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Volar, pero no solo con la cometa

  • La asociación 'Kitesirens' trabaja con jóvenes con necesidades de inclusión social Las instructoras del proyecto Tribu del Sol desarrollan su programa en Tarifa

El kitesurf como terapia. Como camino hacia la autoconfianza, hacia el control sobre tu propia vida. Esta es la filosofía del proyecto Tribu del Sol, promovido y organizado por la asociación Kitesirens. El colectivo, que nació hace apenas unos meses de la mano de tres mujeres, ha estado en Tarifa estos días para trabajar con chicas con necesidades de inclusión social, como ya hicieron en el Delta del Ebro o en la Manga del Mar Menor, en Murcia.

La idea de poner en marcha esta iniciativa surgió de un grupo de mujeres que se conocieron en Barbados gracias al amor por la cometa y el viento. De su encuentro nació Kitesirens y luego Tribu del Sol, un programa respaldado por patrocinadores del mundo del kite que les ha llevado a colaborar con distintas chicas en diferentes puntos del país donde las condiciones climáticas favorecen la práctica de este deporte.

"Buscábamos jóvenes de entre 14 y 21 años a quienes enseñarles determinados recursos a través de la práctica del kite. Existe una gran analogía entre este deporte y la vida. Siempre les decimos que cuando estás atando la barra a la cometa estás poniendo tu vida en tus manos. Eso impone mucho miedo, pero también mucho valor. La capacidad de poder controlar la fuerza del viento con tus manos te concede mucho poder y eso es muy importante en tu día a día", comentó Andrea Rabasa, piscopedagoga y maestra. Andrea es una de las monitoras de Tribu del Sol y trabaja codo a codo con Carolina Dickenson, originaria de Barbados y psicóloga, y la canadiense Kelly Brown, responsable administrativa y de relaciones con los medios de los diferentes programas en los que participan las instructoras a pie de playa en los lugares escogidos.

El equipo de Tribu del Sol llegó a Tarifa hace un par de semanas, y durante todo este tiempo ha estado trabajado con tres chicas seleccionadas por una orientadora educativa. "Siempre que llegamos a un sitio entramos en contacto con los servicios sociales y otros especialistas y son ellos quienes nos envían a las alumnas con las que vamos a desarrollar el programa", explica Andrea.

Las fuertes condiciones del viento que se dan en la costa tarifeña les ha impedido trabajar con más de tres, como fue el caso de Murcia, donde colaboraron con cuatro jóvenes y en el Delta del Ebro, donde llegaron a ser seis.

"Escogemos lugares donde el kitesurf ya tiene una implantación para que al finalizar el período de instrucción, si lo desean, puedan seguir con la práctica de este deporte", apunta Carolina. Las promotoras de Tribu del Sol reconocen que aunque su idea inicial era trabajar con grupos mayoritarios, el corto plazo de tiempo que llevan desarrollando esta formación les ha demostrado que los grupos menores ofrecen un resultado más positivo.

"Con los grupos pequeños tenemos oportunidad de establecer una conexión muy linda, más directa y cercana con las chicas con las que nos relacionamos", añade la instructora.

En el caso de Tarifa, Carolina y Andrea han hecho piña con Carmen (19 años), Cori (16) y Lola, de 15 años. Coraima, barbateña, estudia primero de Bachillerato en el instituto de Secundaria Almadraba y vive en la Escuela Hogar Guzmán El Bueno.

"Todavía siento nervios cuando vengo aquí a manejar la cometa. Hasta ahora no me he metido en el agua, pero en cuanto toque tendré, por así decirlo, cierta preocupación personal. Todo al principio se inicia con miedo y solo pensar en el agua ya me da mucho pánico", dice Coraima.

Lola Soria, algecireña y también residente de la escuela hogar, estudia cuarto curso de Enseñanza Secundaria en el mismo centro que su compañera Cori. "Estamos teniendo una experiencia muy buena. He recibido algunos golpecitos, concretamente tres, y hasta he salido volando hacia atrás", cuenta entre risas.

Carmen, tarifeña y la mayor del grupo, está finalizando Bachillerato. "Es una actividad que me relaja mucho y me gustaría aprender bien para poder seguir con el kitesurf y continuar mi camino yo sola", explica.

El proyecto que han desarrollado este verano no hubiera sido posible sin la participación de los patrocinadores y de las escuelas locales, que favorecen la continuidad de la formación de las alumnas con nuevas sesiones una vez las responsables de Kitesirens completa su programa.

Además, el colectivo está promoviendo una red de kitesurfistas que quieran donar material en desuso para que la práctica de este deporte pueda llegar a más gente y, así, hacerlo más accesible a quienes muestren interés.

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