entrevista | jesús martínez linares "A nivel climático, llevamos 150 años tirando bombas nucleares en el océano"

  • El científico chiclanero recogió esta semana el Premio Andalucía de Medio Ambiente 

  • El mes que viene recibe uno de los galardones NYSummit, que reconocen el compromiso con el desarrollo sostenible

Doctor en Física Cuántica, Jesús Martínez Linares es uno de los expertos más reconocidos en cambio climático. Doctor en Física Cuántica, Jesús Martínez Linares es uno de los expertos más reconocidos en cambio climático.

Doctor en Física Cuántica, Jesús Martínez Linares es uno de los expertos más reconocidos en cambio climático. / Román Ríos

–¿Cómo se llega de la física cuántica a la economía circular?

–Pues por casualidad, como casi todas las cosas en esta vida. Tras el doctorado, pasé tres años en Alemania como investigador Marie Curie Fellow. Y sentí la necesidad de realizar proyectos sociales. Me fui a México, dentro de un programa que me permitía compaginar labor social, el profesorado y la carrera científica. Participé en proyectos de divulgación: un programa de televisión que llamábamos El Mago de la Ciencia, el Museo Itinerante de la Ciencia... Fue allí, en México, cuando me llevaron a ver las mariposas monarca.

–Las que emigran miles de kilómetros

–Exacto: recuerdo que, dentro de ese bosque, no se veía la luz de la cantidad de mariposas que había en el cielo. Pero, a la vez, vi que el mismo espacio tenía huecos de tala ilegal... Uno de los problemas más grandes de México es la deforestación, algo grotesco. Ese fue el primer choque, mi primer choque entre la mentalidad científica y racional y los problemas del mundo. “Si no lo hacemos nosotros –me decían, en un discurso que me repetían cuando me echaba las manos a la cabeza por prácticas como la pesca con dinamita, por ejemplo–, lo harán otros”. Así que conseguí del Consejo Nacional Forestal un director de teatro para montar "sociodramas" e ir por los colegios concienciando sobre medioambiente, porque vi que si concienciabas a los niños, luego ellos metían el discurso en sus casas. 

–Caballos de Troya. Ponis de Troya. 

–Algo así, sí, sí... En fin, poco a poco, fui haciendo cada vez más proyectos medioambientales que científicos. Allí, en México, tienen un nombre precioso para la divulgación científica: apropiación social del conocimiento científico. Y justo otro de esos momentos de epifanía tuvo que ver con esto: en una charla, estaba diciendo que la ciencia y la democracia se inventaron al mismo tiempo, con Sócrates diciendo lo de  “sólo sé que no sé nada”, algo que sigue siendo verdad... Y uno de los niños me dijo: “Doctorcito, usted se equivoca, antes que eso fue: sólo sé que no he cenado”.

–Vaya. El materialismo metiendo un gol por toda la escuadra.

–Exacto. Digamos que en Alemania estábamos haciendo... acertijos para niños listos. Pero me fui dando cuenta de que la conciencia y el trabajo medioambiental pasaban por el contacto social, eso era importantísimo. Luego, cuando volví a España con Programa de Retorno de la Junta, vi que tenía que ponerme pico y pala con el cambio climático, que era y es nuestro gran problema, pero ante el que la gente parecía indiferente. Los efectos del cambio climático en nuestro país, y la reacción que hemos tenido durante mucho tiempo, son contrapuestos: “¿Qué le pasa a la gente en España con el cambio climático?”, decía ya entonces Al Gore. Spain is different, era todo lo que acertábamos a decir. 

–Pues tenemos diez años para evitar el Apocalipsis. Llámeme escéptica.

–Desde 2007, la comunidad científica está diciendo no sólo que existe el cambio climático, sino que es antropogénico. Doce años de legítima desesperación de los científicos, que hablan muy serios y con toda rotundidad. El cambio climático es algo de lo que no nos podemos bajar: durará milenios, pero sus consecuencias serán gravísimas y, en gran medida, impredecibles si no descarbonizamos la economía al 100% para 2050. Hay ciertos puntos críticos: uno de ellos son los arrecifes de coral. La Gran Barrera de Coral de Australia está tremendamente degradada, y la función de los arrecifes de coral es similar a la que realizan los bosques tropicales, pero bajo el agua. El vicepresidente de Sustenta, la ONG que fundé en 2008, me dijo que dimitía porque no soportaba saber tanto. Bueno, los americanos dicen que el optimismo es lo que hace que las cosas sucedan...Soy optimista metodológico. No puedo permitirme el lujo de ser pesimista. 

–Pues ya sólo lo de la barrera de coral aterra bastante.

–La ecología es no lineal y estamos acostumbrados a lo lineal. Todo está conectado con todo: que desaparezcan determinados ecosistemas hace tambalearse todo el castillo de naipes; si se extinguen los arrecifes de coral, caerán muchísimas especies en cadena. Y llegará un momento en que esa especie que caerá, será la nuestra. El hombre ha provocado ya la sexta extinción masiva desde que existe la vida en la Tierra. Ha entrado en el sistema climático como un elefante en un cacharrería: lo que está en juego es la continuidad de la vida en la Tierra tal y como la conocemos, y por eso lo que pedimos a los gobiernos es la declaración del estado de emergencia climática.

–Una de las mayores críticas ante la conciencia y el activismo ecologista es su sentido elitista.

–El cambio ecológico no es un tema de gobiernos y de élites:es un asunto global, transversal, de hábitos de vida. Cada pieza del puzzle es esencial. El ciudadano puede actuar en tres ámbitos básicos. El primero, en la línea de lo que decía Gandhi, que uno ha de ser el cambio que quiera ver en el mundo. Hay que dar ejemplo en nuestro propio entorno.

–Otra de las críticas es el peso que la responsabilidad ecológica pone en el individuo, cuando no somos nosotros los que, por ejemplo, nos dedicamos al fracking.

–Si están deforestando Indonesia, mi decisión de compra va a ser importante, mucho más importante de lo que creemos. Nuestro segundo ámbito de acción es, precisamente, el consumo: ahí tenemos la sartén por el mango. La gente no es consciente del extraordinario poder que tiene con sus decisiones de compra. En tercer lugar, por supuesto, están las políticas: de ellas emana el marco legal, la financiación pública para I+D+ i, para hacer productos biodegradables, por ejemplo. Por eso, nosotros pedimos que se haga política con una Ley de Emergencia Climática encima de la mesa, y por eso el votante tiene que decir a sus líderes: “Tú, respecto a esto, ¿qué vas a hacer?”.

–Porque está claro que el asunto paraliza... ¿cómo lo llaman, ansiedad climática?

–Una de las preguntas interesantes de todo esto es hasta qué punto es efectivo pedir que seamos héroes del clima. Llevo diez años repitiendo que lo que hay que hacer es simplificar las cosas, el famoso make it easy. La velocidad es irrelevante si se va en la dirección equivocada: hay que empezar por acciones que, aunque no sean perfectas, vayan en la buena dirección. Hay que ser efectivos: lo mismo no es viable pedir que todo el mundo sea vegano, pero una cosa lógica podría ser comer menos carne, flexitariano. Hay que hacer pedagogía y concienciar del problema.

–Como con Sustenta, el proyecto que ha ido desarrollando en Chiclana.

–A través de Sustenta desarrollamos lo que llamamos “proyectos de 1.5 grados”. En Nueva York haré la primera presentación de Planeta Titanic, el libro que después presentaré en Chiclana. La metáfora es clara: se dice que el Titanic tuvo hasta seis avisos de que delante tenía una cosa seria, pero el capitán quería jubilarse con la gloria de haber batido el récord de velocidad cruzando el Atlántico. Quería su titular. Claro, tuvo todos los titulares que quiso.

–Nosotros también los tendremos.

–Vamos contra el iceberg, y llevamos años desgañitándonos diciéndolo. Lo importante es girar el timón: lo mismo no podemos girarlo lo ideal, 180 grados. Jugando con el tope de temperatura que tenemos, pues a ver si lo podemos dejar en 1.5 grados. Primer paso: la huella de carbono. ¿Cuánto he volado este año? Pues contribuyo a plantar tantos árboles. Ir sopesando qué impacto tienen mis acciones.

–Al respecto: algo tan esencial como el transporte en las emisiones de carbono... y cualquier medida relacionada encuentra resistencia.

–Bueno, hay un aspecto positivo: España es de los países más afectados por el cambio climático, pero también de los más beneficiados por su solución: tenemos abundantes recursos renovables, un cierto tejido empresarial en el sector, somos puerta continental... Tenemos ante nosotros una oportunidad estratégica y una decisión histórica: podemos saltar a la locomotora o condenarnos una vez más a estar relegados. Deberíamos actuar todos juntos y hacer que la nueva transición sea una decisión que cohesione a la sociedad. Hemos de apostar por el medio ambiente y la transición ecológica. En Suecia, todos están orgullosos de pertenecer a esta revolución, y pediría esto para Andalucía: que aprovechemos esta oportunidad estratégica que nos dan el sol, el viento, la biomasa, la energía mareomotriz... para liderar un proceso clave. La Cumbre de París ha sido el certificado de defunción de la economía fósil.

–Lo sería, si tan solo se cumpliera.

–¡No hay planeta B! Y tenemos que decidir si queremos aprovechar esta oportunidad histórica para desarrollar tecnología y vender patentes, o quedarnos en el furgón de cola. Las renovables generan, además, cinco veces más puestos de trabajo por kilovatio producido que las energías convencionales.

–El desplome es tan brutal, y a tal velocidad, que sorprende cómo hemos podido estar tan ciegos.

–Uno de los puntos que trato en el libro es, precisamente, la sociología de la ceguera. Creemos, por influjo de la Ilustración, que un gobierno y sus asesores velarán por el bien último de sus ciudadanos, etc.

–Seguimos creyendo en los Reyes Magos.

–Y ya ves, ahí tenemos a Rapanui y el ecocidio de la Isla de Pascua: un pueblo que colapsó por agotamiento de los recursos naturales, deforestando todas las palmeras. Se dejaron llevar por la soberbia.En los dirigentes, a menudo confluyen dos elementos: la soberbia y los intereses particulares. Por otro lado, tenemos el paradigma de la insumergibilidad, que en el Planeta Titanic se traduce en el paradigma de la estacionariedad: “Esto no va a pasar, no puede pasar, cómo nos va a afectar algo así, nos adaptaremos”. Pero no, te aseguro que nos va a pasar: los números son implacables. El efecto térmico del calentamiento antropogénico en los océanos es como si hubiéramos tirado una bomba de Hiroshima cada segundo durante los últimos 150 años.

–En una charla reciente me comentaban que, de las famosas tres erres (reducir, reciclar, reutilizar), nos hemos quedado con la que da beneficios a las empresas. Y reducir, ni lo computamos.

–El nuevo modelo energético busca el ahorro, la eficiencia energética y energías limpias. Si tienes que poner el aire acondicionado o la calefacción, controla los grados, ponlo sólo cuando te haga falta, busca eficiencia A y contrata con alguna empresa alternativa que te ofrezca 100% energía verde. No sólo será más ecológico, será más económico. Este modelo es el que inspira a la economía circular, que trata de imitar a la naturaleza, donde no existe el concepto de "desperdicio". La economía circular trata de cerrar círculos: para ello, hay que rediseñar los modelos de producción y de consumo. Es mucho más importante el retorno que el reciclaje:la botella de CocaCola vuelve a ser rápidamente, sin transformación, una botella de CocaCola. Pero lo fundamental es diseñar un sistema de ecología industrial que evite que tengamos que ser héroes del reciclaje. En eso trabaja muchísima gente en Dinamarca, Suecia, Alemania, Francia... Hay que darle la vuelta como un calcetín a todo nuestro sistema, porque es imprescindible, indispensable y ¡urgente!. No nos quedan muchos capítulos.

–Hay un dato que, no por evidente, deja de ser sorprendente: los residuos de una persona de principios del siglo XX y de un romano no eran tan distintos.

–Cuando yo nací, había la mitad de habitantes sobre la tierra. Afortunadamente, los modelos demográficos predicen una estabilización poblacional a final de siglo porque, si no, Malthus nos devoraba. La población cada vez más urbana, y eso influye, porque en el campo, los niños son brazos para trabajar pero, en la ciudad, bocas que alimentar. No habría ningún tipo de solución si siguiéramos aumentando malthusianamente.

–El mes que viene recogerá un NY Summit (premios que reconocen iniciativas en pro de los Objetivos de Desarrollo Sostenible de la ONU) junto a Greta Thunberg, figura que de repente ha pasado a ser polémica.

–En su intervención, cuando dijo aquello de “yo debería estar en el el colegio en vez de en la Cumbre del Clima”, creo que contestaba en cierto modo a las críticas. ¿Cómo tiene que ser la crisis de liderazgo mundial como para que la voz sea la de una niña de 16 años? Greta tiene razón: hay que escuchar a los científicos, que han hablado alto y claro y han dicho que la casa está sin barrer. Decía Kissinger que la política es aquello que nos lleva desde donde estamos hasta donde deberíamos llegar: esa es la política que necesitamos. La emergencia climática exige pensar a largo plazo, algo a lo que no están acostumbrados los políticos, marcados por una agenda local y cortoplacista.

Comentar

0 Comentarios

    Más comentarios