Lugares sin mapa | Crítica La pregunta por el lugar

  • ¿Cómo le damos forma al mundo al mirarlo, al estar en él de una determinada manera? Alastair Bonnett invita en este cautivador ensayo a repensar el concepto que tenemos de la Geografía

El escritor y profesor de Geografía británico Alastair Bonnett (Epping, 1964). El escritor y profesor de Geografía británico Alastair Bonnett (Epping, 1964).

El escritor y profesor de Geografía británico Alastair Bonnett (Epping, 1964). / D. S.

En un mundo saturado de imágenes como el nuestro, donde la cámara se cuela hasta en el último recoveco del dormitorio y revela sin pudor las intimidades del vecino, cuesta creer que puedan existir lugares secretos. Se considera, y es falso, que Google Maps ha hundido el negocio de la cartografía, condenando al basurero de lo obsoleto aquellos atlas de nuestra infancia en los que lo probable se aleaba a lo científicamente testado y el mundo era una superficie de papel tricolor, surcada por fronteras de puntos, servida en cómodos rectángulos gracias a la intersección de meridianos y paralelos: ¿qué sentido tienen hoy estas burdas representaciones, esas tentativas menores de retratar el espacio, cuando disponemos, con sólo pulsar dos veces el puntero, de las fotografías que nos ofertan los satélites? ¿No son mucho más fiables y definitivos la orografía, los desiertos y archipiélagos que sirven estos programas combinando instantáneas que cualquier dibujo de colorines recreado por un geógrafo? En 2014, Alastair Bonnett nos mostró que nos equivocábamos.

En su libro Off the map (aquí en España Fuera del mapa), el autor británico revelaba, entre otras cosas sorprendentes, que muchos de los retazos de los que se compone el territorio de Google Earth y servicios afines no son menos hipotéticos y embusteros que los de los portulanos de antaño: que, enfrentado a rincones del globo poco transitados o directamente opacos, el programa inventa mares e improvisa islas donde no los hay.

Aquel volumen de Bonnett, profesor de Geografía Social en la Universidad de Newcastle y viajero impenitente, trataba de desmentir, a través de una acumulación de insólitos detalles topográficos, esa superstición tan extendida según la cual nuestro planeta está ya tan explorado, tan explotado, que no hay nada nuevo que encontrar en él. La creencia es falsa en varios sentidos: no sólo porque, en efecto, queden esquinas inasequibles a los objetivos que esperan a su Colón particular (islas que aparecen y desaparecen en la marea, países que duran un día, ciudades y estados unos dentro de otros como en las famosas muñecas y cajas), sino porque, sobre todo, el mismo concepto de espacio, de punto físico, puede ser reencontrado como una nueva América y plantearnos de nuevo qué queremos decir al afirmar que visitamos, que atravesamos, que vivimos en un lugar determinado.

Lugares sin mapa, editado ahora por Blackie Books, es la secuela de aquella primera incursión de Bonnett en nuestro subconsciente topológico. Pues de eso se trata aquí también: de realizar una labor de sondeo y rescate para sacar a la luz todo lo que ignoramos sobre el suelo que nos sustenta. No en vano el autor se ha curtido (así revela la solapa) en publicaciones de signo psicogeográfico: es decir, en esa especie de práctica, por no llamarla vertiente artística, filosofía popular, deporte, pasatiempo o boutade pura y simple que, entroncando con el situacionismo de Debord, y, más allá, con patafísicos y surrealistas, pretende recrear o reinventar los espacios, liberarlos del oprobio a que los somete el peso diario del capitalismo, mediante excursiones, visitas a puntos emblemáticos, performances, vivencias varias, delirios, borracheras, imaginación.

Cubierta del libro Cubierta del libro

Cubierta del libro / D. S.

De modo que lo que el libro de Bonnett contiene (igual que el anterior) es una especie de manual de uso de los lugares, con el fin de rescatar su esencia por debajo de toda la mugre con que la recubren diariamente el tráfico, el turismo, la indiferencia, el camión de la basura del ayuntamiento.

El recorrido se divide en cinco partes. La primera, Islas revoltosas, se interroga sobre esa entidad escurridiza, la de isla, que tanto atractivo presenta para piratas, prófugos y multimillonarios, y contiene jugosa información sobre islas limítrofes, y otras que lo son sólo parte de un día, o parte del año, antes de que se las traguen las olas. En la segunda, Enclaves y naciones inciertas, lo que se vuelve dudoso es otro concepto matriz de la geografía, el de frontera: porque en estos sitios (los eruvim hebreos, la Soberana Orden Militar de Malta) dichos límites o bien no existen o no significan aquello a que nos tienen habituados.

Lugares utópicos, la tercera parte, explora fantasías con parcela propia en los catastros, como el Jardín de Roca de Nek Chand en la India, o el mundo virtual de Second Life. Las cuarta y quinta partes, acaso las más exóticas, abordan los lugares "fantasmagóricos" y "ocultos": túneles fantasma, refugios nucleares, ciudades hechas de basura, calles-trampa, oquedades subterráneas y hasta subacuáticas, que extienden casi al infinito esos trillados mapas de los que hablábamos al principio.

La filosofía reconoce desde sus orígenes como una de las más acuciantes cuestiones la pregunta por el ser; Alasdair Bonnett nos enseña que existe otra no menos ubicua, medular: la del estar.

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