Cultura

Girasoles, rosas y exiliados

Prisionera dentro de sus acartonadas y académicas formas propias del europudding más ortopédico e impersonal salido de la burocracia de las coproducciones con fondos comunitarios, La mujer del anarquista viaja a la España de la Guerra Civil y al exilio de la inmediata posguerra para, de la misma manera que lo hacían Los girasoles ciegos o Las 13 rosas, levantar acta sobre la memoria histórica desde el ángulo de los perdedores con indisimulado maniqueísmo y falta de rigor e intensidad.

La francesa Marie Nöelle rememora aquí la historia real (sic) de su madre y su abuelo, a saber, la del combativo anarquista (Botto), voz de la resistencia republicana a través de las ondas radiofónicas, que abandona a su mujer (Valverde) y a su hija por sus ideales y su compromiso con los valores democráticos para ir a dar con su huesos a los mismísimos campos de concentración nazis antes de refugiarse definitivamente en el Sur de Francia.

Narrada a golpe de esquematismo y superficialidad, trufada de pésimos diálogos literarios y altisonantes, torpemente punteada por imágenes documentales que delatan aún más si cabe la cara falsedad de su puesta en escena, la película se escinde en dos partes, la primera en el Madrid de la guerra, puro decorado; la segunda, mucho más llevadera aunque muy mal rematada, en el pueblo francés donde se produce el reencuentro de la familia, para confirmar las limitaciones de un modelo de cine de reconstrucción incapaz de trascender su propia inercia simplificadora.

Botto pasea su porte fatuo por la pantalla y una caracterización de envejecimiento a base de sombra de ojos y talco para el pelo provoca la involuntaria hilaridad sobre su destino. A su lado, María Valverde necesitaría dos vidas más para interpretar con un mínimo de credibilidad a su personaje de esposa y madre sufriente. Del resto del reparto, delirante fruto del caos de la co-producción, nos quedamos con una Ivana Baquero (El laberinto del fauno) que apunta maneras entre el desfile de unos prescindibles Jean-Marc Barr y Laura Morante.

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