Cultura

César Jímenez escucha la única ovación de la tarde en Zaragoza

  • Matías Tejela y el sevillano Daniel Luque son silenciados ante un lote desigual. El encierro de Fuente Ymbro tampoco levanta la feria en el aspecto ganadero

Ya son muchas cosas negativas las que se soportan en esta Feria del Pilar. La empresa ha comprado corridas de ganaderías teóricamente con garantías. Pero salvo el encierro de Valdefresno, ningún toro responde. Los de ayer de Fuente Ymbro también decepcionaron. De los seis, no se salva ni uno, aunque una vez finalizado el festejo se recuerdan las buenas condiciones que apuntaba el segundo antes de partirse una mano en las probaturas con la muleta.

También es mala suerte que le pase a un toro bravo y con «transmisión». Un toro que llevó duro castigo en varas, donde empujó con fuerza. Tejela y el público se desesperaron al comprobar que el toro había quedado inutilizado.

Otro que empujó en el peto metiendo los riñones fue el sexto, que después acabaría rajado a las primeras de cambio. Cumplió también el quinto en este primer tercio, aunque sin tanta espectacularidad como los ya reseñados. Y punto en lo que se refiere al apartado de bravura.

El primero de Jiménez manseó mucho, sueltecito, obligando a intervenir al peonaje con muchos capotazos en banderillas. Jiménez lo entendió con la muleta a media altura en un trasteo limpio y de mucha estética, aunque sin terminar de bajarle la mano.

Especial relieve tuvieron unos circulares muy seguidos, igual que al natural, sin embargo, los muletazos en esta última secuencia fueron más espaciados, tapándole siempre la huida. Redondos y circulares invertidos hasta que el torero lo dejó irse a la querencia. Se puso el toro muy difícil, caminando al hilo de las tablas, antes de meterle la espada.

El cuarto fue toro noble pero sin motor, tragándose los pases a media altura y de uno en uno. Aquí cobró Jiménez la estocada que le hubiera hecho falta para la rúbrica de la anterior faena.

Dicho queda que Tejela quedó inédito en su primero, el toro lesionado. Y tampoco fue muy allá en el quinto, un animal que protestó mucho antes de venirse también definitivamente abajo.

El tercero fue toro encastado y con genio, con el que el joven Luque no terminó de entenderse. Puso voluntad, pero el trasteo resultó demasiado embarullado.

El sexto se vació por completo en el tercio de varas, donde empujó fuerte y le arrearon también lo suyo. Toro que se acabó pronto en la muleta, lo que se dice «rajado», en claro contrasentido al comportamiento que había tenido en el primer tercio. Luque lo pasaportó sin haberlo visto claro en ningún momento de la faena.

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