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Breivik intenta hablar con los familiares de las víctimas en una vista

  • Muchos de los presentes abandonaron la sala en la que el autor confeso de los atentados de Oslo también intentó justificarse y armar un discurso político. Su juicio será el 16 de abril.

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Anders Behring Breivik, autor confeso de los atentados de Oslo en los que murieron 77 personas, intentó exponer sus ideas y dirigirse a los familiares de las víctimas y a los supervivientes presentes en su primera vista pública, en la que se anunció que su juicio comenzará el 16 de abril.

El juez Torkjel Nesheim impidió al joven ultraderechista que llevará a cabo su propósito, tras haber dejado claro al inicio de la vista que sólo podía pronunciarse sobre su situación en la cárcel y su posición ante la cuestión de la prisión preventiva, objeto de la vista, abierta al público porque así lo decidieron los tribunales. "Cuando dos partes se encuentran, lo normal es que ambas se presenten. Soy un comandante militar del movimiento de resistencia anticomunista noruego y jefe justiciar de la orden de los Caballeros Templarios", afirmó Breivik, según recogió la agencia NTB.

El fundamentalista cristiano dijo no reconocer la autoridad del tribunal, al que acusó de aceptar órdenes de "quienes apoyan el multiculturalismo", que definió como "una ideología del odio que apoya la deconstrucción de la sociedad y del grupo étnico noruegos". Tal y como había hecho hasta ahora, Breivik -vestido con un traje oscuro, camisa blanca y corbata azul clara- reconoció los hechos, pero se declaró inocente, rechazó la prisión y pidió ser liberado.

Preguntado por su abogado por su situación de aislamiento en la prisión de Ila, al oeste de Oslo, dijo no tener "grandes problemas", si bien admitió que al principio le costó "adaptarse a una existencia muy pasiva cuando se es muy activo". Según medios noruegos, Breivik, que no estaba esposado, se mostró algo nervioso al inicio, aunque durante algunos momentos esbozó lo que parecía una sonrisa. Varios de los familiares y de los supervivientes presentes en la sala la abandonaron a mitad de la vista, la cuarta comparecencia de Breivik ante los tribunales desde su detención.

La corte de Oslo prohibió que se filmara la comparecencia, así como sacar fotos del sospechoso, por deseo de éste, aunque levantó la restricción inicial de no dejar a los medios hacer referencia al contenido de la vista, cuyo desenlace fue el esperado. En el fallo, difundido más de una hora después, el juez aceptó la petición de la Fiscalía de prolongar doce semanas la prisión preventiva, que consideró "suficientemente fundamentada", por la gravedad de los hechos, la confesión del propio Breivik y porque existe un "riesgo" de que pueda destruir evidencias en caso de ser liberado, lo que afectaría a la investigación en curso.

El juez optó sin embargo por prolongar por un plazo más corto las prohibiciones de recibir cartas y visitas, que durará ocho semanas, y de tener contacto con los medios, por cuatro. Aunque Breivik ya no está sometido desde hace un mes a aislamiento total, en la práctica su situación no ha variado, ya que es el único prisionero de Ila en régimen de máxima seguridad. La vista no iba a contar en principio con la presencia de Breivik, pero los tribunales decidieron la semana pasada que éste tenía derecho a comparecer en persona y no por videoconferencia, como había solicitado la Policía; y que la vista debía ser además abierta al público.

La corte de Oslo anunció también la fecha de inicio del juicio contra el fundamentalista cristiano: será el próximo 16 de abril y se calcula que durará alrededor de diez semana. Ante la expectación que ha despertado el caso, se reformará toda una planta de la corte para construir la sala de justicia más grande del país, en previsión del gran número de personas que seguirán el juicio, contando a supervivientes y familiares de las víctimas de la tragedia y a medios de comunicación.

Breivik hizo estallar el pasado 22 de julio un coche bomba en el complejo gubernamental de Oslo, donde murieron ocho personas, e inmediatamente después se trasladó a la isla de Utoya, a 45 kilómetros de la capital, donde disparó de forma indiscriminada matando a 69 personas. La mayoría de las víctimas de Utoya eran jóvenes que asistían al campamento de las Juventudes Laboristas (AUF).

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