Juan José Téllez | Escritor y periodista

"La poesía es una noticia del alma"

  • El autor algecireño protagoniza la VII Semana Universitaria del Libro, que se centrará en su trayectoria literaria

El escritor y periodista Juan José Téllez. El escritor y periodista Juan José Téllez.

El escritor y periodista Juan José Téllez. / Jorge del Águila

La Universidad de Cádiz pone esta semana sus ojos en Juan José Téllez (Algeciras, 1958), en el escritor, periodista, poeta, ensayista, biógrafo..., en este hombre de letras puras, de verbo alentador y comprometido cuya trayectoria literaria será el centro de la VII Semana Universitaria del Libro, con una exposición y otros actos alrededor de quien hasta hace unas semanas fue el director del Centro Andaluz de las Letras (CAL).

–La UCA le dedica la Semana del Libro, por la que se reconoce su trayectoria literaria: a la primera reacción, supongo, de agradecimiento, ¿cuál le sigue?

–La de sorpresa: soy, sin lugar a dudas, uno de los peores alumnos de la Universidad de Cádiz y del legendario Colegio Universitario Gaditano. Espero que no se les ocurra incluir mi expediente en la exposición que preparan. En gran medida, estoy mirando hacia atrás sin ira, reconciliándome con quien yo era hace cuarenta años, cuando publiqué mi primer libro de poemas, estudiaba historia y aprobé unas oposiciones como funcionario. Esta última afición la dejé un cierto tiempo más tarde.

–Felipe Benítez Reyes dice que usted ha tomado el testigo de Quiñones como escritor de la tierra: ¿cómo se lleva tamaña responsabilidad?

–Felipe guarda un doble sentido de la exageración, el del gaditano y el del amigo. Fernando Quiñones, lo he dicho a menudo, fue como mi segundo padre. La vida se la aprendí de él, en gran parte. Sin embargo, su calidad es insuperable. Su oído, también. Mi tierra es la suya, pero mi visión es muy distinta. Soy un gaditano menor y él era un gaditano absoluto. Soy un escritor del pelotón y Quiñones sigue llevando el maillot amarillo.

–A priori, parece que el Téllez escritor tiene muchas pieles literarias: verso, poesía, prosa, ensayos, biografías... ¿Cómo se muda de piel cuando surge una idea que llevar al papel?

–La idea me conduce hacia el formato en que debo escribirla. Siempre he dicho que es más fácil, aunque no imposible, enamorar mediante un poema que mediante un reportaje. Y el poder suele estremecerse más con los artículos que con los sonetos. La poesía es una noticia del alma. Y las noticias, a menudo, no tienen nada de poesía. Donde termina el periodismo, comienza la narrativa. O viceversa.

–¿Y entonces dónde queda en su producción la piel periodística? ¿Qué le ha aportado el periodismo a su carrera de escritor?

–Buena parte de los libros de ensayo que he escrito tienen que ver con el periodismo. Y he procurado dotar de cierta belleza a mi periodismo escrito. Otra cosa distinta es que lo haya logrado. El periodismo me ha librado de convertirme en un poeta social. La épica del periodismo me ha permitido volar con la lírica. Creo en el ying y en el yang, en el equilibrio interno. Sin el periodismo, no hubiera podido viajar a algunos de los lugares que más me han fascinado. Sin la poesía y la narrativa, no hubiera podido conocer la geografía del alma.

–En la Semana de los Libros habrá una mesa redonda con compañeros periodistas. ¿Está preparado para no sentir añoranza?

–Nunca he dejado de ejercer el periodismo y de hecho mantengo dos programas de radio, sobre presos e interculturalidad. Sigo frecuentando redacciones aunque ya no se fume en ellas. Pero sí, echo de menos el reporterismo. Y, lo más raro, a veces siento mono de las ruedas de prensa y de cubrir los juicios, los plenos municipales o los del parlamento. No se lo digas a nadie.

–Juan José Téllez se caracteriza, entre otras cosas, por apoyar muchas causas. Parece que siempre tiene un ‘manifiesto de aliento’. ¿De dónde surge ese compromiso vital?

–Yo soy hijo del silencio de mis abuelos. Tras varios siglos de analfabetismo familiar, sentía que el hecho de ser el primero de mi familia en pisar una universidad, me obligaba a utilizar la palabra en su nombre. Ignoro si mis ancestros pensaban como yo, pero yo intento hablar como quizá ellos lo harían, desde la humildad de los de abajo, pero desde su rabia también. Las causas que apoyo no creo que sean las de la humanidad, pero intento que sean las del humanismo.

–¿Cómo llevó su destitución al frente del Centro Andaluz de las Letras (CAL)?

–Nada es eterno. Y, en la vida laboral, menos. Me da pena no frecuentar tanto a quienes siguen trabajando a bordo de dicha institución, eso sí. Ahí se acaba la nostalgia. Ahora me siento más libre, sin ningún cargo que poner en la tarjeta de visita. De hecho, ahora que lo pienso, ya no tengo tarjetas de visita. Seguro que el CAL sobrevive estupendamente sin mí. Y espero poder sobrevivir sin el CAL, aunque su gente siempre irá conmigo. Lo normal es que te pongas como un pavo cuando te nombren para algo y como una furia cuando te destituyan. En 2016, el día que no me renovaron el contrato como director de programación del CAL, no dije nada. Me nombraron a dedo y me destituyeron a dedo, fin de la cita. Pero, luego, superé un concurso de méritos para asumir dicho cargo en plenitud, en libre concurrencia con otros siete aspirantes y con un proyecto redactado para la ocasión. Así que al comunicarme el cese el nuevo director de la Agencia de Instituciones Culturales, sentí que reducían a la mitad el compromiso de ejercer dichas funciones durante cuatro años. Por ello, decidí que la justicia dirimiera esa controversia, pero sin pataletas por mi parte. Cuando imparta su veredicto el Juzgado de lo Social, pasaré página y, como he dicho desde el primer momento, me brindaré a ofrecerle mi experiencia a mi sucesor. Sin acritud, en ningún caso, como un simple ejercicio de justicia. Creo que buscar la justicia también supone una cierta actitud literaria.

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