tenis lMasters 1.000 de París-Bercy

El mejor Federer está de vuelta

  • El suizo derrota con solvencia a Tsonga y no cede un solo set en todo el torneo

El suizo Roger Federer puso ayer un broche de oro a su temporada, la peor de su carrera desde 2003, al conseguir la victoria en el torneo de Bercy, el último Masters 1.000 del año, que ganó una semana después de imponerse en Basilea.

A una semana del torneo de Maestros de Londres, el número cuatro del mundo se sacó de la chistera el tenis de alto nivel que durante todo el año había quedado aparcado y se impuso en uno de los tres Masters 1.000 donde todavía no había ganado, junto a Roma y Montecarlo. Derrotó en la final al ídolo local, el francés Jo-Wilfried Tsonga, sexto favorito, que apenas tuvo posibilidades frente al arrollador tenis desplegado por el helvético, que se impuso por 6-1 y 7-6 (3) en menos de hora y media.

Fue su victoria 18 en un Masters 1.000, con lo que supera a Andre Agassi y se queda a un triunfo del español Rafael Nadal, que lidera la clasificación. Además, se convierte en el segundo tenista en haber ganado los dos títulos de París -Bercy y Roland Garros-, tras Agassi.

Nunca, desde que en 2003 ganó el Abierto de Estados Unidos, Federer se había quedado sin una recompensa mayor y este año tampoco quería cerrarlo en blanco. Federer no había ganado nada significativo desde que el año pasado se impuso en el torneo de Maestros.

En París, el suizo superó las 800 victorias, una cifra que le permitió entrar en un selecto club de siete tenistas. Alcanzó su final 99 en un torneo donde nunca había pasado de semifinales.

La clave, según confesó, hay que encontrarla en el parón de seis semanas que se tomó tras el Abierto de Estados Unidos. Por ello llegó en una forma magistral a París y sobrevoló un torneo que completó casi a la perfección. Sin ceder ningún set, algo que no sucedía en un Masters 1.000 desde hace cinco años, cediendo una única vez su servicio, en cuartos frente a Juan Mónaco, y sin sobrepasar en ningún duelo la hora y media de juego.

De Bercy se llevó un suplemento de confianza y el calor de un público francés que le adora, incluso tras privar del título a un tenista local por tercer año seguido en la final.

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