Seguridad

La prevención de los nuevos delitos lleva a la Policía a los institutos y colegios de La Línea

  • El subinspector Raúl Ramos habla cara a cara a los adolescentes de los riesgos de internet, las drogas, la violencia de género, el acoso escolar y los delitos de odio

El subinspector Raúl Ramos da la charla a alumnos del instituto Antonio Machado.

El subinspector Raúl Ramos da la charla a alumnos del instituto Antonio Machado. / Jorge del Águila

Imagina que te fotografías desnuda, haces copias en papel y las esparces por la calle Real de La Línea. En unas horas te habrían visto sin ropa unas 10.000 personas. No se te ocurre, ¿verdad? Ahora, piensa que compartes esa foto con alguien a través de internet. En unos minutos estarías ante los ojos de 10 millones de personas. A nadie en su sano juicio se le ocurre hacer lo primero. Y, sin embargo, hay jóvenes que, cada día, envían fotografías comprometidas que acaban expuestas, sin quererlo, a través de Whatsapp y redes sociales y, de ahí, a páginas de contenido sexual. “¿Vendríais al instituto desnudos?”. La pregunta la lanza el subinspector de la Policía Nacional Raúl Ramos a medio centenar de jóvenes de entre 15 y 16 años que cursan cuarto de la ESO en el instituto Antonio Machado de La Línea. La respuesta está implícita en el murmullo y las sonrisas que se extienden por la sala.

Ramos es ya un veterano en estas lides. Lleva desde 2017 dando charlas, más de 200, en todos los centros de La Línea que lo solicitan a la Subdelegación del Gobierno a través del Plan Director para la Convivencia y Mejora de la Seguridad en los Centros Escolares y su entorno. Habla cara a cara a los adolescentes de los riesgos de internet, de drogas, de violencia de género, de acoso escolar o de delitos de odio. Muchos de estos chavales jamás han tenido delante a un adulto que les haya hablado de unos problemas que sin embargo viven día a día, directa o indirectamente. El uniforme azul impone, pero los temas les atañen tanto que asisten en silencio a las explicaciones del policía. “¿Creéis que internet es algo bueno o malo?”, pregunta. Algunos se atreven a contestar. “Es necesario”, se apresura el subinspector. “Es como una llave inglesa, una herramienta que puede ayudarnos a apretar un tornillo, pero con la que un desaprensivo puede darle en la cabeza a alguien y hacerle mucho daño”, apostilla.

Los jóvenes escuchan de la boca de alguien con la autoridad suficiente como para convencerlos que internet es una plataforma para delincuentes a los que es “complicado seguir el rastro”. Los nuevos delitos obligan día a día a crear nuevos procedimientos de actuación ante estas amenazas. Ramos explica a los alumnos del Antonio Machado que internet es como un iceberg. Solo el 5% de esa enorme piedra de hielo sobresale por el agua. Meterse por debajo, en la llamada dark web o más abajo, en la deep web, es quedar expuesto a los cibercriminales. Hay 70.000 policías en España. Solo una parte de ellos están dedicados a la ciberdelincuencia, pero si lo hicieran todos tampoco darían abasto para un espacio tan grande y, en muchas fases, lleno de rincones oscuros.

“Tenéis que compartir con vuestros padres todo lo que descubráis en internet. Pedir ayuda y evitar contenidos peligrosos o que sean falsos os hará aumentar la confianza. Cuando dudéis de un enlace, no pulsarlo”, explica. Cuando pregunta quién tiene móvil, todas las manos se alzan. Eso les facilitará muchas gestiones, pero también entraña riesgos.

Raúl Ramos explica ahora que en internet no existe en realidad el anonimato. Siempre queda una huella digital, apostilla mientras detrás de la sala algunos profesores asienten, entre ellos la orientadora del centro, Sandra Villanueva. “Cada insulto, cada amenaza, siempre va a estar ahí por mucho que intentéis borrarla. Hay empresas que se dedican a rastrear perfiles y por eso hay que cuidar mucho nuestra identidad digital, mantener una personalidad en internet como lo hacemos en la vida real”, continúa antes de dar un consejo que va dirigido en realidad a la parte de la ecuación que no está en la sala, los padres: “Antes de entregar un móvil hay que establecer unas normas de uso”.

El policía habla con los adolescentes de suplantación de personalidad, de lo que tienen que hacer si descubren un perfil falso, si reciben una amenaza o un insulto con sus nombres e incluso sus caras, del riesgo de entrar en las redes sociales de otra persona sin permiso. “Vamos a hacer un trabajo a casa de un compañero, metemos nuestro usuario y contraseña en el ordenador y luego no lo quitamos. El que sea se puede poner a cotillear cuando nos vamos. Sabéis que esto ha pasado incluso aquí en La Línea”, manifiesta.

La charla en el instituto Antonio Machado. La charla en el instituto Antonio Machado.

La charla en el instituto Antonio Machado. / Jorge del Águila

Raúl Ramos lanza una palabra que algunos chavales se ve que conocen: Phishing. Se trata de un término que distingue a un conjunto de técnicas que persiguen el engaño a una víctima, ganándose su confianza, haciéndose pasar por una persona, empresa o servicio de confianza, para manipularla y hacer que realice acciones que no debería realizar. Hay ahora, advierte el agente, un auge del fraude a través de los SMS. También por correo electrónico. “Os pedirán nombre, apellidos y datos de alguna cuenta de crédito, os pasarán a una pasarela de pago y os terminarán robando. Lo suelen hacer los viernes para comprar durante el fin de semana. Tenéis que tener claro que nadie os va a pedir esos datos si no es con mala intención”, dice.

Ramos también advierte a los chicos sobre el uso excesivo e incontrolado de dispositivos tecnológicos. Esto genera enfermos digitales y está demostrado que existe más riesgo entre los 14 y los 17 años, justo la edad de la audiencia. En España, los menores tienen móvil desde los 11 años y uno de cada tres está enganchado a internet y a las redes sociales, a las que se conectan todos o casi todos los días, según una investigación de Unicef, que alerta de que el 22,5% de los jóvenes podría estar sufriendo ciberacoso. Son datos del informe Impacto de la tecnología en la adolescencia, realizado con las respuestas de 50.000 estudiantes de ESO de centros públicos y privados de las 17 comunidades autónomas. El 42% de los menores ha recibido mensajes de contenido erótico o sexual.

El policía habla entonces de phubbing (ignorar a una persona por prestar atención al teléfono móvil) y de vamping (hacer un uso excesivo de los aparatos electrónicos antes de dormir). El descanso se ve mermado debido a la reducción de horas necesarias de sueño y a los efectos en nuestro cuerpo que produce la luz de las pantallas. Este fenómeno está provocando que muchos jóvenes sufran de insomnio precoz. “Es como tomarse un café a las diez de la noche. Al día siguiente vais a estar muertos de sueño en el instituto. Pensad de verdad en coger un libro, porque eso os va a ayudar a dormir”, aconseja.

También habla Ramos de fomofobia, el miedo desmesurado a perderse cualquier tema, acontecimiento social o comentario en alguna red social, de la adicción a las apuestas deportivas por internet y de cómo hay jóvenes que necesitan tanto dinero que roban y terminan prostituyéndose o traficando con drogas o tabaco.

El policía les pone entonces un vídeo para explicarles qué es el grooming, una forma delictiva de acoso que implica a un adulto que se pone en contacto con un niño, niña o adolescente con el fin de ganarse poco a poco su confianza para luego involucrarle en una actividad sexual. “Por desgracia hay personas en el mundo capaces de cualquier cosa para contactar con menores. Nunca aceptéis una solicitud de amistad de alguien que no conozcáis, la seguridad es más importante que la popularidad”, les advierte.

"He visto a un hombre al que le dio un infarto en la Feria de La Línea y la gente al lado comiendo churros", explica el policía

Este mismo mes, la Policía Nacional detuvo en Cádiz a un hombre como presunto autor de un delito de abuso sexual a través de internet. El detenido había contactado con una menor de 12 años de edad, vecina de Jerez, a través de varias redes sociales, tratando de convencerla para llevar a cabo un encuentro real de carácter sexual. Fue el padre de la chica el que la salvó cuando la sorprendió a altas horas de la madrugada chateando a través de una red social con un individuo mayor de edad.

En el Campo de Gibraltar, advierte Raúl Ramos, hay un auge del sexting. Consiste en enviar mensajes, fotos o vídeos de contenido erótico y sexual personal a través del móvil mediante aplicaciones de mensajería instantánea o redes sociales, correos electrónicos u otro tipo de herramienta de comunicación. Ojo: no es delito como tal cuando nadie te obliga a hacerlo. “Tenéis que saber que internet no es seguro. Si le mandamos una foto a alguien no sabemos si puede reenviarla por error, si está con amigos y se la va a enseñar a todos, si se nos puede perder el móvil. Esto genera depresión, falta de autoestima y mil problemas a quien lo padece. Ocurre mucho en la comarca”, explica.

Sí es delito la sextorsión (cuando una persona es inducida o chantajeada —generalmente por aplicaciones de mensajería por Internet— con una imagen o vídeo de sí misma desnuda o realizando actos sexuales, mediante sexting). El subinspector recuerdo a los jóvenes el caso de Víctor Sánchez del Amo, el entrenador y ex futbolista que no cedió al chantaje. Ya hay doce detenidos por este caso.

También les explica la falta de empatía que muestran algunos conductores, que se ponen a grabar cuando hay un accidente y entorpecen la labor policial y sanitaria. “Tenéis que respetar la privacidad. Yo he visto a un hombre al que le dio un infarto en la Feria de La Línea y la gente al lado comiendo churros y grabando con el móvil”, relata. Tras un silencio, los alumnos rompen a aplaudir. La charla ha terminado. Raúl Ramos se despide. En unos minutos entrarán otros cincuenta.

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