Música Estreno de 'Libro de las Estancias'

Sánchez-Verdú, del desierto a la escritura

  • El algecireño crea para el Festival de Música y Danza de Granada una reflexión sobre las miradas árabe y occidental

Abrir la tapa del Libro de las Estancias es sumergirte en una lectura de letras continuamente en movimiento. Que no se piense el lector que vivirá un momento pausado, porque lo que tiene ante sí es un pentagrama de ruedas atemporales que le llevan del desierto al plomo. Del plomo a la memoria. De la memoria a la piedra. Del laberinto al alabastro y del alabastro a la escritura. Si hubiera un lugar donde renaciera de nuevo aquel Al-Andalus sería sin duda el Libro de las Estancias.

El algecireño José María Sánchez-Verdú estrenó en el cubo de CajaGranada, en el marco del Festival de Música y Danza de la capital de la Alhambra, una obra poderosamente cargada de sabiduría que utiliza instrumentos clásicos y electrónica como utiliza historia, literatura y arquitectura para unir las miradas árabe y occidental. Antigüedad y contemporaneidad se dan la mano abiertamente en un juego que, como el ajedrez, se basa en el movimiento de piezas.

Está de un lado la mirada árabe, con todas sus luces y silencios, con la voz experimentada y cargada de sugerencias de Marcel Pérès que representa la tradición oral. Y está de otro la de Carlos Mena, que roza lo celestial y simboliza la mirada occidental con esa voz de contratenor que le sale del pecho y la cabeza en abundancia. Cantan la Historia del sello de Salomón de los Libros Plúmbeos y cantan piezas que hablan del Apóstol Santiago y el mundo de los peregrinos.

Propone el compositor el choque de dos culturas. El choque de dos miradas pero no en su sentido peyorativo sino en un sentido aperturista de creación de chispa, de energía en su estado más puro. Se iluminan las estancias a medida que el espectador las recorre. Reverbera el espacio gracias al extraño instrumento que no toca nadie y que Sánchez-Verdú creó para su obra Aura. Precisamente lo llama Auraphon (un grupo de instrumentos -gong afinados y tam tams- situados como si fueran una instalación en el escenario) que convive sin problemas con todos los demás actores en escena: contratenor, voz árabe, piano, dos coros de la Generalitat Valenciana, dos grupos de cuerda, dos grupos de metales y electrónica en vivo.

Es historia pero es presente, porque Sánchez-Verdú desarrolla un concepto nuevo de concierto para orquesta y público, superando la tradicional idea de que éste no tiene más que callar y escuchar. Aquí se calla y se escucha pero también se mueve. El público puede seguir la luz y los espacios que crea la música del Libro de las Estancias y no querer nunca llegar al final.

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