Algeciras CF - Real Balompédica Linense | El ambiente Un Clásico con buen ambiente prolongado hasta en un CTM

  • El Algeciras-Balona se vive con cordialidad y ha ganado en respeto mutuo con el paso de los años

Buen ambiente y camisetas albirrojas y albinegras en los exteriores del Nuevo Mirador. Buen ambiente y camisetas albirrojas y albinegras en los exteriores del Nuevo Mirador.

Buen ambiente y camisetas albirrojas y albinegras en los exteriores del Nuevo Mirador. / Jorge del Águila

"¡Para en Mondéjar!" Esa voz resonó fuerte al fondo del CTM (siempre les explico a los no iniciados que las iniciales CTM forman el nombre histórico de los buses urbanos de Algeciras y La Línea aunque ahora sean de distintas compañías). Y entonces todos los que íbamos en el autocar (silenciosos mientras veíamos el ambientazo del tráfico por los ventanales) nos miramos sorprendidos a más no poder... Hasta que no tuve más remedio que erigirme en una especie de portavoz de los demás (porque nadie decía nada): 

 - Perdone, caballero, ¿Pero cómo que Mondéjar? Este autobús va desde el Nuevo Mirador hasta el centro de Algeciras. No va a Mondéjar. No tenemos ninguna zona en Algeciras que se llame Mondéjar. 

 - ¡¡¡¡Ya lo séeeee!!! 

El hombre, ataviado con su bufanda de la Balona, me mostró un enfado desaforado.

-  Pero ¿Qué le pasa, hombre de Dios?

¡¡¡Pues que hemos perdido!!! ¿No acaba de verlo?

El señor, a la vista estaba, más linense que un Domingo Rociero. Dijo tras calmarse que solo tuvo un pequeño lapsus. Que no nos preocupásemos ni estaba perdido ni nada por el estilo. Que iba a casa de su hija en Algeciras. Y que, como en La Línea coge a diario un bus a Mondéjar, lo había pasado tan mal que solo quería olvidar y hacer como si no fuese domingo ni estuviésemos en Algeciras. Como si fuese cualquier otro día entre semana. 

El hombre estaba indignadísimo. Pero a mí estas situaciones no se me dan mal. Con la vejez prematura que tengo, todo lo relativizo tanto que no sé dónde voy a llegar un día:

- ¿Y ese enfado? ¿No se da cuenta de que si Lopito no llega a parar el tiro de Manu Molina igual el partido hubiera sido otro? Que sí, que somos eternos rivales. Pero yo he ido muchas veces al Municipal y me he vuelto compuesto y sin puntos. Y las que me quedan. Hoy perdió la Balona, mañana le pasará al Algeciras. Y qué, amigo. La vida es así. El fútbol es así. Caprichoso e incierto. Si no, no sería fútbol. 

El hombre comenzó a escucharme con mucha atención. Noté que era de esas veces en que el acto de escucha se convierte en todo un símbolo de verdadera comunicación, con todo lo que de respeto, educación y consideración conlleva. Y entonces, con lo pesado que soy, me dije... "Esta es la mía. Aquí hago yo faena y este hombre llega a casa de su hija con la autoestima para estrenarla. No lo van ni a conocer. Nuevecito".

Le argumenté que los Clásicos son así. Y que se fijase en el ambientazo de fútbol y deportividad que, si quitamos dos o tres tonterías propias de los nervios de estos partidos, habíamos sido capaces de vivir, todos juntos, en el Campo de Gibraltar. Le añadí que había sido una gran tarde de fútbol. Con juego, táctica, intensidad, ataque y defensa. Pendiente el algecirismo de que la Balona no redujera distancias. Loco el balonismo por marcar un gol para meterse de lleno en la posibilidad de igualarlo. 

- Y mire, -le dije- hemos visto a Adolfo Aldana (¡Qué futbolista! ¿Recuerda?) y ha venido también Bernardo Martín, qué de tiempo que no veía a ese expresidente del Algeciras por el estadio. Todo ha ido bien. Nosotros decimos "hoy como enca mi tía" y ustedes dicen "hoy como de mi tía". ¿Y qué, amigo? Esto es fútbol. Noventa minutos que no van hacer que los pasteles del Okay dejen de venderse en las pastelerías de todo el "CampodeGirartá" ¿Ha visto? 

Me estaba quedando un discurso de lujo. El hombre estaba notablemente más tranquilo y conforme. El señor ya hasta se reía con las ocurrencias. Lo sé porque asentía con la cabeza. Pero los oradores siempre tenemos que estar muy atentos a los "ayudantes" o "espontáneos" que aparecen. Porque siempre surgen. Dos filas más adelante se levanta una señora ataviada con un gorro de lana rojo y blanco y, súbitamente, grita: 

- ¡Diga usted que sí! ¡Y como se tapea en La Línea no se tapea en ningún sitio de España! ¿Verdad que sí, Pepe?  -dio un codazo a su marido, absorto en el tráfico que se divisaba al otro lado del cristal-.

No hace falta decir que a Pepe no le quedó más remedio que asentir disciplinadamente. Sentí mi pecho henchido de orgullo campogibraltareño. Me vi tomando el té al mismo tiempo en el hotel Reina Cristina y en el Círculo Mercantil, bañándome gustoso a la vez en la playa de la Segunda Torre y en la de El Rinconcillo. Paseándome por el Paseíto Fariñas y por la Plaza Alta. 

Se lo dije como colofón al hombre. Me vine arriba: "Tenemos los mismos problemas, las mismas preocupaciones. Hasta Almacenes Mérida nos era común. A mí no me busquen para tirar piedras, ni hacer ataúdes con los colores del rival ni peines ni nada así. Eso son cosas del pasado. Si vivimos juntos en este rincón del mundo y compartimos alegrías y desgracias... Cómo iba yo a hacer nada semejante." 

Qué latazo. La que le di al hombre. Estaba frito por bajarse del autobús y ya hasta se le notaba. La gente estaba incómoda ya. El chófer ni les cuento las miradas que me echaba por el retrovisor. Si llegan a saberlo hacen el trayecto caminando. El hombre y el conductor. Qué ansiedad en el señor, que no veía llegar nunca la parada allá donde vive su hija. Me dio un fuerte abrazo, nos intercambiamos las bufandas: "Nos vemos en Mondéjar", me susurró al oído. 

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