CLXXV Aniversario de la Fundación de la Guardia Civil (1844-2019)

La Guardia Civil en La Línea (XXX)

  • El coronel Jesús Núñez repasa los 175 años de presencia ininterrumpida en la ciudad

  • Esta entrega está dedicada a los últimos servicios del Cuartel de La Atunara (1974-1976)

Escrito del capitán José Ruiz Núñez, jefe de la Compañía de La Línea sobre el final del cuartel de La Atunara. Escrito del capitán José Ruiz Núñez, jefe de la Compañía de La Línea sobre el final del cuartel de La Atunara.

Escrito del capitán José Ruiz Núñez, jefe de la Compañía de La Línea sobre el final del cuartel de La Atunara.

El capítulo XXVIII concluía afirmando que la última utilidad de la casa-cuartel de la Guardia Civil en La Atunara, antes de su demolición, fue guardar las artes de pesca de la cofradía sindical de pescadores de La Línea de la Concepción así como alojar temporalmente a algunos trabajadores de la almadraba.

No obstante, se ha tenido reciente acceso a unos documentos muy interesantes, gracias al capitán Luis Martínez González, que acreditan un último uso más, esta vez de carácter social.

Dicho acuartelamiento había sido desalojado oficialmente el 11 de junio de 1973, dado su mal estado de conservación. Hasta ahora se tenía conocimiento de que Antonio Seliva López, patrón mayor de la mentada cofradía, había escrito el 20 de septiembre de 1974 una primera carta al teniente coronel Manuel Lafuente Martín, jefe de la 262ª Comandancia de la Guardia Civil de Algeciras.

En ella se exponía que “en vista de que se aproxima el tiempo de lluvias y otras inclemencias climatológicas por lo cual tendríamos que poner la báscula para el peso del pescado y efectuar la venta del mismo a la intemperie con todas las molestias y perjuicios que ello llevaría consigo toda vez que en años anteriores estas faenas se han efectuado en el local que teníamos y que fue derribado, rogamos a V.S., nos autorice a hacer un cobertizo en uno de los patios del Cuartel de La Atunara”.

La carta continuaba explicando que caso de darse autorización, dicho cobertizo sería en el patio que daba a la parte de poniente, es decir, en la parte sur y que consistiría simplemente en un techo de chapa o uralita. Debajo se montaría la báscula y se efectuaría en dicho lugar la venta del pescado. Todo ello sería de forma provisional hasta que se construyera la lonja que estaba proyectada. Por supuesto la cofradía se responsabilizaba de “la conservación y aseo” de dicho lugar. Cuatro días después el teniente coronel Lafuente contestaba positivamente al patrón mayor, “sin otras limitaciones que las que especifica en su repetida carta”.

El 30 de noviembre siguiente el patrón mayor volvería nuevamente a escribir al teniente coronel. La campaña almadrabera en ese puerto había ya finalizado y se había desalojado lo instalado como lonja provisional, pero en esta ocasión se solicitaba autorización para guardar los enseres de pesca de los miembros de la cofradía. Seis días después el teniente coronel daba por escrito su autorización.

Aún habría un tercer escrito del patrón mayor, fechado esta vez el 30 de mayo de 1975 y dirigido igualmente al teniente coronel, solicitándole en esta ocasión autorización para utilizar tres locales de la antigua casa-cuartel para el personal de la almadraba, con motivo de la nueva campaña. Y cinco días después le fue concedida por el tiempo que durase la misma.

Todo este intercambio epistolar de solicitudes y concesiones denotaba las magnífica relación que tradicionalmente siempre ha existido entre la cofradía de pescadores de La Línea y la Comandancia de la Guardia Civil de Algeciras. De hecho, hoy día el Servicio Marítimo del benemérito Instituto les protege en los conflictos que padecen en las aguas españolas que rodean la colonia británica de Gibraltar.

Pero aquí no finalizaría el uso del antiguo acuartelamiento de Carabineros y de la Guardia Civil, pues al año siguiente surgiría una iniciativa popular por parte de un grupo de vecinos de La Atunara, preocupados por el desenvolvimiento de la juventud de la barriada.

Concretamente el 15 de febrero de 1976 se dirigieron por escrito al teniente coronel jefe de la ya redenominada 242ª Comandancia de Algeciras. Una vez más había modificado su numeración. Resultaba que con ocasión de nueva reorganización de la Guardia Civil, dispuesta el 28 de diciembre de 1974, el 26º Tercio de Cádiz se había reconvertido en el 24º Tercio, manteniendo la misma demarcación provincial, composición y sede, con el coronel Rafael Serrano Vals al frente. Ello dio lugar a que las 261ª y 262ª Comandancias de Cádiz y Algeciras pasaran entonces a numerarse como 241ª y 242ª, respectivamente, sin que ello conllevara otros cambios.

En su instancia los vecinos de La Atunara comenzaban exponiendo al mando de la Guardia Civil en el Campo de Gibraltar que, “en la barriada en que viven no existen locales para jóvenes, salvo los bares, en los que puedan desarrollar actividades recreativas, culturales y deportivas”.

Seguidamente explicaban que en un plazo de unos seis meses esperaban que tras realizarse las oportunas obras en unas dependencias anexas a la Iglesia de Nuestra Señora del Carmen, pudiera disponerse de un centro parroquial para jóvenes. Concluían solicitando autorización para utilizar algunos de los pabellones en mejor estado, “como centro juvenil”.

Los vecinos firmantes de La Atunara, “con el aval del Cura Párroco”, Alberto Jorge Revuelta Lucerga, eran Juan Robles de los Reyes, Amalio Bracho, Andrés Díaz Castillos, Emilio Gil Benítez, Manuel García Gómez, Isidoro Vázquez Domínguez, Miguel Vallejo Morente, Juan Fernández González, Juan Antonio Fernández Flores, Juan José Vallejo, Juan Vázquez, José Ordoñez, Alfonso Lanza, Jorge Pérez, Andrés Galán Vallejo y Francisco Morente Leal.

Una vez más el teniente coronel Lafuente accedió a lo solicitado. El 10 de febrero siguiente ordenó al capitán José Luis Ruiz Núñez, jefe de la 1ª Compañía de la Guardia Civil en La Línea de la Concepción que se le facilitara al párroco el pabellón que estuviera en mejor estado y suscribiera con él, el correspondiente contrato de uso y gratuito.

Las condiciones estipuladas y suscritas por ambas partes dos días después en La Línea consistieron en que se autorizaba el uso “sin abono de ninguna clase al Cuerpo por parte del indicado Centro Juvenil”, por el periodo de un año prorrogable si las circunstancias lo aconsejaran, debiendo ser utilizado “exclusivamente para desarrollar actividades recreativas, culturales y deportivas”, quedando extinguido inmediatamente dicho contrato “siempre que se tenga conocimiento o se presuma de que es utilizado el local para asuntos ajenos a los expuestos”. El párroco Revuelta Lucerga se comprometió a todo ello “solemnemente” y, “en consecuencia, a desalojar la finca facilitada en el plazo que se le señale”.

Realizadas las obras del centro parroquial para jóvenes la antigua casa-cuartel quedó ya sin uso alguno deteriorándose hasta declarse en estado ruinoso. El edificio no tenía valor alguno mientras que los 4.649’40 metros cuadrados que medía el terreno propiedad del Estado, se habían valorado el 18 de septiembre de 1975 en 1.162.350 pesetas por el arquitecto de la Delegación de Hacienda en Cádiz, Francisco Barbadillo Gómez.

El consejo de ministros en su reunión de 15 de diciembre de 1978 acordó la declaración de urgencia de unos terrenos de La Línea, entre los que estaba el del acuartelamiento, para la construcción por el Instituto Nacional de la Vivienda de 600 pisos en La Atunara, que finalmente no se llevaron a cabo.

Finalmente el 2 de julio de 1986 se firmaron las actas de desafectación del antiguo acuartelamiento cesando definitivamente su vinculación con la Guardia Civil. Parte de su solar es ocupado actualmente por el puerto de La Atunara.

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