Cultura

Un indiano que no estuvo en América

El Indiano no seduce ni como danza ni como teatro. Lo que más me gustó de la puesta en escena fueron los colores republicanos con que estaba decorada la vidriera del bar de Cádiz en el que el indiano baila y escucha durante toda la noche. No existe un guión dramático coherente. Tampoco musical. Se yuxtaponen la guajira con un son, con su tumbao al piano y todo, o una colombiana con una canción de Carlos Vives, etcétera, sin ningún sentido, al menos para este espectador. Ruibal aparece en escena y canta una canción propia pero no sabe dónde meterse, dónde moverse. Con todo el respeto al baile de Morales, mi opinión es que este intérprete no estuvo ayer a la altura del nivel artístico y bailaor que se supone debe tener una Bienal. Eso sí, los colaboradores eran de campanillas.

Al citado Ruibal añadamos la chispa de Rosario Toledo, sin duda la mejor bailaora gaditana de hoy. Y el cante de Rocío Bazán y Jesús Corbacho, estupendo este último en la guajira, homenajeando a Valderrama y Marchena. El Ecijano se reservó para dos bailes largos, alegrías y soleá, que abrieron y cerraron el espectáculo, como digo sin ninguna coherencia. No hubo, ni en el baile, ni en la escenoragrafía, ni en el cante, ni en el vestuario, ni sombra de aires criollos. No ha habido un estudio serio de las coherencias y disonancias musicales y poéticas entre América y Andalucía, y los arreglos musicales son de lo más convencional. Tampoco se ha indagado en las danzas del otro lado del charco. Lo de ida y vuelta es un pretexto como cualquier otro.

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