Wim Mertens | crítica Un universo de sensaciones

  • Wim Mertens ofreció en el Teatro Lope de Vega un amplio concierto de dos horas y media, en el que recorrió los cuarenta años de su carrera musical contenidos en su reciente obra 'Inescapable'.

Wim Mertens en el Teatro Lope de Vega Wim Mertens en el Teatro Lope de Vega

Wim Mertens en el Teatro Lope de Vega / Juan Carlos Vázquez

Lleno total en la noche del sábado del Teatro Lope de Vega, donde Wim Mertens hizo un alto en su gira de celebración de 40 años de carrera, de la que nos ofreció una extensa muestra, tanto con piezas compuestas para piano y voz, de las que dejó un magnífico trío tras volver del entreacto, como por las concebidas para un ensemble, siendo el de esta noche un extraordinario quinteto de cuerda.

Las interpretaciones cubrieron todo el abanico de posibilidades, desde la imprescindible Maximizing the audience hasta la novedosa European grasses; desde las complacientes Struggle for pleasure y Close cover, que se hicieron esperar hasta el tercero y último de los bises, hasta la árida In lieu of con que comenzó su concierto de forma minimalista a base de una repetición de notas que desembocó en una cacofonía final con la que consiguió un efecto absolutamente sorprendente. Desde ahí fue construyendo un universo de sensaciones con su piano desatado en labores rítmicas dejando que las cuerdas tomasen las riendas de la melodía, como en el caso de la maravillosa La fin de la visite, plena de intensidad y energía. Los dos violines y la viola protagonizaron con sus arpegios uno de los mejores momentos de la noche, dando una fuerza desconocida a Not at home, una de las melodías más inspiradas del Mertens de los primeros años, que con la unión de los graves que aportaban el contrabajo y el cello adquirió un ambiente mucho más extraño que el que originalmente conocíamos a través de los discos.

Wound to wound fue otro de los momentos de mayor intensidad, llevando al límite la forma muchas veces repetida durante el concierto en la que Mertens creaba una base rítmica muy viva que servía de soporte a una exhibición de ritmos y melodías vivaces a cargo de los violines, que encadenaban una frenética sucesión de motivos que apenas nos daban respiro. Esa sensación aumentó conforme pasaban los minutos y nos vimos envueltos en un genial espectáculo musical en el que a veces aparecía como actriz secundaria la voz de Mertens, extrañamente atiplada y convertida en un séptimo instrumento, siempre sepultada por la exuberancia del que la acompañaba, la mayor parte de las veces el piano del propio músico o el cello, como en Earmarked, en cuyo caso nos obsequiaron con un dúo notabilísimo.

La dulcificación del sonido con que terminó todo puso un brillante final a un concierto que será recordado por todos los espectadores como el mejor de todos los de Mertens que hayan presenciado.

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