Monkey Week

Concluye el Monkey Week con un éxito sin precedentes

  • Ken Stringfellow y Leda Tres ofrecieron conjuntamente el mejor concierto del festival portuense · Correctos Sidonie y sorprendente actuación de Herman Düne

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El fin de fiesta de la tercera edición del Monkey Week ofreció una de las estampas más dramáticas que uno se pueda imaginar: decenas de individuos de edad incierta maldiciendo su suerte, dándose de cabezazos contra los muros preñados de lamentos del claustro del Monasterio de la Victoria: se habían perdido el concierto de Ken Stringfellow y los Leda Tres.

A mí mismo me extrañó que el plato fuerte del Monkey se sirviese tan temprano, cuando la mayor parte de la concurrencia aún se estaba atando los cordones en casa; y se habló incluso de que algunas formaciones se negaron a tocar tan temprano; pero la cuestión es que la infinita tristeza de Hedwig, protagonista del musical que se escenificó en el claustro, terminó contagiándose tanto a los que asistieron a su representación como a los que no llegaron a tiempo a ella.

Los antecedentes: Ken Stringfellow (guitarrista de The Posies) y Leda Tres iban a representar sobre el escenario del claustro del Monasterio Hedwig and the Angry Inch, una película-ópera musical en la que se relatan las desventuras de Hedwig, una cantante punk transexual que vive en el Berlín Oriental y se ha sometido (obviamente) a un cambio de sexo que no ha salido del todo bien. Además, Hedwig ha sido traicionada por su ex-novio, que le ha robado sus canciones.

La genial y disparatada idea de unir a Ken Stringfellow con Leda Tres para llevar a cabo la representación de Hedwig… fue de los organizadores del festival, de tal modo que se trata de un espectáculo de producción propia que difícilmente volverá a repetirse jamás. De ahí los lamentos de los que llegaron tarde.

El invento funcionó mejor que el de la escoba y la representación porteña de Hedwig and the Angry Inch se ha convertido, por derecho propio, en uno de los hitos más grandes de la historia del aún joven festival. Es más, estoy convencido de que dentro de muchos años se recordará esta actuación como una de las ideas más brillantes que se ha tenido en la escena festivalera patria.

A lo que iba: Ken Stringfellow, embutido en un traje dorado y ataviado con una peluca rubia, estuvo sublime. Su interpretación de Hedwig fue sobresaliente en todos los aspectos. El drama de la cantante berlinesa fue absolutamente verosímil, y la capacidad gestual del ex guitarrista de The Posies desarmó hasta el corazón más recio.

Por otro lado, su capacidad vocal para pasar de lo masculino a lo femenino, de los tonos medios y apagados a los estallidos punk de ira dejaron sin respiración a los asistentes, que vivieron la tragedia de Hedwig con una absoluta empatía.

Pero el concierto no consistió sólo en el gran papel desempeñado por Stringfellow, sino también en el gran directo de Leda Tres y Pablo Magallanes (GAS Drummers), que, disfrazados para la ocasión, acompañaron a la desventurada Hedwig en su periplo por el infierno.

Mención aparte merecen las apariciones estelares de algunos de nuestros músicos más cotizados, que fueron subiendo al escenario para aportar su grano de arena: Paco Loco, Muni o Pablo Errea completaron un espectáculo que ha terminado convirtiéndose en lo más destacado de esta edición del Monkey Week.

Tras un descanso de media hora, el concierto de Herman Düne sorprendió muy gratamente a los más escépticos. Aupado a los primeros puestos de las listas de ventas gracias a un anuncio de cerveza, el dúo francés (reconvertido en trío para la ocasión) ofreció una recital apacible, bello y muy completo.

Recordaron a Belle And Sebastian, The Mountain Goats o incluso a Jonathan Ritchman (aunque sin su humor y su genio), y su actuación sirvió de perfecto contrapunto a los desaires y el histrionismo de Stringfellow y compañía.

Entre concierto y concierto tuve la suerte de tropezarme entre los cientos de asistentes con los responsables de la Sala Supersonic, que me comentaron lo importante que había sido para ellos este festival.

Como todos sabemos, en la publicidad del mismo siempre se insiste en que el Monkey Week es mucho más que una mera suma incontrolada (sobre todo este año) de conciertos, pero nunca vemos los resultados de esos secretos encuentros entre discográficas, músicos y artistas.

Pues bien, salas como la mencionada Supersonic, la Malandar, el Fun Club de Sevilla o el Planta Baja de Granada (perdón por las omisiones) han decidido unirse para crear una Asociación de Salas de Andalucía. Juntos, pretenden defender con mayores garantías sus derechos, lograr mayor atención por parte de las instituciones y organizar circuitos itinerantes. Una muy buena noticia que llena de sentido estos tres días de jornadas y encuentros.

Volviendo a los conciertos del claustro: Sidonie se personaron sobre el escenario principal del Monasterio para realizar la presentación de su nuevo disco. No desentonaron en absoluto con las formaciones independientes y defendieron su forma de comprender la música con muchas tablas.

A mí, personalmente, no me gustaron lo más mínimo y pienso que el sonido de su último disco, grabado en directo, dista un continente de lo que son capaces de ofrecer sobre un escenario; pero lo más importante es que el público más convencional se lo pasó en grande y que los del Fluido García sentaron un importante precedente en el festival.

Por último, Zombie Zombie y los finlandeses K-X-P cerraron el festival como no podía ser de otra manera, con música electrónica bailable y oscura (al menos Zombie Zombie) que mezclaba sintetizadores, bajos y baterías.

Es difícil (por no decir imposible) hacer un balance de tres días tan prolijos de músicas, aventuras y actuaciones. Probablemente necesitaríamos cierta perspectiva para digerir unas jornadas tan extrañas y muchas más páginas para realizar un análisis. Así que sólo puedo admitir que se ha tratado de la edición más exitosa del Monkey Week y que todos nos llevamos un trozo de Monasterio muy adentro.

Y no por romanticismo o porque lo vayamos a echar de menos, sino porque, literalmente, nos hemos tragado buena parte de sus paredes y su albero, que ahora reposan en lo más profundo de nuestros marchitos pulmones.

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