Historia de la II Guerra Mundial en la comarca

Del Plan G a la Operación Félix (y II)

  • Tras analizar los informes de su servicios secretos, Hitler dio su conformidad para realizar una operación militar de ocupación del Peñón entre junio de 1940 y enero de 1941

El General Franco reunido con Heinrich Himmler en 1940 El General Franco reunido con Heinrich Himmler en 1940

El General Franco reunido con Heinrich Himmler en 1940

El almirante Wilhelm Franz Canaris, como jefe de la inteligencia alemana, trasladó al Alto Estado Mayor español el deseo del Alto Mando estratégico de las Fuerzas Armadas (OKW) de que se pusiese a disposición de la Wehrmacht una precisa cartografía sobre Gibraltar, así como cuanta información fuese posible sobre la colonia. Sin salirse del ámbito de la operación, pero de una forma más general, también se requirió información sobre las disponibilidades españolas en cuanto a artillería y aviación, así como una estimación más exacta de la ayuda militar que se pensaba requerir a Alemania.

En la última semana de julio de 1940, la Comisión Mikosch se trasladaría hasta el Campo de Gibraltar pudiendo desarrollar cómodamente sus trabajos bajo la cobertura del Alto Estado Mayor, contando con la colaboración del Gobernador Militar de la zona.

La misma existencia de esta misión sugiere que en julio de 1940 Alemania y España habían cerrado un acuerdo de colaboración militar que esencialmente se sustanciaba alrededor de la operación para tomar Gibraltar. Ello implicaría que, aún creyendo en la posibilidad de una “guerra corta”, Franco había optado por mantener abierto el camino hacia una pronta entrada de España en la guerra en las condiciones expuestas por Vigón el 19 de junio.

Tras su regreso a Alemania, a comienzos de agosto, Canaris en persona hizo entrega a la Plana Mayor de Operaciones del OKW de un informe en el que se contenía la primera propuesta táctica para tomar la colonia redactada por oficiales de la Wehrmacht.

Basándose en este estudio, tres semanas después, la Sección de Defensa terrestre de la Plana Mayor de Operaciones del OKW redactaría un primer plan para conquistar Gibraltar que fue aprobado por Hitler el 25 de agosto.

España apenas si contaba con un simple esbozo de operación, un planteamiento puramente teórico, basado en el tradicional método del cerco artillero. La documentación disponible lo relaciona con la propuesta contenida en el informe nº 3 de Jevenois.

Todo parece indicar que la falta de progresos que se daría en los trabajos de planificación españoles fue debida a la carencia del armamento necesario. Razón por la cual la operación de Gibraltar nunca pudo concretarse hasta los niveles que lo hicieron los alemanes.

Había quien, como el mencionado General Jevenois, contemplaba las disponibilidades españolas con grandes dosis de voluntarismo, esforzándose en hacer de la necesidad virtud. Pero las conclusiones de los informes elaborados en mayo de 1940 por el propio Estado Mayor del Ejército resultan definitivamente concluyentes a la hora de demostrar que el Ejército español carecía de los medios necesarios para acometer tal empresa.

Con la maniobra de acercamiento al Eje iniciada a mediados de junio, se había abierto la posibilidad de que Alemania proporcionase medios. Y ello permitió que el esbozo de una operación para tomar Gibraltar comenzara a tomar forma. Franco siempre la consideró como una empresa netamente nacional. Una acción que las fuerzas armadas españolas ejecutarían gracias al armamento alemán y con el apoyo de un contingente de la Wehrmacht.

La conquista del Peñón vendría pues de la mano de una operación hispano-alemana basada en un asalto terrestre, sostenido por un gigantesco despliegue artillero y bajo la cobertura de un impresionante paraguas aéreo.

Los primeros trabajos realizados por el Estado Mayor del Ejército alemán sobre Gibraltar se ocuparon de determinar la capacidad de las fuerzas armadas españolas, así como las posibilidades reales que había de emplearlas en la operación contra Gibraltar. Sus conclusiones fueron definitivas.

Si además tenemos en cuenta que, de una forma explícita, estos informes reflejan opiniones personales del General Carlos Martínez Campos, el militar que desde su creación había venido desempeñando el cargo de Jefe del Estado Mayor del Ejército, se refuerza aún más la idea de que se habían redactado con la colaboración de la cúpula militar del Ejército español.

Por otra parte es difícil precisar cuál fue la vía empleada para hacer llegar a Franco muchas de las sugerencias alemanas. Aún así, es posible percibir su existencia en la documentación diplomática, en las cartas que en la segunda quincena de agosto se cruzaron Franco y Mussolini, o en el contenido de las anotaciones e informes redactados aquel verano por los enviados especiales de Berlín.

El 'HMS Argonaut' navegando próximo al Peñón de Gibraltar en noviembre de 1942 El 'HMS Argonaut' navegando próximo al Peñón de Gibraltar en noviembre de 1942

El 'HMS Argonaut' navegando próximo al Peñón de Gibraltar en noviembre de 1942

Durante la entrevista que Canaris mantuvo con su interlocutor habitual, el General Vigón, el almirante le solicitara una serie de trabajos relacionados directamente con la operación contra el Peñón. Entre ellos estaba la construcción y acondicionamiento de la red viaria en las inmediaciones del objetivo, el mantenimiento en óptimo estado de los aeródromos andaluces de Antequera, Granada, Jerez, Morón, Sevilla y Tablada, o la consolidación y refuerzo de las fortificaciones, observatorios y obras defensivas en el istmo de La Línea.

En aquella ocasión, Vigón no dudó además en poner de manifiesto a sus interlocutores que, en líneas generales, las ideas de Franco al respecto coincidían básicamente con los ejes fundamentales del recién aprobado plan de ataque alemán.

En cuanto al estado de preparación de España, le citó la distribución y emplazamiento de artillería a lo largo de toda la costa oriental de Tarifa, o el refuerzo de la guarnición del Protectorado. Canaris proporcionaría una nueva evidencia del particular interés que tenía en la toma de Gibraltar, al referirse nuevamente a la posibilidad de emplear sus unidades especiales Brandenburg para reforzar el despliegue militar de la zona circundante. Por supuesto, también se trató el tema de la ayuda militar.

Dentro de este refuerzo de la red del Abwehr, y siguiendo instrucciones de la Plana Mayor de Operaciones del OKW, destacaremos la llegada a la comarca del Comandante Fritz Kautschke. Un experto del arma que Canaris había enviado en principio para encargarse de precisar los detalles del cerco artillero de la operación.

Con la colaboración, tanto del Estado Mayor del Ejército como del Gobierno Militar, Kautschke se dedicó a completar los datos sobre los mejores emplazamientos para las diferentes piezas y su correspondiente red de observatorios plasmándolos luego en una precisa cartografía. En su labor había contado con el asesoramiento del General Antonio del Rosal y Rico, uno de los artilleros de mayor prestigio del Ejército español y hombre de la total confianza, tanto del Ministro del Ejército General Varela, como del General Martínez Campos. Todo lo cual no hace sino ratificar la ya mencionada participación del Ejército, a través de su Estado Mayor, en el marco de colaboración abierto con los alemanes.

Posteriormente el Estado Mayor del Ejército reclamaría al Abwehr la cesión de todo el material recopilado por Kautschke. Esta documentación resultó de mucha utilidad en el futuro adiestramiento de las unidades artilleras alemanas destinadas a la operación de Gibraltar.

A partir del 17 de septiembre de 1940, con la definitiva cancelación de Seelöwe y la implantación de la denominada “estrategia periférica”, la preparación de sus dos operaciones clave –Gibraltar y Suez– pasaba definitivamente a un primer plano. Ante la perspectiva de tener que dar pronta respuesta a una nueva situación bélica, el Jefe del Estado Mayor del Ejército, General Halder ordenaría a su Sección de Operaciones la preparación del ataque a la colonia a partir del plan que el OKW había redactado.

Para ello no tuvo dificultad en conseguir de este organismo la información acumulada hasta entonces. De tal suerte que, a finales de septiembre, los oficiales del Gen.St.d.H. se encontraban ya trabajando en la operación de Gibraltar, a la espera sólo de que, de forma inminente, se consiguiera cerrar el preceptivo acuerdo con España que permitiera su ejecución. Tanto es así que, a primeros de octubre los alemanes estaban ya redactando el conjunto de órdenes relativas a las fuerzas participantes, a su traslado desde la Francia ocupada o a la organización de su abastecimiento.

Para que el Estado Mayor pudiera seguir avanzando había primero que solucionar una cuestión particularmente espinosa. Esta giraba en torno al grado de participación que cabría dar a las fuerzas armadas españolas. Los estudios realizados hasta entonces por el Estado Mayor del Ejército habían concluido que, debido a sus carencias en armamento y equipo moderno, así como a su falta de experiencia en el empleo de estos medios, el Ejército español no estaba en condiciones de ofrecer el nivel de eficacia exigido para una operación como aquella. Se había llegado a la conclusión de que, para garantizar el éxito del ataque, su ejecución debía ser confiada exclusivamente a unidades alemanas.

Hitler dio su aprobación a la propuesta, pero insistiendo en que se debía ser extremadamente reservado hasta que el asunto pudiera ser tratado con los españoles de forma adecuada.

A la postre, había sido la disponibilidad o no del armamento necesario, lo que había determinado las posibilidades que sus estados mayores tuvieron para desarrollar sus respectivos trabajos de planificación. De manera que, seis días antes del famoso encuentro Franco-Hitler en Hendaya, el General Halder había remitido al OKW un plan ya completamente desarrollado para tomar Gibraltar.

Por el contrario, lo que deja entrever el único documento conocido sobre los preparativos del Estado Mayor español es que, al encontrarse en gran medida a expensas de una ayuda alemana aún por concretarse, estos apenas habían podido ir más allá de asumir la idea consensuada en su día con los alemanes, y acompañarla del listado de material necesario que estos debían aportar para hacer posible su ejecución.

Finalmente, las expectativas abiertas por el encuentro de Hendaya respecto a una pronta entrada de España en la guerra fueron de tal magnitud que el Ejército decidió proceder a la concentración y adiestramiento del cuerpo expedicionario. Desde el principio la operación de Gibraltar había venido llamándose G, pero en la segunda semana de noviembre, una vez desarrollada por el Estado mayor del Ejército, el OKW decidió bautizarla con el nombre clave de Félix. Este plan entraría en fase de ejecución mediante la Directriz XVIII, cursada sólo horas después de que España ratificase con la firma de su ministro de Exteriores el llamado Protocolo Tripartito de Hendaya, que suponía para España el cierre de la alianza militar con Alemania e Italia.

A pesar de ello, todo parece indicar que la Operación Félix, tal como había quedado finalmente perfilada, seguía siendo completamente desconocida para los españoles. De manera que, en los días posteriores a Hendaya y a la espera de la ayuda alemana, el trabajo del Estado Mayor de Franco se había limitado a recoger y actualizar la información disponible sobre el objetivo, a mejorar las infraestructuras necesarias para el soporte táctico y logístico de la operación, y a continuar con los trabajos de fortificación y artillado. La falta de medios para proceder a su ejecución seguiría reduciéndola a un estudio meramente teórico.

El envío a España de nuevas comisiones militares alemanas en la segunda mitad de noviembre permiten demostrar con contundencia la intensidad y profundidad de la colaboración militar que llegó a existir entre España y Alemania y la vigencia del marco establecido por Canaris seis meses atrás.

Su desarrollo siguió las pautas de comisiones anteriores. El carácter altamente sensible de estos datos constituye en sí mismo una clara evidencia del nivel de colaboración que a finales de 1940 se daba entre la Wehrmacht y las Fuerzas Armadas españolas.

En cuanto a los trabajos desarrollados en diciembre por las comisiones Lanz y Pamberg, encargadas de pulir los últimos detalles de los aspectos tácticos y logísticos de la que creían inminente operación contra Gibraltar, constituyen el ejemplo más documentado de cómo se articulaba la cobertura que proporcionaban a estas misiones las autoridades españolas. Al estudiar estas misiones, y más concretamente la comisión Pamberg, nos encontramos por primera vez con referencias a un salvoconducto especial otorgado por el Ministerio de la Gobernación, mediante el cual sus integrantes dispusieron de paso libre a través de la frontera hispano-francesa, y por el que también se instaba a los funcionarios y organismos oficiales a que les prestasen cuanta ayuda pudiesen requerir.

La condición de aliada militar de Alemania explicaría sobradamente todo esto. Sin embargo lo sucedido con anterioridad a ese once de noviembre, sobrepasa sin duda los límites de la neutralidad benevolente ejercida por España en los primeros meses del conflicto, para introducirnos en la nueva realidad que inauguró la proclamación de la no beligerancia en junio de 1940.

La colaboración que se dio en torno a la operación para reconquistar Gibraltar permitió cobrar forma a aquella alianza virtual entre España y las potencias del Eje tan aireada por la retórica del momento.

Su seguimiento en detalle permite, que a pesar de lo acordado tras el encuentro Hitler-Serrano del Berghof, la negativa española a entrar en la guerra a corto plazo se desplace hasta el fracaso de las gestiones protagonizadas por Canaris a mediados de diciembre; un fracaso que determinaría la inmediata suspensión de Félix. A pesar de ello y aunque considerablemente atenuada, la colaboración hispano-germana en torno a Gibraltar se mantendría hasta que las expectativas de su conquista quedasen definitivamente sepultadas tras las graves derrotas sufridas por el Eje en Rusia y el Norte de África.

Con el giro hacia la neutralidad experimentado en la política exterior española de la mano del Ministro Jordana, el rastro de aquella colaboración comenzó a quedar intencionadamente desdibujado. Para quedar totalmente sepultado durante los primeros años de la posguerra, cuando enfrentados al boicot internacional el régimen franquista centró sus esfuerzos en distanciarse de todo lo que pudiese vincularle al Eje.

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