Entrevistas

"El trabajo es la base del éxito, la suerte se busca "

-¿La suerte se la busca uno?

-Hay personas con más oportunidades, pero cuando llegan te las tienes que trabajar muchísimo. Eso he creído desde pequeño y lo sigo practicando.

-¡Si usted es ya un mito!

-Pero nunca dije: como he ganado Wimbledon me quedo en mi casa y espero a que vengan a buscarme. Tienes que ser tú el que luches por lo que quieres hacer.

-¿Su golpe de suerte fue su familia adoptiva?

-Esa suerte me la busqué yo cuando con 10 años empecé a trabajar de recogepelotas en un club de tenis de Madrid. Vi la oportunidad de poder jugar algún día al tenis.

-¿Y...?

-Intenté sacar fuera toda mi simpatía, pensando en que alguien se fijara en mí y me ayudara. Me di cuenta de que no podía ser un chico arisco.

-¿Cómo empezó a jugar?

-Fabriqué mi propia raqueta con el respaldo de una silla de madera. Pasaba mis ratos libres en el frontón.

-¿Cuándo aparecieron sus benefactores?

-Mi padre estuvo en la cárcel ocho años después de la guerra. Al morir dejó a mi madre, con cuatro hijos, en una situación difícil. La familia Romero Girón, que me había cogido cariño, aceptó que me fuera a vivir con ellos.

-¿Se fue con la familia del bando vencedor?

-Nosotros no nos sentíamos vencidos ni derrotados. En casa jamás se habló de política. Mi madre no era una mujer resentida, pese a que tenía todo el derecho.

-¿Y acertó con su silencio?

-De lleno, porque de lo contrario yo no hubiera podido desenvolverme en un mundo totalmente de derechas.

-Le cambió la vida radicalmente.

-Me mudé a la calle Goya, esquina Velázquez. La señora, a la que yo llamaba abuela, tenía dos hijos solterones y de repente llegó Manolín a la casa. Fui como un hermano pequeño.

-¿Se adaptó bien?

-Al principio lo rechazaba todo. Nunca había comido con cuchillo y tenedor, ni había tenido una doncella detrás de mí. Hasta me pusieron profesores particulares.

-¿Y qué añoraba?

-La libertad. Hasta los catorce años trabajaba, daba parte del dinero a mi madre y luego me iba a jugar al futbolín y al billar. Me dijeron que me olvidara de todo eso y me pusiera a estudiar. ¡Y no me gustaba nada!

-Pero lo hizo.

-Estudié el bachillerato. Y pude jugar tenis con los grandes. Pero nunca perdí el contacto con mi madre. Iba todos los días a comer con ella, que me alentaba a seguir.

-Fue una mujer que perdonó.

-Tanto que cuando murió Franco se fue a despedirle. Sabía lo que Franco me dijo cuando fui a jugar al Pardo.

-¿Qué le dijo?

-Una frase que se me ha quedado grabada: "Quiero que sepa usted que en esta vida en muchas ocasiones pagan justos por pecadores". O sea, que él sabía perfectamente que mi padre había estado en la cárcel.

-¿Franco le pidió que fuera al Pardo?

-Cuando gané Wimbledon sintió la inquietud de verme jugar en persona. Me había convertido en el mayor acontecimiento deportivo del país y me dieron la Gran Cruz de Isabel la Católica.

-De aquel Wimbledon hace casi 40 años...

-Aquella victoria fue fruto de la perseverancia. Cuando fui a Londres en el 59 me dije, como buen Tauro que soy: este torneo algún día lo tengo que ganar.

-¿Y cuánto tardó?

-Siete años. Ya tenía dos victorias en Roland Garros y había ganado el Open de Estados Unidos. Pero yo quería el respeto del mundo anglosajón, que en esos años representaba al tenis a nivel mundial.

-¿No se sintió utilizado por el régimen?

-En parte sí y en parte no. Había países donde no entendían cómo podíamos vivir con la dictadura. Pero yo no sufría la represión. Viajaba, comparaba y analizaba.

-¿Nunca tuvo problemas con el exterior?

-Una vez en México izaron la bandera republicana y dije que no jugaba con esa bandera, porque luego tenía que volver a España y no quería problemas. Y la quitaron.

-¿Tuvo más problemas con la diplomacia?

-A nivel anecdótico. Cuando la duquesa de Kent era presidenta de Wimbledon, el embajador, que era el marqués de Santa Cruz, no me indicó que el protocolo británico prohíbe besar la mano a las mujeres de la familia real.

-¿Y qué ocurrió?

-A mí me gustaba esa galantería que me habían enseñado. La agarré y aguanté el tirón, cada uno para un lado. Fue muy comentado en los medios británicos, ya sabe que son muy dados a esas cosas.

-¿Cómo conoció a don Juan Carlos?

-El Rey es de mi edad. Fui a Cascais a jugar y vino a ver el partido. Después, ya en España como heredero de la corona, empezó una relación similar a la que tiene hoy el Príncipe con muchos deportistas. Siempre nos ha apoyado.

-¿Con quién se siente orgulloso de haber jugado?

-Con Adolfo Suárez. Le conocí cuando dirigía Televisión Española. Tomó decisiones que permitieron ver tenis en este país. Luego seguí muy de cerca su carrera hasta que llegó a presidente. Fue testigo en mi boda con la madre de Alba.

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