La novia vestÍa de negro | Banda sonora Una música vestida de blanco

  • Quartet Records edita una nueva grabación íntegra de la banda sonora de Bernard Herrmann para 'La novia vestía de negro' (1968) de Truffaut, interpretada por la Orquesta Sinfónica de Euskadi y dirigida por Fernando Velázquez.

Le tomamos prestado el titular a las notas del editor José María Benítez, que con este nuevo lanzamiento de su sello Quartet Records se sitúa ya sin complejos en la primera línea mundial de recuperación, restauración y regrabación de bandas sonoras históricas, equiparando al fin la edición nacional de música de cine a la labor realizada por otros sellos internacionales de largo recorrido como Varèse Sarabande, Silva Screen o Marco Polo.

La de La novia vestía de negro era una de las contadas obras maestras de Bernard Herrmann (1911-1975) que permanecían en la sombra discográfica y sin justicia sonora, con apenas un lanzamiento en forma de EP que incluía tan sólo cuatro fragmentos del score original en sonido monoaural, fragmentos que fueron ensamblados en forma de suite por Christopher Palmer y Elmer Bernstein en la que ha sido la versión de concierto que ha circulado desde entonces, especialmente centrada en los temas más románticos de la partitura.

Adaptación de la novela de Cornell Woolrich hecha a la medida de una esplendorosa, vengadora y mortífera Jeanne Moreau, La novia… era el segundo trabajo consecutivo en apenas dos años de Herrmann para François Truffaut después de Fahrenheit 451 (1966), esta sí con numerosas ediciones de la suite arreglada por el propio compositor norteamericano en los años 70 para el sello Decca Classics, y también regrabada para Varèse Sarabande (1995) con Joel McNeely al frente de la Seattle Symphony Orchestra y, de manera íntegra y minuciosa, para la serie Tribute Film Classics (2007) con William Stromberg al frente de la Moscow Symphony Orchestra.

Destruido y desaparecido el material de las sesiones de grabación originales de 1968 en París, se trataba ahora de recomponer y restaurar para realizar un nuevo registro a partir de los manuscritos de Herrmann, que no sólo revelaron las piezas incluidas en el montaje final del filme (35 minutos), sino también algunas más que quedaron fuera y que han permitido ahora completar más de 50 minutos de música, tarea a la que se ha dedicado con mimo, paciencia y respeto filológico Chris Malone, Rubén Villar y Fernando Velázquez, uno de nuestros más brillantes e internacionales compositores cinematográficos, habitual de Juan A. Bayona (El orfanato, Lo imposible), ganador de un Goya (Un monstruo viene a verme) e implicado director de orquesta en proyectos personales y también de otros colegas de profesión clásicos o contemporáneos.   

Al frente de la Orquesta Sinfónica de Euskadi, Velázquez ataca con brío, rotundidad y matices la furiosa obertura en ostinato sobre cuerdas agitadas y metales wagnerianos que apunta el motivo de la Marcha Nupcial de Mendelssohn sobre el órgano. Una furia romántica, al más puro estilo Herrmann, cuyos accesos y golpes de efecto van a oscilar entre pasajes ominosos, líricos y pastorales en los que la calma o un vals marca de la casa preludian siempre la irrupción de la muerte y lo siniestro, si acaso dos de los grandes temas hitchcockianos que Truffaut y otros epígonos como Brian de Palma (quien no casualmente llamaría al compositor para Hermanas y Obsesión) recuperarían en sus respectivas relecturas posmodernas de la obra del genio británico.

Como señalan Benítez y Eduoard Dubois, esta nueva grabación deja al descubierto la construcción y estructura narrativa del score, muy rica en leit motivs asociativos y en puntos de sincronía, a la manera del Hollywood clásico. También una época de inflexión en la trayectoria de Herrmann en la que se deja sentir aún el peso más ligero y grotesco de algunas de sus músicas hitchcockianas (con especial referencia a ¿Pero quién mató a Harry?), al tiempo en que se apuntan esas corrientes psicológicas, turbias, sombrías y fúnebres que protagonizarían su última etapa (pero que también remiten a algunos pasajes del Citizen Kane) de la mano de De Palma, Larry Cohen o Martin Scorsese, con quien se despediría del cine justo después de terminar la grabación de Taxi Driver.

La riqueza tímbrica, rítmica y sonora (cortesía de una grabación y mezcla ejemplares a cargo de Marc Blanes) o los contrastes entre la masa orquestal (sin violines) y los diálogos entre instrumentos brillan en todo su esplendor a lo largo de 42 cortes a los que se suman cinco bonus tracks con versiones alternativas y el popular Allegro del Concierto para mandolina RV425 de Vivaldi que aparece y se funde con la música de Herrmann en uno de los momentos más recordados del filme, con la caída del pañuelo desde el balcón tras un asesinato. 

La impecable y hermosa edición se completa con un libreto con textos y detallada información de cada fragmento musical a cargo de Frank K. DeWald. Cualquier aficionado a la música (de cine o no) que se precie, debería tener este disco en su colección.