Fran Perea | músico y actor

“Sé que habrá críticas contra mi disco antes de que salga”

Fran Perea, posando para la entrevista. Fran Perea, posando para la entrevista.

Fran Perea, posando para la entrevista. / Javier Albiñana

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–Canta usted en su Canción del guerrero: “Soy un guerrero al que no le gusta luchar / Un arquero que prefiere no apuntar”. ¿Mejor tener la munición a mano, por si acaso?–Esos versos hacen referencia, entre otras cosas, a la manera en que me he enfrentado a ciertas situaciones, algunas muy desagradables, en las que me he visto implicado. Parece que hoy tenemos que estar todos preparados para la vida moderna, pero yo prefiero otras vías. Especialmente las que tienen que ver con no pasar por encima de los demás. A veces, cuando estoy trabajando, se me olvida que cierta gente espera la ocasión de denigrar todo lo que hago. Pero cuando me acuerdo después procuro que eso no me afecte a la hora de crear.

–Y sigue: “Soy un soldado sin bandera que ondear / y que va en primera línea a su pesar”. ¿Tan alto fue el precio de la popularidad?–Sí, en parte lo de “la primera línea a su pesar” tiene que ver con la popularidad, es evidente. Pero también con el simple hecho de crear. Cuando uno tiene ideas casi siempre tiende a mostrarlas, o al menos ése es mi caso, y eso se traduce a menudo en una exposición elevada. Siempre estoy metido en líos, sacando adelante proyectos, emprendiendo, haciendo cosas, pero a veces echo de menos que sea otro el que tire del carro.

–Pero si nadie tirara del carro no habría objetivo contra el que dirigir la envidia en este país.–Así es. Sé que habrá críticas severas contra mi nuevo disco antes incluso de que salga. Claro que lo sé. Pero yo lo saco. No voy a dejar de hacerlo.

–Su disco anterior, Viejos conocidos, salió hace ocho años. ¿Son representativas sus nuevas canciones de todo este paréntesis?–En realidad nunca he dejado de componer, pero empecé a hacerlo de manera consciente para Viaja la palabra hace cuatro años. Llegó un momento en que sentí la necesidad de callarme. Afortunadamente, el trabajo de actor me permite hablar por boca de otros, y a eso me he dedicado todos estos años. Mientras tanto, he podido darle a las nuevas canciones todo el tiempo que requerían. He ido siempre paso a paso de la mano del productor, Alfonso Samos. Y ha sido una suerte poder hacerlo así.

–¿Y está preparado para asumir la responsabilidad que implica hablar ahora por su propia boca?–Sí. Durante los años que me dediqué al circo aprendí todo lo que hay saber sobre la responsabilidad con el salto mortal. Ahí no te puedes equivocar: si te caes, se acabó. Pues bien, siempre tengo la impresión de que voy a dar el salto mortal. Sé que la gente va a rascar y escudriñar las letras y la música del disco hasta no poder más, pero sí, estoy preparado.

Viaja la palabra tuvo una primera presentación en Serbia de la mano del Instituto Cervantes. ¿Cómo surgió esta oportunidad?–El proyecto, tanto a través del disco como del libro, asume un objetivo muy importante respecto a la divulgación de la lengua española. En los Balcanes se mira mucho hacia España y el estudio del español está muy extendido. Pero es que resulta que la emisión de Los Serrano tuvo allí mucho éxito y mucha gente enganchada a la serie se apuntó a estudiar español, en parte por las canciones. Conocí esta historia, me encantó y vimos la posibilidad de hacer presentaciones del nuevo disco enSerbia a través del Instituto Cervantes. Actuamos en Belgrado y en Novi Sad, y fue una experiencia increíble, con las salas llenas y el público entregado.

–¿Continuará su odisea?–Sí. Tenemos muy buena relación con el Instituto Cervantes y muchas ganas de seguir colaborando. Disponemos de un campo muy grande para trabajar. A menudo se mira únicamente a Estados Unidos como lugar natural de la expansión del español, pero nuestra lengua despierta cada vez más interés en países como Polonia o Finlandia. En 2019 haremos una gira por Europa con el mismo empeño puesto en la divulgación del español. Sin descuidar la gira nacional, por supuesto.

–En su disco colaboran Ara Malikian y Rozalén. ¿Hacían falta compañeros de este calibre para su viaje?–Ha sido una verdadera suerte contar con ellos, que les presentáramos el proyecto y les gustara. Malikian toca el violín en Mi voz, una de las primeras canciones que hice para el disco, y Rozalén canta en Mi caballito de mar, un tema que aborda también la crisis creativa, los miedos y los bloqueos. Ambos poseen una calidad musical y humana extraordinaria.

–¿Hay en usted una escisión absoluta entre la composición musical y la interpretación dramática, o percibe confluencias?–Sí que hay elementos en común. Ante todo, el acto de la comunicación: de algún modo, el actor y el músico se dedican a contar historias. Cuando canto una canción no me limito a cantarla, la interpreto, y eso tiene una dimensión dramática. Pero si algo comparten el actor y el músico es la manera de gestionar el tiempo: cada entrada, cada salida, cada gesto, cada movimiento tienen un tiempo preciso, ya sea para actuar o para cantar. Y hay que saber manejarlo.

–¿Han cambiado mucho sus motivos de inspiración musical en estos ocho años? ¿Se cuela la actualidad en sus versos?Viaja la palabra es un disco más introspectivo, más padentro. Inevitablemente, las inquietudes de un tipo de 35 o 40 años y del mundo de hoy están reflejadas. Lo que sí intento evitar son los temas más tópicos, los de siempre, esencialmente el amor y el dolor. Escribo sobre el amor, claro, pero también sobre otras muchas cosas. La experiencia humana es suficientemente rica y diversa.

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