La Línea Cribado: como la ITV pero con un palito

Una integrante del personal sanitario, dentro de la Unidad Movil, este martes en La Línea Una integrante del personal sanitario, dentro de la Unidad Movil, este martes en La Línea

Una integrante del personal sanitario, dentro de la Unidad Movil, este martes en La Línea / Erasmo Fenoy

La Línea saldó este martes con media docena de positivos el cribado para detectar la incidencia del Covid-19 al que habían sido llamados un millar de ciudadanos, aunque solo acudieron 511.  Por encima de las frías estadísticas y de las declaraciones oficiales, la prueba rompe la rutina de aquellos que deciden someterse a la prueba en medio de jornadas y jornadas que, como consecuencia de las medidas restrictivas que imperan en todo el término municipal, se antojan un bucle eterno en plan Día de la Marmota.

Participar en un cribado guarda muchos paralelismos con someter [en este caso a un vehículo] a la ITV, solo que las consecuencias de un resultado adverso resultan infinitamente más graves.

Por lo pronto, la notificación te llega a través de un mensaje de texto remitido por la Junta de Andalucía. Que como ya nadie envía SMS, nada más escucharse el sonido del teléfono empiezas a ser consciente de que pasa algo extraordinario. “DNI xxx elegido para prueba Covid-19 de la Junta de Andalucía en La Línea. Acuda el 26/01/2021, 16:30 a la Unidad Móvil en Pabellón Municipal”. Y ahí te lo deja.

Como corresponde a los tiempos que corren, en los que si algo no se comparte es que no existe, lo primero es recurrir al WhatsApp para preguntar a amigos y familiares si han corrido la misma suerte. Todos dicen que no. “¿Por qué te habrán llamado a ti?”, te preguntan como si conocieses la respuesta. “¿Tú te has presentado voluntario o algo?”, insisten. Así que no te queda otra que cuestionarte, no sin un hilillo de preocupación: “¿Y por qué me habrán llamado a mí?”.

Por mucho que el Gobierno autónomo explique que las pruebas “se hacen a una muestra aleatoria, seleccionada por criterio epidemiológico de incidencia de la enfermedad y representativa de la población” aquello empieza a olerte a cuerno quemado. “Igual es porque yo tengo diabetes”, te consuelas. Como si fuese una enfermedad que solo afectase a diez o doce.

La siguiente fase es una respuesta de seguridad. “Yo me veo bien, pero esta gente son capaces de encontrar cualquier cosa con eso de que se puede ser asintomático”, que es casi lo mismo que piensas cuando de pie y dando vueltas alrededor del coche barajas si es necesario llevarlo al taller justo antes de la Inspección Técnica.

Llega el día y como el que no quiere la cosa te encuentras de repente paseando por la avenida que hay al lado del pabellón. “Hay cola, veremos a ver cuánto tiempo tardo esta tarde”, te dices, porque en el fondo, en un sinsentido absoluto, estás deseando encontrar una excusa para no acudir. “Si yo estoy sano”, te repites para tranquilizarte.

Llega el momento. Y compareces con móvil en mano como diciendo “palabrita que a mí me han llamado”. Y la cola ha desaparecido. “¿Me puede usted decir el teléfono en el que ha recibido el mensaje?”, te pregunta un señor al que solo se le ven los ojillos, porque está embutido en un traje de esos que uno imagina que se llevan en la NASA. Y recitas los nueve números, deseando que aquello acabe cuanto antes. “Sí puede usted pasar, siéntese ahí”, te replica. “Pero oiga que falta como un cuarto de hora”, contestas, porque de repente te han desaparecido las prisas y no sabes muy bien por qué. “No pasa nada, así ganamos todos tiempo, ha faltado mucha gente”.

En el instante en el que crees que te van a bambolear como cuando el mecánico comprueba la estabilidad de tu destartalado Hyundai Atos, todo se limita a que una sanitaria muy simpática a pesar de que lleva una pila de horas al pie del cañón te pide que te bajes la mascarilla solo por debajo de la nariz e introduce durante unos segundos un palito por los dos agujerillos de la misma. “Ea, ya puede irse”. Lo primero que se te viene a la cabeza es “¿Y todo para esto?”.

“¿Los resultados?, le espetas, haciéndote el interesante. “Si en una hora no le han llamado, es que todo está OK”. Así que te marchas por donde has venido; envías, no vaya a ser que se te olvide, media docena de wasaps dando parte de los últimos acontecimientos y te pegas lo que queda de tarde mirando el móvil con una cierta dosis de terror, que ha llamado el de Vodafone desde un número extraño para ofrecerme una segunda línea y me he puesto tan nervioso que me he dado de baja sin querer en el Canal Liga. Ahora sé que este día y a esta hora no estaba contagiado. ¿Mañana? Será otro día. Al menos esta vez no se parecerá al de antes.

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