CONCERT MUSIC FESTIVAL Entre casi cuatro paredes

  • El artista gallego ofreció un espectáculo muy eléctrico en el Concert Music Festival

  • Presentó los temas de su disco 'Casa' y algunos himnos de su carrera

Iván Ferreiro Iván Ferreiro

Iván Ferreiro / Nacho Frade (Chiclana)

La casa de Iván Ferreiro tiene los muros ensamblados de canciones. Está repleta de desahogos, esperanzas, amores, amistades, desengaños, resignaciones y desvaríos. Su puerta está abierta porque cuando le da la bienvenida al público para que entre desaparece la cuarta pared. El material de construcción es firme, duradero, para la ocasión eléctrico y muy muy permeable a las emociones. La casa de Iván Ferreiro se abrió de par en par el jueves noche en el escenario Lenovo del Concert Music Festival de Sancti Petri.

No le hizo falta hablar mucho al cantante y compositor gallego en la cita chiclanera. Estuvo parco en palabras, de hecho, porque prefirió que las melodías comunicaran a través de él: "Estamos ya en el final de esta gira y me he prometido cantar más y hablar menos. Bienvenidos a casa". Así recibió al respetable que no paró en dos horas de concierto de bailar y corear los himnos del artista, que se fueron sucediendo en escena sin apenas respiro.

Ferreiro, al mando de la sección electrónica -looper inclusive- y acompañado de una banda de seis músicos desgranó un repertorio que osciló entre temas conocidos y composiciones más recientes. Su hermano Amaro Ferreiro, Emilio Saiz y Ricky Falkner a las guitarras, Xavi Mole a la batería y Pablo Novoa Martiño en los teclados llevaron con contundencia la sección sonora de un concierto que pudo calificarse de hogareño, en el sentido de proximidad escénica y sentimental.

Así, sonaron en Sancti Petri melodías provenientes de esa Casa que es el último disco del gallego: Tupolev, Casa, ahora vivo aquí, La otra mitad, El viaje a dondenosabidusientan El pensamiento circular

También rescató el músico canciones de trabajos anteriores como Toda la verdad, Pájaro azul -con Ferreiro de rodillas entre sus músicos-, El viaje de Chihiro, Santa Adrenalina -con el escenario inundado de azul y el artista casi tendido en el suelo-, Extrema pobreza -con el respetable acompañando su voz nasal y cavernosa sin cesar-, NYC, El equilibrio es imposible y Como conocí a vuestra madre.

Y, cómo no, hubo un recuerdo a su antigua banda Los Piratas encarnado en temas como M, Fecha caducada -ahora fue el color amarillo el que cubrió la puesta en escena- y sobre todo Años 80, en una versión muy íntima que supuso uno de los clímax de la velada.

"Gracias por este ratito tan bueno y por cantar con nosotros en este festival", se despedía Iván Ferreiro de un público que se resistía a marcharse. Tras unos minutos, regresó la banda para ejecutar los bises Una inquietud persigue mi alma, SPNB, El dormilón y Turnedo, con la que dijo adiós a sus seguidores tras ese encuentro hogareño en que se convirtió el Concert Music Festival, a pesar del desapacible viento reinante en el ambiente. 

El artista gallego consiguió lo que pocos logran desde el minuto uno, derribar la cuarta pared e integrar a la masa en su propio espacio. Será que con él aún perviven la canciones con mensaje pero sin barreras, esas que a la siguiente escucha aumentan todavía más las ganas de revisitarlas. La casa ambulante de Iván Ferreiro está perfectamente asentada en melodías sin expiración pero que exhalan autenticidad.

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