Miguel Rosa | Maestro y pedagogo "La vuelta a las clases va a ser un cara o cruz"

"La vuelta a las clases va a ser un cara o cruz" "La vuelta a las clases va a ser  un cara o cruz"

"La vuelta a las clases va a ser un cara o cruz"

Como el alter ego de Antonio Machado –Juan de Mairena–, Miguel Rosa (Sevilla, 1957) es maestro, pedagogo y humanista. En el ejercicio de su profesión, como docente y como director del Colegio de Educación Infantil y Primaria San José Obrero, ha recibido honores que cita con la boca chica –por ejemplo, el del Mérito en la Educación de la Junta de Andalucía en 2014, del que fue receptor tres años después el mismo colegio–, aunque su orgullo está en la transformación vivida en un colegio que habla una veintena de lenguas. Su preocupación ahora, como la de todos, es el inicio del curso en plena pandemia.

-Dijo Antonio Machado, en boca de Juan de Mairena, que, por mucho que un hombre valga, nunca tendrá valor más alto que el de ser hombre.

-La idea de la educación es anteponer los principios humanistas, crear valores éticos, como el respeto a los demás. La labor fundamental del docente es que el alumnado se integre en una sociedad libre en la que todos somos iguales pero diferentes, un lema con el que empezamos a cambiar la estructura de nuestro colegio.

-Otra cita de De Mairena: "Pensar por uno mismo suele conducir a un callejón sin salida y es ahí cuando se busca la puerta al campo".

-Para que un centro funcione hay que buscar el camino propio, darles a los alumnos lo que necesitan. No puede reducirse al currículo cerrado. Si hay un techo se salta la tapia, como el logo de la antigua fiesta del manicomio.

-¿Al niño hay que seguir despertándole la curiosidad, procurar que se pregunte todo, como era la costumbre de estimular antaño?

-En mi centro buscamos que lo niños se planteen dudas. Los alumnos no pueden estar atados siempre al libro de texto, deben ser capaces de salir del contexto.

-"No me toméis demasiado en serio", decía De Mairena a sus alumnos. A los alumnos ahora no hay que insistirles en esa idea hoy, ¿no es así?

-Trabajamos con sistemas en que los niños investigan sus capacidades y buscan las soluciones. Hay muchas fuentes de información y ellos las buscan. En la actualidad no somos los únicos que podemos facilitar los aprendizajes. Esa visión es compartida en la mayoría de los centros. Quizá quede algún vestigio contrario en catedráticos de Secundaria o en la universidad.

-¿Se hace política con la pedagogía?

-Si la política es el arte de influir socialmente y llevar tus ideas a la práctica, creo que sí. Los pedagogos lo hacemos.

-La política y la educación. ¿Qué espera de la anunciada reunión del presidente del Gobierno con los presidentes autonómicos en relación a las medidas que deben tomarse para el comienzo del curso?

-Vamos tarde para hacer cosas de calado que garanticen una vuelta segura a las clases. Pienso que se va a empezar tomando riesgos, si empezamos, porque no lo sabemos. Es una incógnita, igual comenzamos como si no pasara nada y a esperar resultados o se decide retrasar de inicio del curso hasta que haya una estabilización de la pandemia.

-Se habla de la idoneidad de combinar las clases presenciales con las digitales.

-Todos queremos que sean presenciales, pero no a costa de la salud. El gran problema es que no sabemos nada salvo que el 1 de septiembre tenemos que abrir los centros y que el 10 llegan los padres con los niños y no puedo dar seguridad de protegerlos contra el Covid-19. Así es hoy en día... y es doloroso.

-Se reclama incrementar las plantillas de profesores para poder reducir las ratios de los alumnos.

-Cada centro escolar es un mundo propio. Desde las delegaciones educativas deberían haber analizado la situación de los colegios, uno por uno. Aparte está la importancia de que los niños coman y en los comedores no se puede meter a cien niños pegados. En nuestro centro, con las medidas y recursos actuales, seguramente no se pueda poner en marcha el comedor. Sencillamente porque es imposible cumplir con la distancia de seguridad. Es inviable.

-¿Hay intranquilidad?

-No sabemos qué va a ocurrir y estamos a finales de agosto. No podemos cargar con esa responsabilidad, estamos inquietos. Todo esto se podría haber organizado mucho antes, en marzo. ¿Que hay que hacer obras?, pues se hacen. Hay actuaciones que son indispensables.

-No es usted optimista.

-Es que es jugártela a la suerte. En nuestro centro tenemos más de 400 niños y hay espacios comunes en los que tienen que estar, zonas donde la transmisión va a existir con toda probabilidad. Y esos niños, después del colegio, van a salir a la calle a relacionarse. Es como darle normalidad a una situación que es un cara cruz. Vamos a empezar con los mismos recursos que en el inicio del curso pasado, pero con el Covid-19. Es inconcebible.

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