Manual del lector y escritor modernos (1999), Consolación de melancólico (2000) y El Jerez de los bodegueros (2003). "La vida presente es mucho menos atractiva. Cuando idealizas el tiempo pasado y cuando te quedas con lo que te interesa, entonces puedes escribir sobre eso. Pero el presente es para los artículos".

Sin embargo, a pesar de escribir poesía bajo la desdicha, los poemas le han dado muchas satisfacciones personales, amigos escogidos... ¿Y enemigos? Duda Bejarano de tenerlos, porque para tenerlos "uno tiene que ser importante". "Yo no lo soy. Sí es verdad que tengo gente a la que le caigo mal, y muchos de ellos no me han tratado. No sé si es por lo que escribo. No escribo pensando en ellos, porque cuando escribo estoy solo. Y es que a veces empiezo a escribir con una intención y las propias palabras me llevan por otro camino. No me interesa el mundo de las personas a las que puedo caer bien o mal. No trato de conquistar a nadie. Al final terminan convirtiéndose en personas que no existen para mí". Entre ellos siempre se habló de José Manuel Caballero Bonald, una amistad que se rompió hace muchos años y de la que el poeta no quiere hablar: "No tengo nada nuevo que decir".

Quien escribe poesía tiene conciencia de la muerte. "Más bien -corrige él- conciencia de pérdida. La muerte de los demás, y cuantos más años tienes, más te acercas a la muerte propia". Y se refiere entonces a la niñez, la que él vivió tan feliz en aquella finca de Macharnudo, hasta su adolescencia. Un paraíso en el que no se tiene esa conciencia de la muerte, uno se siente querido y protegido, no hay problemas porque hay quien los solucione. Sensaciones que el poeta asegura que echa de menos. Jerez, otro lugar, otro espacio del que dice no ha tenido necesidad de marcharse, ni de joven, ni ahora. "No sé si hubiera sido distinto fuera de mi tierra, pero seguro que me hubieran hecho trabajar más. Escribir no es una carrera, lo que yo haya conseguido con mis libros ha venido por añadidura. Es un adorno en mi vida", dice.

Ganador del Nacional de la Crítica en 1989, cree sin embargo que los premios "no añaden nada". "Un libro es tan bueno y tan malo, sin premio o con él. Puede servir para que tus vecinos te feliciten. No te solucionan nada fundamental. Escribir soluciona muy pocas cosas salvo tu libertad a solas". Bejarano, que se conoce mejor a sí mismo a través de la escritura, habla de la vida loca "de ahora, quizás divertida a ratos", para referirse a la libertad. "Porque lo que te hace realmente libre es la soledad. El precio de la libertad es la soledad. En la muchedumbre no hay libertad. No es una soledad mala, es como de monasterio, mientras tanto puedes quedar con amigos".

Ahora "nada en absoluto" le aporta la literatura. No se plantea escribir. ¿Ni tan siquiera ese libro sentimental que compita con Cumbres borrascosas como prometió una vez? Se ríe: "No, ya está Cumbres borrascosas. Quizás sobre cine sí, porque me gusta muchísimo". ¿Y la última que ha visto? "Un dramón tremendo de Hedy Lamarr, La extraña mujer. Mal resuelto, pero tiene momentos importantes".

Y ya hace tiempo que Bejarano llegó a una edad en la que él elegía el mundo, y no al contrario. Fiel a la literatura, "que nunca me ha desengañado", sólo engañaría a la vida, que le ha sido "infiel". Porque la vida maravillosa que imaginaba a los 20 años sólo estaba en su imaginación. "Nuestro gran error es creernos que somos más listos que nuestros antepasados. Hemos avanzado en tecnología, pero no en lo humano". Y a pesar de todo, el poeta está contento de ser él: "Porque me siento bastante a salvo del mundo terrible que veo. Y esto puede ser una soberbia. No huyo del mundo, simplemente el mundo que conozco no me gusta".

Etiquetas

Comentar

0 Comentarios

    Más comentarios