Mario de los Santos, escritor

"La novela negra es hoy más conservadora que nunca"

Mario de los Santos. Mario de los Santos.

Mario de los Santos. / Javier Albiñana

-Uno de los personajes de su novela es una monja que monta espectáculos porno con una webcam para salvar su convento de la ruina. ¿Haciendo amigos?

-Pero la historia de la monja no es nueva: ya Arturo Pérez-Reverte contaba en Alatriste cómo los conventos eran espacios que para ciertas clases sociales funcionaban como los burdeles más recomendados, donde se reservaban a los clientes las doncellas más virtuosas. No estoy inventando nada. En películas como Extramuros de Miguel Picazo y Entre tinieblas de Almodóvar se abordan situaciones parecidas. Teniendo en cuenta todos estos antecedentes, yo pensaba que nadie se iba a escandalizar por mi historia. Pero resulta que sí.

"Pensé que nadie se escandalizaría hoy por una historia sobre monjas y pornografía, pero resulta que sí"

-¿Y le han pasado factura?

-Sí, algunos clubes de lectura han rechazado mi libro porque aparece esta historia de la monja. Y una librería, de Zaragoza en concreto, que me ha apoyado siempre mucho me ha confesado que no puede recomendar este libro a sus lectores por la misma cuestión. Yo lo entiendo, claro, pero me sorprende que en pleno siglo XXI este escrúpulo perdure.

-¿Se daba por muerto al puritanismo y únicamente estaba de parranda?

-Sí, así es. O tal vez lo que yo consideraba una bofetada infantil resultaba ser una bofetada de verdad.

-¿Y qué queda en sus personajes tras la bofetada?

-Yo escribo, ante todo, para entenderme. Para situarme en el mundo. Soy científico y gracias a esto la ciencia me da unos instrumentos para conocer esta situación; pues bien, la literatura me da otros. Me gusta la idea de novela como máscara en un teatro desde el que escribo, como un drama del que salgo limpio. Todos los personajes son Mario, poliedros de Mario. Mis miedos ante la paternidad, por ejemplo, están ahí. Pero no sé qué interés podría tener si lo contara yo como tal, como Mario. La máscara me permite llegar a más gente.

-¿Es usted, como sus personajes, de mancillar cosas? ¿De ensuciar lo que tradicionalmente tiende a ser respetado?

-Mis personajes van por ahí pisando lo fregado, pero creo que si algo los define es la redención. Llegan a un punto en el que ya no se sirven para ser ellos mismos, ya no son herramientas útiles para seguir viviendo, y buscan cambiar eso. Pero buscan a tientas, de modo que a veces encuentran el interruptor y a veces no. En la vida real, hay gente que logra ver la luz y otra que se pega un trompazo. Y eso sucede justo en la novela.

-¿De qué hablamos si hablamos de redención?

-Para redimirse, todos los personajes de la novela tienen que dejar de ser los niños que son, tienen que dejar a un lado al padre que los maltrata, al compañero de trabajo que los humilla, y reconocer que son ellos los que deben tomar las riendas y asumir el protagonismo de sus vidas. Porque redimirse consiste en esto, en tomar las riendas. El proceso, eso sí, no es sencillo. Y precisamente Noche que te vas, dame la mano, es una descripción de esa dificultad.

-Parte de la crítica inscribe Noche que te vas, dame la mano en la novela negra, pero parece que usted se resiste a la categoría.

-Un amigo policía, investigador de homicidios y escritor, me confesó que le costaba mucho sentirse identificado con el género. Aquello fue muy revelador para mí: si una persona como él no se sentía identificada con la novela negra, ¿quién podría identificarse? Me contó que los policías no están las veinticuatro horas del día metidos hasta el cuello en los casos, ni se llevan sus dossieres a todas partes: a menudo tienen familia y comparten su tiempo libre con sus seres queridos. Así de sencillo. Por eso pensé que sería interesante dejar lo negro como mar de fondo y presentar personajes que simplemente interiorizan los crímenes en su vida, como una preocupación más. Y parece que ha funcionado.

-¿Es la novela negra en España más conservadora hoy que nunca?

-Usted lo ha dicho.

-¿Deberíamos hablar más bien de novela policiaca?

-Sí, así es. La verdad, las novelas centradas únicamente en una investigación criminal me interesan poco. En general, si me decido a leer una novela negra no es porque sea una novela negra. Debe haber otro elemento que lo haga atractivo.

-A tenor de su experiencia como editor, ¿qué valoración hace del sector?

-Cuando en 2005 empezamos nosotros en Tropo, Candaya, Salto de Página y otras editoriales, nuestra intención era darnos codazos con las grandes. A partir de 2013, sin embargo, entraron un montón de microeditoriales con diseños exquisitos, con una selección de textos maravillosa y empeñadas en dar voz a nuevos autores pero con una capacidad de promoción muy atomizada. Me gustaría ver proyectos intermedios, con inversión suficiente para promocionar a escritores de valor a nivel nacional, que no esté todo tan escindido entre los grandes grupos y las microeditoriales. Pero supongo que entre quienes se dedican a vender jamones sucederá lo mismo.

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