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Caixafórum viaja a las sensaciones de la infancia

  • La muestra familiar 'Cine y emociones' explora cómo los directores, desde François Truffaut hasta Richard Linklater, han retratado la niñez

La escoba de Harry Potter y una pieza de vestuario de 'Piel de asno', de Jacques Demy, forman parte de los reclamos de la muestra. La escoba de Harry Potter y una pieza de vestuario de 'Piel de asno', de Jacques Demy, forman parte de los reclamos de la muestra.

La escoba de Harry Potter y una pieza de vestuario de 'Piel de asno', de Jacques Demy, forman parte de los reclamos de la muestra. / reportaje gráfico: juan carlos muñoz

Cineastas tan dispares como Charles Chaplin (El chico), Charles Laughton (La noche del cazador), Víctor Erice (El espíritu de la colmena, El Sur), Steven Spielberg (E.T. el extraterrestre, El imperio del sol) o Ingmar Bergman (Fanny y Alexander) han retratado la niñez en algunas películas, atraídos por esa etapa en que se descubre el mundo y todo se siente con especial intensidad. Ahora, una exposición en el Caixafórum Sevilla, Cine y emociones. Un viaje a la infancia explora hasta el 23 de septiembre el tratamiento que el séptimo arte ha dado a los años primeros de la vida.

Aunque algunos de los objetos que se exhiben pertenecen a los orígenes del cine, como un dibujo perteneciente a Las aventuras del príncipe Achmed, de Lotte Reiniger, el primer filme de animación que se conserva, la muestra no se propone en un orden cronológico sino que plantea un recorrido por las diferentes emociones que puede albergar un niño, que "puede tener miedo o ser valiente, ser retratado en su vida cotidiana o en aventuras extraordinarias", sostiene Gabrielle Sébire, directora del Servicio Educativo de la Cinémathèque Française y comisaria de esta exposición, para la que ha cedido gran parte de los materiales la institución gala. La presencia que la infancia tiene en la historia del cine es tal que Sébire expresa una "teoría personal" al respecto: "Si uno se detiene a pensarlo, se da cuenta de que todos los grandes directores han trabajado alguna vez con niños".

El recorrido se detiene en emociones como la alegría, la rabia, el miedo o la valentía

Autores que se acercaron a este período quizás para trasladar a la pantalla la frescura inaprehensible de la vida. "Cuando un director necesita un niño para una película no escoge a un actor profesional, sino que va a un colegio o lo busca por la calle, salvo en excepciones sonadas como Shirley Temple", sostiene Sébire. Aunque la elección dará muchos quebraderos de cabeza. Ya lo advirtió Alfred Hitchcock, que nunca había que trabajar con niños, animales y Charles Laughton, y lo suscribió Truffaut cuando dijo que "rodar con niños es, al principio, una gran tentación, después provoca un enorme pánico y al final se convierte en una inmensa satisfacción".

La alegría es el primer ámbito con el que se encuentra el visitante de la muestra, una felicidad que "puede estar en celebrar la Navidad, leer cuentos o en la amistad y el amor". Fragmentos de películas como Moonrise Kingdom o Alicia en el país de las maravillas ilustran este estado de ánimo, un capítulo en el que ya aparecen dos proyectos icónicos sobre la infancia: Los cuatrocientos golpes, con la que François Truffaut inició una larga colaboración con el actor Jean-Pierre Léaud, y Boyhood, en la que Richard Linklater filmó a un mismo niño (Ellar Coltrane) durante 12 años.

La rabia, en la que aparecen largometrajes como Los olvidados, de Luis Buñuel, o El tambor de hojalata, de Volker Schlöndorff, presta atención entre otras cuestiones a la influencia que tuvo Cero en conducta, de Jean Vigo, y su imitada escena de lucha de almohadas.

Otro clásico como Ladrón de bicicletas, de Vittorio de Sica, destaca en el apartado de la tristeza, Lágrimas. Para la comisaria de la muestra, esta obra emblemática del neorrealismo "no sería igual si en ella no hubiese un niño. Habla de las dificultades de un hombre por encontrar trabajo en la Italia de la posguerra, pero es el modo en que el niño observa a su padre lo que imprime fuerza a esa película".

Incluso en los dramas más terribles, sobre la miseria o la guerra, irrumpe la risa, otro de los capítulos que forman parte de la exposición del Caixafórum. "Durante mi infancia caían bombas a mi alrededor. ¿Acaso consiguieron que dejara de vivir y de reír?", se pregunta la dibujante y directora Marjane Sartrapi. Dos maestros como Jacques Tati o Charles Chaplin, protagonistas de la selección, contribuyeron a inyectar comicidad a un mundo difícil.

La parte dedicada al miedo se abre con una cita de Cría cuervos, de Carlos Saura: "No entiendo cómo hay personas que dicen que la infancia es la época más feliz de su vida. Yo recuerdo mi infancia como un periodo largo, interminable, triste, donde el miedo lo llenaba todo". En este ámbito la exposición analiza los diferentes monstruos que han atemorizado a la infancia, personajes como King Kong o la criatura que protagonizaba La Bella y la Bestia de Jean Cocteau, pero también señala que los propios niños pueden ser la amenaza, como ocurría en El pueblo de los malditos, o que los monstruos también pueden ser aliados, como es el caso de El laberinto del fauno.

Piel de asno, de Jacques Demy, es uno de los títulos con los que se representa la valentía, una sala en la que se exponen un espectacular traje del musical de Demy y una escoba de Harry Potter, y en la que se repasa la historia de diferentes niños que se atrevieron a volar (Peter Pan, la cuadrilla en bici de E.T.) o a adentrarse en un mundo imaginario (El mago de Oz).

El último de los apartados, Ilusión, ahonda en los procesos con los que se elaboran las películas y revela los secretos de la producción cinematográfica, una suerte de preámbulo para el espacio familiar donde los visitantes pueden montar su propia obra y proyectarla.

Para Ignasi Miró, director del área de Cultura de la Fundación La Caixa, Cine y emociones es "una muestra de niños para niños, pero también para familias y adultos". Miró celebró la alianza con la Cinémathèque Française, con la que comparten "la voluntad de llevar el cine a las salas de exposiciones" y el deseo de "hablar de cine desde una voluntad social".

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