Elecciones Generales 2011

La doble pelea de Chacón

  • El PSC trata de mantenerse como fuerza más votada en Cataluña en unos comicios nacionales y su candidata estelar intenta abrir la puerta que Ferraz le cerró en mayo

La tradicional pegada de carteles que abre el fuego de la campaña electoral nos ha dejado una imagen inédita: la del candidato del PP a la Presidencia del Gobierno por tierras catalanas, en Castelldefels, elección nada casual puesto que el municipio barcelonés era uno de esos tradicionales bastiones del PSC que fueron anegados el 22 de mayo por la marea azul y donde, además, el PP gobierna con la ayuda de CiU, un destello quizá de la recámara de Mariano Rajoy si no se hace el domingo con la mayoría absoluta en el Congreso de los Diputados. Natural. ¿Quién mejor que la derecha catalana para pactos y componendas? ¿Quién se acuerda ya de la recogida de firmas contra el Estatut? ¿O de ese compromiso ante notario de Artur Mas antes de las autonómicas de 2006 de no pactar bajo ningún concepto con los populares?

Esa tercera fuerza política en escaños por esos caprichos de esa Ley D'Hondt que hunde a los votos de IU en la miseria, ese sempiterno comodín del Gobierno central de turno, da igual el color, es y será la reina del contorsionismo político: CiU apoyó al Gobierno de Felipe González durante su último mandato (1993-96); luego al de Aznar, con un pacto de legislatura en 1996, luego al de Zapatero, hasta que el Estatut les divorció; en breve al de Rajoy si fuera menester... Lo que haga falta en nombre de la estabilidad. O de la butxaca, según se mire.

CiU, el nacionalismo catalán responsable por antonomasia, poco dado a estridencias, buen amigo de los eufemismos, debe saber reponerse de sus éxitos -al contrario que los estúpidos-, de esa aplastante victoria en las autonómicas de 2010, en las que los socialistas catalanes cosecharon los peores resultados de su historia, o del de erigirse como fuerza más votada en las elecciones municipales hace seis meses, trance en el que el emergente PP sepultó la añeja etiqueta de fuerza residual, desbancando a la atribulada ERC del bronce electoral. La formación republicana estrena candidatos -Alfred Bosch, que releva a Joan Ridao para el Congreso, y el provecto (103 años) Moisés Broggi, número uno para el Senado- y aspira a mantener los tres escaños de 2008 tras sus sucesivos reveses en las autonómicas y en las municipales.

Cataluña es una de las comunidades donde más se están acusando los recortes sociales en la sanidad, con cierres de quirófanos, despidos de trabajadores y hasta una insólita huelga de médicos en plena campaña. Una concatenación que degeneró en un desafortunado y efímero vídeo del PSC en el que un moribundo fallece en presencia de un maniquí a falta de doctor que lo atendiera. No es de extrañar que en el reciente debate en TV3 entre los principales candidatos catalanes, la piedra de toque de los ajustes refulgiera entre el resto de adoquines de la empinada cuesta.

La trinchera nacionalista pone el acento en el déficit del Estado con Cataluña, la engorrosa balanza fiscal, esos 16.000 millones que se van de la comunidad en impuestos para la madrastra patria.

Josep Antoni Duran Lleida, cabeza de lista por Barcelona, se la tira a la cabeza a los socialistas para asumir también el liderazgo en las generales pero el partido está muy abierto y CiU hasta podría caer al tercer escalón desbordado por el PP de Alberto Fernández Díaz, que aspira a superar los doce diputados de 2000. No se sabe si por nervios o puro tacticismo, las andanadas de Duran contra los homosexuales o la inmigración y su desprecio a la política de subsidios agrarios en Andalucía han devaluado la figura del que era el político mejor valorado de toda España -los que le conocen en las distancias cortas no lo conciben-, que al menos se dotó de su minuto de gloria en campaña aporreando una batería. Si us plau, si John Bonham o Keith Moon levantaran la cabeza...

Pero si alguien está poniendo toda la carne en el asador es la candidata del PSC, Carme Chacón, que el domingo se juega muchas de sus bazas para su gran objetivo en lontananza, la Secretaría General del PSOE. Solemne como buena ministra de Defensa, la otrora niña de Zapatero anunciaba el pasado 26 de mayo que daba un paso atrás para que el partido lo diera adelante, esto es, que renunciaba a disputar el timón del partido a Rubalcaba en unas primarias indeseables para los puentes de mando de Ferraz y Moncloa. "Para no poner en riesgo la unidad del partido ni la estabilidad del Gobierno", proclamó melancólica y con ojos acuosos.

Desde que el presidente del Gobierno confirmara -el 2 de abril- que desistía de optar a la reelección, ella tuvo claro que podía y -por supuesto- quería. No la dejaron, pero la ambición desmedida sólo puede ser aplacada, nunca abatida. "El día 21 la vida continuará de otra manera y con otros objetivos", declaró recientemente. Blanco y en botella. Dice que no piensa en su carrera personal, sólo en que el PSC sobreviva al naufragio en el resto de España. El descalabro también está servido por esos lares -el CIS le priva de nueve de sus 25 escaños- pero tiene muchas papeletas para seguir siendo el más votado en Cataluña, la comunidad que más escaños aporta al Congreso (47) tras Andalucía (60). Y eso le daría alas a la incombustible Chacón, que sabe venderse tan bien -importante- como el cava en Navidad.

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