Cultura

La escultura eterna

No me duelen prendas en escribir que Sylvain Marc es uno de los escultores más puros que uno, todavía, se puede encontrar en un tiempo en el que la escultura está muy bajo mínimos, relegada por otras modalidades artísticas y, por supuesto, por los propios creadores que, prácticamente, han dado de lado a esta tendencia plástica, en otrora de tantísima trascendencia. El artista nacido en la localidad francesa de Commercy y afincado en La Línea desde hace muchísimos años es un creador nato, dominador de los materiales a los que sabe extraer todo su máximo potencial plástico, conocedor de la profesión escultórica en sus más mínimos detalles y con una convicción creativa absoluta que lo lleva a plantear una escultura con mucho sentido y carácter estético.

Sylvain Marc siempre ha tenido un poder enorme a la hora de tratar los elementos conformantes, sobre todo la piedra portuguesa y el mármol, a los que impone su determinante potestad artística, siempre ajena a esquemas de la representación y cercana a los espíritus de la abstracción más esencial. El artista francés-linense es, por un lado, un sabio profesional de la escultura, un clásico maestro que sabe trabajar ele elemento y dotarlo de esa solvencia creativa que llega desde la historia de los tiempos. Además, Sylvain Marc impone a la escultura personales criterios que la hacen manifestar una dicción muy particular y un desarrollo estético único, que podríamos decir a lo Sylvain Marc. En su obra continente y contenido se encuentra muy bien establecidos para componer un estamento plástico lleno de entidad y compromiso artísticos.

La exposición en la sevillana galería Birimbao, uno de los espacios naturales de la obra de Sylvain Marc, nos vuelve a conducir por una obra esencial, muy bien estructurada en el aspecto formal y generadora de básicas posiciones abstractas que, no obstante, no omiten la posibilidad de que el espectador encuentre en ella expectantes momentos de clara sugerencia, evocaciones personales de una realidad presentida en la que lo concreto ha perdido toda su capacidad y lo mediato encuentra vías de profunda emoción plástica. Y todo realizado con esa extrema pureza de líneas, esa pulcra manifestación plástica, ese sabio juego formal que imprime a la piedra hasta extraerle la máxima calidez de un arte absolutamente lleno de sentido, realizado por un escultor sabio, capaz de llevarnos por los mejores momentos de una escultura heredera de lo más acertado que esta modalidad artística ha dado a lo largo de la Historia del Arte.

La obra de Sylvain Marc vuelve a ponernos en la sintonía de una escultura sin tiempo, clásica y moderna a la vez, eterna, bella, sabia, compuesta con el mayor rigor plástico y portadora de unos valores artísticos imperecederos donde la verdad creativa se puede esconder.

De nuevo, la obra escultórica impone su más contundentes estamentos plásticos y artísticos. Otra vez, uno de los más importantes escultores que, aún, quedan, nos ofrece la oportunidad de encontrarnos con la emoción pura de la gran escultura de siempre.

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