Cultura

Teoría de la involución

El cine moderno, en su transición al posmoderno, trasladó la radical reconversión autorial de los géneros que en la segunda mitad de los años 50 habían obrado Ford con el western (Centauros del desierto, 1956), Hitchcock con el suspense (Vértigo, 1958), Kubrick con el colosal (Espartaco, 1960) o Wise con el musical (West Side Story, 1961) a otros géneros tradicionalmente tenidos por menores: el terror y la ciencia ficción. Psicosis (Hitchcock, 1960), Repulsión (Polanski, 1965) o 2001: una odisea del espacio (Kubrick, 1968), fueron obras mayores que parecían marcar un punto de no retorno en lo que se refiere a la altura fílmica de lo hasta entonces considerado menor. En esa corriente se insertaban La semilla del diablo (1968) del respetado autor Roman Polanski y El exorcista (1973) de un William Friedkin que dos años antes se había encumbrado -seduciendo a la crítica, al público y a la Academia- con French Connection. Películas posteriores como Tiburón (Spielberg, 1975) o El resplandor (Kubrick, 1980) parecían confirmar este rumbo.

Pero después -¡ay!- de la mano del público adolescente triunfó la casquería que halló en la invasión del cine de terror oriental un maquillaje visualmente sofisticado. Ello hace posible que nazcan cosas como esta película que mezcla La semilla del diablo con El exorcista, la riega con elementos de casquería, la adorna con toques de terror oriental y la remata añadiendo elementos tomados del universo fantástico-tradicional judío; sin cortarse un pelo al invocar, para justificar esta tontería, un episodio real tan atroz como los experimentos llevados a cabo por el doctor Mengele con niños judíos en los campos de concentración nazis.

Si les digo que el realizador es el coproductor y guionista de la trilogía Blade, además del director de su última entrega, entenderán de qué va la cosa. Haría falta un nuevo Darwin de la sociología del cine que, con una teoría de la involución, explicara algunos desarrollos del público y del cine comercial en los últimos veinte años.

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