Maltrato animal

¿Quién enterró viva a la mula?

  • Los vecinos de la ARG Dos Palmeras, en El Puerto, sorprendidos por la denuncia de la Fiscalía de Medio Ambiente contra dos propietarios de la zona

  • La mayoría se enteraron por el periódico el pasado jueves

Una vista general de la calle Palmera Africana, en El Puerto, donde sucedieron los hechos en mayo de 2017. Una vista general de la calle Palmera Africana, en El Puerto, donde sucedieron los hechos en  mayo de 2017.

Una vista general de la calle Palmera Africana, en El Puerto, donde sucedieron los hechos en mayo de 2017.

La noticia publicada el jueves por este periódico sobre la denuncia que afecta a dos vecinos de El Puerto, a los que se acusa de haber enterrado a una mula viva en el mes de mayo del año 2017, ha sembrado la curiosidad no solo en la zona de la Hacienda Dos Palmeras, donde fue enterrado el desdichado animal, sino en toda la ciudad.

Varios medios de comunicación se han interesado por este macabro asunto y han estado indagando estos días en el diseminado portuense, cuyos vecinos han sido los primeros sorprendidos. La mayoría de ellos se enteraron de lo ocurrido por este Diario el mismo jueves, a través de la edición digital, mientras que a través de las redes sociales el suceso corría por Internet cosechando todo tipo de comentarios.

El caso es que en este enclave portuense, inmerso en pleno proceso de regularización, nadie sabe a ciencia cierta quiénes fueron los autores de la salvajada, si bien hay opiniones para todos los gustos. Hay que decir que en esta ARG -Área de Regularización, que es como se denominan en El Puerto los 47 enclaves rurales pendientes de urbanización, en los que se han levantado cientos de viviendas al margen del planeamiento en los últimos 30 años- existen varios negocios que se dedican a la explotación de equinos y también muchas parcelas sin viviendas que están en desuso. Hay diferentes clases de propietarios en función de sus intereses, desde familias que se han construido su propia vivienda y que ahora tienen interés en legalizarla hasta dueños de parcelas que no tienen intención alguna de que esta zona se convierta en urbana.

Todos ellos estos días hacían cábalas sobre el caso de la mula enterrada viva, expresando todas las personas consultadas su rechazo a tales prácticas pero sin atreverse a señalar directamente a nadie.Se da la circunstancia de que la zona está ahora mismo en pleno proceso de regularización, ya que hace tan solo unos días se aprobaba definitivamente el sistema de actuación por compensación de esta ARG-07 para su conversión en suelo urbano.

En este enclave de 209.000 metros cuadrados de extensión se levantan 198 viviendas cuyos propietarios, al menos en un 51%, deben suscribir próximamente ante notario su compromiso con el procedimiento, para que finalmente la regularización arranque ya de manera definitiva una vez fijados los límites de la nueva urbanización y el establecimiento del sistema de actuación, así como los estatutos de la entidad. Ello conllevará, como es lógico, un importante desembolso económico para estos propietarios, lo que está produciendo enfrentamientos entre los partidarios de la regularización y aquellos que no están por la labor.

Así las cosas, el episodio de la mula ha venido a enmarañar aún más las relaciones entre algunos propietarios de este enclave, aunque de momento nadie sabe qué vecinos serán los que no puedan acercarse a ningún animal en un periodo de tres años, que es lo que pide la Fiscalía de Medio Ambiente ante este presunto delito que infringe el artículo 337 del Código Penal. También se pide por parte del fiscal, por este mismo asunto, nueve meses de prisión para los autores, al tiempo que durante los tres años del alejamiento de cualquier especie animal no podrán tampoco ejercer ningún oficio que tenga relación con los animales, ni siquiera tener una mascota.

No es la primera vez que esta zona de la periferia portuense se convierte en noticia por un hecho macabro, ya que en febrero de 2015 apareció en otra de las calles de la Hacienda Dos Palmeras, en este caso en Palmera de Guadalupe, un cadáver calcinado en el interior de un coche que resultó ser, a la postre, el del empresario Ángel Rodríguez, ex gerente del puticlub Oh Palace, asesinado previamente de un disparo.

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