CENTENARIO DELIBES La sombra del paloborracho es alargada

  • Miguel Delibes hubiera cumplido este sábado cien años y con este motivo su hijo, el biólogo Miguel Delibes de Castro, recorre en bicicleta y en libro los territorios de una imaginación desbordante

Miguel Delibes de Castro, hijo del escritor, dirigió la Estación Biológica de Doñana. Miguel Delibes de Castro, hijo del escritor, dirigió la Estación Biológica de Doñana.

Miguel Delibes de Castro, hijo del escritor, dirigió la Estación Biológica de Doñana. / José Angel García

Este Delibes vino con un pan bajo el brazo. El año que nació Miguel Delibes de Castro, 1947, su padre, Miguel Delibes Setién (1920-2010), ganaba el premio Nadal con La sombra del ciprés es alargada. En el centenario del novelista, es otro árbol el que vuelve a unir al escritor con el primogénito, el mayor de sus siete hijos: Miguel, Ángeles, Germán, Elisa, Adolfo, Juan y Camino. Entre los dos libros hay 45 años de diferencia. Las guerras de nuestros antepasados es una novela que Delibes padre publicó en 1975. Un alegato contra la pena de muerte el año que murió Franco. En la portada de Destino aparece un árbol fundamental en la historia, el Hibernizo, un manzano que florecía en noviembre y daba fruto en febrero. El protagonista de la novela se llama Pacífico Pérez. Su bisabuelo combatió en la guerra de Prim; su abuelo, en la de África; su padre, en la guerra civil, que vivió Delibes.

El árbol vuelve a aparecer en un libro de Miguel Delibes hijo, biólogo de profesión, titulado Cuaderno del carril bici (Tundra). Phileas Fogg tardó 80 días en darle la vuelta al mundo en la novela de Julio Verne y este Delibes tardó un año, del 1 de febrero de 2015 al 1 de febrero de 2016, en darle la vuelta a Sevilla en bicicleta con algunas escapadas a Ayamonte, Oporto, Galicia, las Azores y la tierra de sus mayores, Valladolid, donde por mor de la pandemia hoy no podrán juntarse los siete hijos, 18 nietos y nueve bisnietos del novelista para celebrar el centenario de su nacimiento.

La primera en la frente. Una caída al comienzo de su itinerario ciclista le costó perderse el maratón de Sevilla de 2015. El hijo de Delibes encontró en Sevilla algunos hijos de Hibernizo. Un árbol que llama paloborracho, árbol de la familia de las ceibas oriundo de las áreas tropicales y subtropicales y cuyo fruto se usa para rellenar cojines y almohadas. Encontró uno en Torneo, Paseo de Juan Carlos I, muy cerca de la estación de Autobuses, y otro en la Cartuja, cerca de las oficinas de la Estación Biológica de Doñana.

Los árboles de Delibes hijo y Delibes padre en sus respectivas obras. Los árboles de Delibes hijo y Delibes padre en sus respectivas obras.

Los árboles de Delibes hijo y Delibes padre en sus respectivas obras. / José Angel García

Miguel Delibes padre tuvo mucho que ver con la afición ciclista de sus cuatro hijos varones. Todo empezó con un tal Frédéric Delibes que vino de Francia para trabajar en el ferrocarril del norte. Se enamoró de una montañesa, "la bisabuela Saturna", recuerda su bisnieto, y se quedó para siempre en España. Tuvo tres hijos: Adolfo, padre del novelista, Luis y Enriqueta Delibes, que se casó con Santiago Alba, que fue varias veces ministro con Alfonso XIII y presidente de las Cortes en la República. En 1888 se disputó en el Campo Grande la primera carrera ciclista que recoge la hemeroteca de El Norte de Castilla, periódico que dirigió Delibes entre 1958 y 1966. La carrera la ganó Santiago Alba y segundo fue Luis Delibes. Un tío político (doblemente) y un tío carnal del futuro novelista.

Algo debieron influir los genes. "Siendo novios, en verano mi padre venía a Sedano en bicicleta para ver a mi madre, Ángeles, desde Molledo-Portolín, en lo que hoy es Cantabria", cuenta el hijo biólogo. "Son cerca de 100 kilómetros, que en los primeros años cuarenta del siglo pasado, con las bicis y carreteras de entonces, debían hacerse durísimos. Mi padre viajaba tan contento al encuentro de su novia que al iniciar los descensos tras los duros repechos de las Hoces de Bárcena gritaba al mundo '¡Soy el hombre más feliz!".

Los hijos hablaron con su padre de organizar una carrera para recordar un trayecto tan romántico, pero la peligrosidad de la carretera los disuadía. En 2010, el año que murió, inauguraron la autovía que unía Castilla con Cantabria por Reinosa, "despejando el tráfico de la antigua carretera nacional". Participaron los cuatro hijos varones, su hermana Camino diseñó una camiseta con la efigie de sus padres, y de la siguiente generación. Así surgió la Clásica MAX, pues como MAX (iniciales de Miguel, Ángeles y la X de lo que pudiera venir) firmaba su padre sus caricaturas periodísticas en los años cuarenta.

Una prueba ciclista muy emotiva en la que hicieron escala en Paradores, una casa de postas donde una vez su padre se detuvo a tomar unos huevos con chorizo. Atravesaron Santa Olalla, donde su padre se aficionó a la pesca, y Pola de la Sal, presidida por un obelisco dedicado a Félix Rodríguez de la Fuente, burgalés fallecido hace 40 años y con el que trabajó Delibes de Castro, como se nota en la abundante información sobre fauna y flora que aparece en su Cuaderno del Carril-Bici, como la relación con el cambio climático de los procesos migratorios de la abubilla, el milano negro o las truchas.

Instalación en Valladolid del monumento a Delibes en la entrada a Campo Grande. Instalación en Valladolid del monumento a Delibes en la entrada a Campo Grande.

Instalación en Valladolid del monumento a Delibes en la entrada a Campo Grande. / Europa Press

Todos los hermanos Delibes recogieron los dorsales para participar en el Desafío del Canal de Castilla. Bordeando el Pisuerga y el Duero, irían hasta Tordesillas, ciudad unida a un Tratado que estaba en el pleito que españoles y portugueses mantuvieron durante la primera Vuelta al Mundo de Magallanes. Junto al Monasterio de Santa Clara, del siglo XIX, hay una gran letra D que identifica las Rutas Delibes de la Diputación de Valladolid. El Canal fue una iniciativa del Marqués de la Ensenada proyectado por el ingeniero sevillano Antonio de Ulloa.

Llegando al pueblo de Cortiguera, el biólogo recuerda que en una de aquellas excursiones en familia su padre imaginó la historia que convirtió en la novela El disputado voto del señor Cayo, escenario en el que en pleno franquismo sus amigos fantaseaban con construir allí "una república de hombres libres". Sedano era el Macondo de Delibes. Con una vivienda familiar, la Casona, con más de dos siglos de historia, un pueblo situado "entre la austera aridez castellana y la brumosa melancolía norteña". El sueño del Canal de Castilla, darle salida al trigo por esa vía navegable hasta el puerto de Santander.

Hay en Cartuja y Torneo ejemplares de un árbol similar al de 'Las guerras de nuestros antepasados'

El diario ciclista del biólogo en ese viaje de 2015 a 2016 se lee ahora como un libro de ficción: procesiones de Semana Santa, casetas de Feria, celebraciones del ascenso del Betis o del triunfo europeo del Sevilla. No se perdía por televisión una etapa de la Vuelta, el Giro o el Tour. El de Bahamontes en 1959 fue muy sonado. Recuerda que entonces no se radiaban las etapas y con sus amigos acudía cada tarde, a la salida del colegio, a la sede del periódico El Norte de Castilla, entonces dirigido por su padre, y allí colgaban en la puerta una pizarra con los resultados de la etapa, la clasificación y la posición de Bahamontes. El periódico que dirigía Delibes dio ese año la noticia del Tour de Bahamontes, el Nobel de Severo Ochoa, la visita de Eisenhower a España o el Nadal que ganó Ana María Matute.

Esa realidad es la fantasía de las novelas de Delibes, que llevó su mundo onírico hasta el festival de Cannes con la versión cinematográfica de Los santos inocentes, única novela que escribió para Planeta. Sus hijos lo recuerdan ahora cada uno en su destino. A Miguel le cogerá en La Punta del Moral. Recordando aquellas peripecias infantiles jugando a Robin Hood con su hermano Germán o leyendo los libros de la serie Cuando los grandes héroes eran niños después de que su padre les contara la historia de Jeromín, el nombre de niño de Juan de Austria, el héroe de la batalla de Lepanto. Las guerras de nuestros antepasados.

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