Coronavirus en Cádiz

“No voy a volver a pasar el infierno de Madrid teniendo casa en Cádiz”

  • Gaditanos residentes en la capital de España y madrileños con casa en la provincia han fijado su residencia en la costa gaditana por temor al recrudecimiento de la pandemia

Veraneantes pasenado por la orilla de una playa gaditana. Veraneantes pasenado por la orilla de una playa gaditana.

Veraneantes pasenado por la orilla de una playa gaditana. / Lourdes de Vicente

Andrés nació en la calle Zorrilla hace poco más de 80 años. Allí, entre el Poniente que se colaba por la Alameda y los árboles de la plaza Mina con su bombonera en el centro, creció sin pensar que un día tendría que emigrar de su ciudad, en la que creció, la que vio nacer a su mujer, en la calle Valverde, y también a sus hijos. Pero llegó la reconversión naval y Andrés, con su familia y con su guitarra, siempre su guitarra, tuvo que emigrar a la capital de España. Su esfuerzo, su trabajo incansable, le permitió comprar un chalet en la costa gaditana, un refugio al que volver para contemplar el mar, siempre el mar, pasear por su orilla, sentir el aroma de algas que lo despertaba en su calle al salir para el colegio. En febrero, antes de que la pandemia se dejara sentir con toda su fuerza, sus hijos convencieron a Andrés y a su mujer para que abandonaran su casa en Madrid y se mudaran a su segunda residencia. En principio serían unas semanas, hasta ver si el panorama se aclaraba. Siete meses después, aquí sigue, disfrutando de su tierra, porque es su tierra, siempre lo ha sido, pero preocupado por la situación que se vive en la que ha sido su casa hasta ahora, donde continúa una hija y una nieta.

Después de que esta semana Juanma Moreno haya puesto el foco sobre los madrileños con segundas residencias en la comunidad, han sido muchos los afectados que se han sentido preocupados. No son delincuentes. Ni siquiera parece legal limitar la movilidad de ciudadanos libres que se desplazan a su segunda residencia sin mediar un estado de alarma. Quizá por eso Andrés, que no se llama Andrés, prefiere que su nombre real no salga en este reportaje. “Hay gente muy asustada, se piensa que todo el que viene de Madrid está contagiado y no es así. Nosotros llevamos aquí desde el principio, como cualquier otro gaditano. De hecho somos gaditanos, nacimos aquí, vivimos aquí media vida, y sólo nos fuimos cuando me quedé en el paro con una familia, con niños pequeños. ¿Por qué no podría venir a mi casa?”, dice.

El caso es que durante los primeros días de lo que luego sería el confinamiento, zonas como La Barrosa, Conil, Zahara, El Puerto… se llenaron de visitantes. No sólo de Madrid, también del País Vasco o Cataluña. Entonces hubo locales de hostelería que llegaron a cerrar sus puertas ante el miedo de sus propios empleados. Ahora, con esta segunda ola que parece que pronto podría superar en altura a la primera, al menos se conoce a lo que nos enfrentamos. No obstante, no todos los confinamientos son iguales. “Nosotros hemos estado en el chalet, al aire libre, y cuando nos dejaron salir un par de horas pues cogíamos el coche y nos llegábamos a la playa. Pero pensaba mucho en esas familias numerosas que tienen que compartir un piso pequeño sin poder salir. Si uno se contagia están todos contagiados. Es así. Es complicado parar la transmisión del virus en determinadas zonas de Madrid”.

“Somos gaditanos, emigramos al quedar en paro, ¿por qué no puedo venir a mi casa?”

Andrés reconoce que de momento no se le pasa por la cabeza volver a la capital. “Pensamos subir en julio para dar una vuelta y recoger algunas cosas más, pero tampoco lo hicimos. Esto siempre nos ha encantado, y por una cosa o por otra nunca podíamos estar todos juntos. Este verano he conseguido estar con todos mis hijos aquí. Ha sido lo mejor que me he llevado de esta situación tan triste”.

Dos de los hijos de Andrés también llevan meses en la provincia. Uno de ellos conviviendo con el matrimonio en el chalet y otro en un apartamento con su pareja. El primero de ellos teletrabaja y el segundo está afectado por un ERTE que de momento sigue vigente. “Aquí estamos muy a gusto. En casa. Salvo al principio de la pandemia no hemos notado que haya gente que se comporta diferente por saber que vengas de Madrid. Tampoco entiendo yo lo que ha dicho el presidente de la Junta de vigilar las segundas residencias, es complicado de hacer eso me parece a mí”.

Andrés, por su edad, tiene un tratamiento de fondo y no tiene problemas para renovar sus recetas. “Hasta el momento todo marcha bien. Ya veremos cómo viene el otoño, que en Madrid parece que va a ser durísimo y nos duele mucho”.

El de Andrés no es el único caso. A casa de su hija se ha mudado María, una madrileña de 72 años, viuda, y que durante el confinamiento lo pasó realmente mal. “Salía a la calle poquísimo. Una vez cada dos semanas. Ni siquiera bajaba a comprar el pan. Fue duro. Tengo dos hijas, pero una de ellas vive en Francia y la otra trabaja en El Puerto. Ella insistió en que me viniera para acá y después de mucho pensarlo me he decidido, porque ya he pasado ese infierno una vez y no quiero volver a hacerlo teniendo casa aquí. Cuando llegó agosto y los casos comenzaron a subir me vine para Cádiz. Yo estoy bien, sin síntomas, como mi hija y mi nieto. Y no he notado que nadie me trate mal, aunque sí que es verdad que el acento nos delata y hay gente a la que le preocupa esa supuesta invasión de madrileños. Yo lo entiendo. Soy la primera a la que le preocupa que gente enferma con el virus se desplace de una provincia a otra. En mi caso la soledad, unida al miedo del virus, fue demasiado para mí”, reconoce.

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