Cultura

Chichon recuerda sus inicios en Gibraltar

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Tras trece funciones de Madama Butterfly en el Metropolitan de Nueva York, con transmisión a cines de todo el mundo y alabanzas unánimes de la crítica neoyorquina, el director británico Karel Mark Chichon intervino ayer en el Círculo de Labradores invitado por la Asociación Española de Directores de Orquesta.

En su intervención, Chichon recordó los orígenes de su pasión por la música. Nacido en Londres pero trasladado a los tres años a Gibraltar, "yo era en la escuela el raro, el que quería dedicarse a la música y al que los profesores le decían que de qué iba a vivir". Allí, en la Roca, no existía vida musical alguna y en los fines de semana aprovechaba para encerrarse por las noches en la catedral para estudiar y ensayar con el órgano. Todo cambió con su admisión, a los dieciséis años, en la Royal Academy of Music de Londres, "el centro de formación musical de mayor calidad del mundo, con unos niveles de excelencia por encima de la Hochschule de Viena o de la Julliard de Nueva York". Allí conoció por primera vez lo que era una orquesta sinfónica y aún recuerda con emoción la impresión que le causó el sonido del primer acorde la primera vez que se puso frente a una orquesta.

A diferencia de otros músicos, que llevan consigo su instrumento para ensayar y estudiar, el director necesita una orquesta para crecer y ahí nace el primer problema para un joven director. "Sin experiencia no te contratan las orquestas, pero sin contratos no adquieres experiencia". Una vez roto ese primer obstáculo, advirtió a los jóvenes estudiantes presentes que la vida de un director de orquesta es una vida de soledad y sin amistades fuertes entre los músicos .

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