VII Encuentro de Guitarra Paco de Lucía Hincados de rodilla ante Yamandu Costa

  • El genial guitarrista brasileño cierra la séptima edición de un Encuentro cuyo balance es más que positivo y que ya mira, según reconoce Landaluce, a 2022

Yamandu Costa, durante su actuación en el parque María Cristina.

Yamandu Costa, durante su actuación en el parque María Cristina. / Jorge del Águila

Ya puede decirse que el VII Encuentro Internacional de Guitarra Paco de Lucía es historia. Acabó este martes por la noche, a eso de las doce menos cuarto, momento en el que se encendían las luces del Parque María Cristina y el guitarrista brasileño Yamandu Costa bajaba por las escaleras de atrás del escenario para celebrar su gran éxito. El público no superaba el tercio del aforo porque ya se sabe que luchar contra un partido de la selección a la misma hora y en semifinales de una Eurocopa es tarea imposible.

Aun así, los que allí nos reunimos para conocer a este músico sudamericano quedamos más que satisfechos por una experiencia altamente recomendable para los melómanos de cualquier género. La presencia de Costa no hace sino reafirmar el carácter internacional de este certamen, que cada año cuenta entre sus protagonistas con nombres no solo reconocidos en nuestro territorio sino que son admirados en cualquier rincón del mundo.

Se pone así un broche de oro, permitan la manida expresión, a seis días en los que se ha cumplido los objetivos prioritarios de este Encuentro anual: crear una oferta variada y rica cultural y musicalmente hablando, dinamizar distintos espacios de la ciudad favoreciendo el entretenimiento, y, cómo no, seguir apostando por mantener la figura de Paco de Lucía y su obra en lo más alto de cuantos elementos definen Algeciras. 

El guitarrista aborda con trepidante técnica las composiciones que interpreta, que lógicamente están construidas desde la óptica vivencial y familiar, música originada a partir de una infancia rodeada de partituras y viajes en caravanas junto a su padre por las ciudades de Brasil. Allí conoció a Paco, ya entrado en la juventud, con quien desde entonces le unió una admiración mutua y sincera, además del cariño más sano. “Colofón magnífico que nos sirve para abrir los brazos al próximo año”, dijo Landaluce en el inicio de la noche. 

Y así pasamos a sumergirnos en el universo Yamandu en cada uno de sus arpegios. Ovación antes de empezar del respetable. Acompaña el toque de su guitarra de siete cuerdas con su propia voz, con silbidos y otros sonidos propios de su tierra. La ligereza en sus dedos impresiona, más su espíritu aventurero. Desgraciadamente los bares de al rededor, con el gentío viendo el partido de fútbol, entorpeció algo la conexión entre guitarrista y público, pero él hasta bromeó con el tema. “Es un placer enorme estar aquí, en una Algeciras muy hospitalaria”.

Interpreta Chegada, Zamba Pro Rafa, balsa La Graciosa, entre chistes y saludos. Y bien hizo pidiendo un aplauso para los técnicos de sonido, pues el equipo ha sido impecable en todas las jornadas. Al igual que lo encontramos tocando el porro de Colombia, descubriendo miles de sonidos insospechados. Se lima la uña del pulgar para subirnos a la montaña rusa (o más bien gaucha) junto Gabriel Selvage, de Lisboa. 

Disfrutamos y gozamos cada vez más manteniéndonos el corazón en un suspiro que provoca solamente la genialidad de quien tiene el don. Ya no importaba ni los gritos futboleros, nos absorbió su relato. Encaró el último tramo con Luziana, volviendo a bromear con su peso y la prórroga del partido de fútbol que aún se jugaba llevándonos a su lado más humano. 

Si Paco un día se puso en pie para aplaudirlo al final de uno de sus conciertos, nosotros no tenemos por menos que hincarnos de rodilla. ¡Hasta el año que viene!

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