Una obra del siglo XXi El volumen 'Murillo. Catálogo razonado de pinturas' contiene más de 400 fotografías a color

murilloLa actualización de una cumbre del arte

  • El catedrático Enrique Valdivieso publica un completo estudio sobre el pintor sevillano, resultado de 15 años de investigación

No consta que Bartolomé Esteban Murillo (1617-1682) viajara al extranjero y, sin embargo, la obra del genial artista sevillano se encuentra hoy repartida por colecciones públicas y particulares de todo el mundo. Tras el reconocimiento durante siglos, se convirtió en un pintor orillado durante varias décadas del XX porque la crítica y la intelectualidad lo consideraron excesivamente edulcorado y blando; pero fue su pintura popular reflejo de su apego por los desarrapados y pícaros que convivían en la sociedad sevillana del siglo XVII cuando la urbe hispalense era el espejo del mundo y la miseria asomaba entre suntuosos palacios. Los conventos de Sevilla fueron los marcos elegidos por el artista para desarrollar unas series pictóricas de armoniosa y divulgativa concepción religiosa y, sin embargo, la codicia del expolio francés durante la guerra de la Independencia privó para siempre a esta ciudad no sólo del atesoramiento de estos cuadros -en el Bellas Artes se conservan sólo unas 25 pinturas- sino de la contemplación conjunta de unas imágenes que por separado pierden gran parte de su significado simbólico. Su obra se calcula en unas 2.500 pinturas de las que sólo han sobrevivido, de manera catalogada, unas 425, la mayor parte de las que faltan se habrá perdido para siempre aunque, posiblemente, muchos de estos maravillosos ejemplos de la pintura del Siglo de Oro permanezcan escondidos en colecciones particulares europeas fruto de los avatares de una salida poco honrosa de Sevilla.

Son éstas algunas de las luces y las sombras que recorre el catedrático de Historia del Arte Enrique Valdivieso en Murillo. Catálogo razonado de pinturas, un monumental estudio que ha publicado recientemente en el sello El Viso en colaboración con la Fundación Cultural Villar-Mir y que presentó al público ayer en el Museo de Bellas Artes de Sevilla.

El resultado de quince años de profunda investigación y puesta al día de teorías sobre Murillo se plasma ahora en la obra de este catedrático de la Hispalense que llegó a Sevilla en 1976 procedente de Valladolid. Con su trabajo, actualiza el estudio realizado por Diego Angulo (Valverde del Camino, 1901-Sevilla, 1986) hace casi 30 años, que por las limitaciones de la época se publicó íntegramente en blanco y negro. Aunque Valdivieso cree que el trabajo de Angulo "permanecerá por muchas décadas como indispensable e insuperable", su catálogo "viene a ser el basamento para conocer a Murillo desde 1981, fecha de publicación de la obra en tres tomos de don Diego Angulo, en la que ya se puso en su sitio a un artista denostado por una injusta fama de piadoso del gusto de viejecitas solitarias y estampitas de comunión. En realidad, estamos ante un excelso colorista y un espléndido compositor de escenas".

El catálogo se actualiza con la incorporación de "dos docenas de pinturas inéditas que no alteran la percepción que teníamos de su obra", apunta Valdivieso.

"Sin menoscabar el rigor científico", el catedrático ha querido huir de los tecnicismos para adaptar el estilo al de "un libro que pueda ser disfrutado y consultado por el gran público". Y es que este volumen es también la ocasión de acceder no sólo a la totalidad de la producción conocida del pintor, a través de más de 400 fotografías, ordenada con claridad, razonada y cuidadosamente reproducida, sino a numerosas obras de las que hasta ahora sólo existían noticias documentales o que se conocían por antiguas fotografías y pobres ilustraciones.

Entre las novedades, Valdivieso refuta ciertas interpretaciones de hispanistas extranjeros que sostienen un marcado contenido erótico en ciertas pinturas populares. Es el caso de la que hasta ahora era conocida como Muchacha con flores, en la que algunos especialistas han querido ver a una prostituta y que en este catálogo queda finalmente señalada como Alegoría de la primavera. "Esta obra pudo formar parte de una serie de las cuatro estaciones de la que hablan algunos documentos" y de la que actualmente sólo se conservan esta figura femenina y la Alegoría del verano, protagonizada por un muchacho con ropajes estivales.

Otra de las grandes contribuciones del catálogo es la reconstrucción de los primitivos y originales emplazamientos que tuvieron las pinturas de Murillo en los retablos para los que fueron concebidos y de donde fueron arrancadas, durante el expolio francés y en la desamortización de Mendizábal, como los del convento de los Capuchinos, en Cádiz, o en el de la Caridad.

"Queda mucho por descubrir en palacios ingleses y colecciones de herederos de los generales franceses que estuvieron aquí a principios del XIX", asegura el catedrático, uno de los abanderados en la lucha por que Sevilla recupere parte del patrimonio que fue sustraído durante la invasión napoleónica. Una empresa sin fin ésta que mueve la vida de Enrique Valdivieso.

Comentar

0 Comentarios

    Más comentarios