'Homenaje póstumo y otros relatos' | Crítica Buscando el paraíso

  • El americano Lamar Herrin retrata, en sus espléndidos relatos, el sur como el edén perdido de la infancia

El escritor norteamericano Lamar Herrin. El escritor norteamericano Lamar Herrin.

El escritor norteamericano Lamar Herrin.

El narrador norteamericano Lamar Herrin (Georgia, 1940) confiesa que escribe relatos en los interludios en los que espera "que se llene el depósito para la siguiente novela", aunque tras la lectura de las historias recopiladas en Homenaje póstumo y otros relatos resulta sencillo darse cuenta de que sus narraciones cortas no son únicamente un mero pasatiempo. El volumen que ha publicado recientemente Chamán Ediciones y El Problema de Yorick incluye seis relatos que vieron la luz originalmente por separado y que cubren prácticamente toda la trayectoria literaria del autor, desde Su viaje hacia el oeste, que se publicó en 1981, a Nuestra Peggy, que se publicó por primera vez el pasado año.

Como el propio Lamar Herrin reconoce en el prólogo de Homenaje póstumo y otros relatos, en estas historias la cultura del sur de los Estados Unidos juega un papel fundamental. Para el autor, el sur es el paraíso perdido de la infancia, el lugar en el que nacen los recuerdos, también la violencia, el amor y la amistad. Es también el territorio en el que una vez sucedió ese espejismo que se llama juventud, el tiempo glorioso que se fue demasiado deprisa. Pese a estar escritas en diferentes momentos vitales, todas estas historias tienen en común la búsqueda de ese espacio mítico, físico o mental, que quedó grabado para siempre.

El sur es el territorio en el que una vez sucedió ese espejismo que se llama juventud

Cada relato se conforma así como un viaje, casi siempre físico, en la mayoría de las narraciones explícito. Para el escritor norteamericano el viaje es una necesidad vital, una prueba iniciática para los hombres de su generación. Él mismo ha declarado alguna vez que ha cruzado el país varias veces. Por eso cuando en estos relatos nos habla de carreteras infinitas, de heladas autopistas o de desiertos insondables, el lector los tiene delante de la vista. El paisaje, la naturaleza, juega un papel fundamental en esos cuentos. En ellos, se puede oír el canto de los zorzales (Nuestra Peggy), oler la hierba recién cortada o el maíz creciendo en los campos, se puede sentir alivio con la brisa que corre en una calle desierta en plena canícula estival (Lápidas) o podemos sentir miedo en los bosques poblados de peligrosas serpientes (Una vida dulce y soleada).

Estamos, sin embargo, ante una naturaleza íntima en la que todo cobra un sentido personal y remite a un recuerdo hiriente o amable, pero siempre perdurable. Herrin opta no obstante por cierto distanciamiento forjado a través del humor y de cierto tono irónico que elude la solemnidad. Lo vemos, por ejemplo, en Nuestra querida Peggy, el cuento más reciente de los publicados en este volumen. El personaje central es una encantadora e indómita mujer muerta recientemente y el nudo de la historia un trozo de hueso hallado entre las cenizas que un grupo de amigos han ido a esparcir por el campo para cumplir la voluntad última de la desaparecida. La situación que se produce ante este hallazgo no deja de ser absurda, aunque al mismo tiempo remite al carácter sagrado de la naturaleza y sus criaturas, con alusión a William Carlos Williams incluida.

En Lápidas el lector se enfrenta a la conmovedora, pero a la vez inquietante, historia de un hombre que rememora su infancia en contacto con la naturaleza y rodeado de un ambiente familiar peculiar. Pero la historia adquiere un tono siniestro cuando descubrimos que el padre del protagonista vende granito para lápidas y que su hijo lo acompaña a veces a ver a sus clientes por los pueblos de los alrededores. Incluso en el relato que abre el libro, Homenaje póstumo, la insistencia de la mujer para que su marido busque la tumba de un antiguo amor de juventud no deja de ser, en cierto modo, grotesca, sin que por eso deje de ser éste uno de los relatos más emocionantes y evocadores de la selección.

La mayoría de los personajes de estos relatos, que en ocasiones reaparecen o se cruzan, son habitantes de un mundo que ya no existe. Muchos están en la edad madura y recuerdan el pasado con miedo y nostalgia, pero todos intentan volver a él, aunque sea por un instante, a través del relato de una historia personal o de un viaje. Esta vuelta al pasado es imposible o al menos decepcionante, como ocurre en Su viaje al oeste, y a veces es tremendamente turbadora. Es lo que sucede en uno de los relatos más sobresalientes del conjunto: Música y baile. En él, una anciana cuenta a su hijo la truculenta historia del linchamiento de un hombre negro que ella presenció de pequeña y que, en cierto modo, parece el reverso de Matar a un ruiseñor de Harper Lee.

La obra de Lamar Herrin parece arraigada en la firme creencia en la literatura como modo de ordenar el mundo y las propias vivencias. Con Homenaje póstumo y otros relatos el lector descubrirá la mano certera y la mirada atenta de un escritor que se incardina en la mejor tradición del cuento norteamericano.

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