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JEREZ | Crisis del coronavirus

"Perder a mi mujer ha sido muy duro, pero he podido despedirme de ella"

  • Un jerezano agradece el gran gesto humano del equipo de la UCI, que le permitió despedirse en persona de su esposa, fallecida por coronavirus a los 58 años

Isabel Franco junto a Juan González. Isabel Franco junto a Juan González.

Isabel Franco junto a Juan González.

“Perdí a mi mujer y eso no tiene ya solución. Es muy duro, pero al menos he podido despedirme de ella, un gesto humano por el que estoy muy agradecido”. Juan González de Quevedo sintió un gran consuelo tras recibir la llamada del doctor Ángel Estella, al frente del equipo de la UCI del hospital jerezano, para decirle que tendría la oportunidad de despedirse de su esposa, Isabel Franco Copano, fallecida el pasado 2 de abril por coronavirus a los 58 años de edad.

Los familiares de las víctimas del coronavirus llevan con resignación no poder despedirse de los seres queridos. La muerte y el duelo en soledad hacen más difíciles unos momentos ya de por sí muy duros, frente a los que algunos hospitales han adoptado medidas excepcionales como las que han permitido mitigar el sufrimiento de este jerezano. “No tengo palabras para expresar mi agradecimiento por este gran gesto humano, es algo que no se puede describir y al menos sé que ella no ha sufrido en este tiempo”.

Juan González tiene muchos conocidos en el hospital de Jerez, donde trabajó como vigilante de seguridad. No es ninguna prebenda, porque el equipo de la UCI también ha permitido el acceso de otros familiares para despedirse de pacientes en fase terminal durante la actual crisis sanitaria.

“Este virus se está llevando a la gente con patologías previas, y mi mujer las tenía" –era diabética, hipertensa y padeció neumonía–, detalla este jerezano, quien recuerda que su esposa acudió a Urgencias del hospital de Jerez el pasado 26 de marzo “porque apenas podía respirar”, tras una semana de mareos y “fatiga” en casa. Fue la última vez que habló con ella y “me enfadé mucho, porque tardaron muchas horas en atenderla y me dijo que no podía más, que estaba muy cansada y que se asfixiaba”.

Según su relato, a partir de ese momento la trasladaron a la UCI. En la semana que permaneció ingresada, el ex vigilante pudo entrar en contacto con los facultativos que atendieron a su mujer. “Vieron el sufrimiento que estaba pasando por mi mujer y les pedí verla aunque sabía que no se podía”, explica. El domingo antes de morir, le hicieron una vídeollamada desde la UCI. Fue la única vez que pudo ver a su esposa desde que ingresó y la notó “acelerada”. 

Días después le comunicaron su muerte, y a pesar de que sabía que el protocolo no lo permite, quiso acudir a despedirse de ella y así lo pidió. “Tenía que ver a mi mujer –recalca–, por eso me fui corriendo al hospital. Allí me estaban esperando los médicos de la UCI y me dieron uno de sus trajes de protección para que me lo pusiera”, comenta.

Ataviado con el equipo especial de protección que usa el personal sanitario para atender a las personas infectadas con Covid-19, pudo entrar a dar un último adiós a su mujer Isabel. “Lo pasé mal pero saqué fuerzas de no sé dónde y la estuve acariciando y despidiéndome de ella”, relata.

Juan Quevedo se muestra “profundamente agradecido” con el personal de la UCI y el “trato humano” que le dieron a él y a su mujer. “Se puede hacer, nos podemos despedir de nuestros familiares, si lo ha hecho el equipo médico de Jerez, lo pueden hacer todos”, afirma. “Lo que han hecho conmigo, dejarme despedirme de mi mujer, lo pueden hacer con otras muchas familias. Es algo digno de personas humanas”, defiende. 

Los restos mortales de Isabel Franco descansan ahora en el domicilio familiar que compartía con Juan, después de que este acudiera al tanatorio de Jerez para recuperar sus cenizas. “Me dijeron que no podía llevármelas, pero hablé con un abogado que me dio la razón y me explicó que les podía denunciar”, asegura.

Fue tras hablar con delegados municipales del Ayuntamiento de Jerez cuando el personal del tanatorio se puso en contacto con él para indicarle que depositarían la urna con las cenizas de su esposa en el jardín que hay en las instalaciones para que él las recogiera y se las pudiera llevar a casa.

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