Una vida breve | Crítca

Proyectos para un mañana

  • La matemática e historiadora Michéle Audin recorre en 'Una vida breve' el tenue rastro de su padre, el matemático Maurice Audin, asesinado en 1957 por del ejército francés, durante la guerra de Argelia 

La autora, con el presidente de la República francesa, Emmanuel Macron La autora, con el presidente de la República francesa, Emmanuel Macron

La autora, con el presidente de la República francesa, Emmanuel Macron

No es hasta el XVIII cuando la biografía burguesa, la biografía del “villanchón redondo” que inaugura Torres Villarroel, focaliza el pormenor humano de hombres sin mayor relieve. Por supuesto, están los modelos clásicos de Plutarco, de Suetonio, de Diógenes Laercio, sobre los que se deslizarán, un siglo y otro, Eginardo, Vasari y Karel van Mader; pero siempre aplicados a las prominencias de la Historia, fuera ésta religiosa o laica. El hombre “normal”, el fruto de la revolución burguesa, aún tardaría en llegar a los pliegues de la literatura y a los anales, ya nutridos en exceso, de Occidente. Y es aquí donde debiéramos incluir este Una vida breve de Michéle Audin, si efectuamos la salvedad debida. Esta obra de Audin no es tanto una biografía como su huecograbado; no es tanto el brillo de una existencia como su expresa fantasmagoría.

Se recogen aquí las huellas que deja un hombre joven, indagadas con fervor y diligencia por su hija

El padre Michéle Audin, el matemático Maurice Audin, murió torturado por el ejército francés en la guerra de Argelia. Esto ocurrió en junio de 1957, y no fue hasta 2014 cuando el Estado reconoció oficialmente tales crímenes. En aquel momento, Maurice Audin, militante del PCA, contaba veinticinco años de edad. La autora de estas páginas era una niña de tres años. En cualquier caso, no es de aquella muerte, sino de la vida, de lo que trata este libro. Y en concreto, de sus huellas, de las huellas que deja un hombre joven, indagadas con fervor y diligencia por su hija. Esto implica que lo que aquí se ofrece es la estructura vacía, el vaciado de una existencia, o el aroma de un aroma indeterminado y lejano. Nunca el recuerdo espumeante y breve que la autora conserva para sí.

¿Qué se pretende, pues, con esta fase previa o póstuma de lo biográfico, donde el protagonista no comparece sino como indicio, como dato, como presencia fugaz, abocetada apenas? Acaso eso mismo: mostrar la posibilidad y el hueco de una vida, abruptamente cercenada. Mostrar, digamos, la inanidad del mundo, tras la extracción de quienes lo habitaban.

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