LAS doce páginas de entrevista que el diario Gara le dedicó ayer a los portavoces de ETA irrumpieron en la campaña para recordarnos que los terroristas vascos siguen perdonándonos la vida ahora que han asumido la cruel inutilidad de sus asesinatos durante casi 40 años.

Ni siquiera la revelación de que el desarme de sus comandos "está en la agenda" de la organización criminal -que es algo muy distinto de anunciar la destrucción de su arsenal- puede considerarse un hito relevante a tenor del comunicado que hicieron el pasado 20 de octubre, justo 31 días antes de ir a las urnas.

Y es que la inadmisible tergiversación histórica y los condicionantes que citan en la entrevista sólo pueden verse como proclamas de campaña para un electorado concreto, el que está dispuesto a votar a Amaiur dentro de nueve días.

En el País Vasco estas elecciones está en juego el reparto del voto soberanista y, a tenor de los sondeos, está muy dividido y amenaza con mermar seriamente al PNV, que además de estar en la oposición perdería la centralidad política de Euskadi.

Respecto al ámbito nacional, ni el comunicado del fin definitivo de la violencia ni el preaviso de desarme que hicieron ayer los criminales tendrán a mi juicio una relevancia sustancial en las urnas.

Sus anuncios son letras descontadas y, por más que lo busque el PSOE, tiene que asumir que la ciudadanía contaba con el fin de ETA hace mucho tiempo, gracias a una política de unidad para aplicar la expulsión del juego político combinada con un constante acoso policial medido en detenidos. Sobre esto último, creo que el PSOE olvida que en su primera legislatura con Zapatero, cuando más división hubo fue porque el PP pedía un regreso a estos parámetros de ni agua al terrorismo. Incluso pienso que la postura que las dos R mantuvieron en el debate aclara que Rubalcaba asume que no puede presentar al cobro letras descontadas.

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