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Solana y el efecto mariposa

  • El exsecretario general de la OTAN aboga por instituciones globales para afrontar los retos del siglo XXI como la seguridad o las migraciones

Javier Solana entra en el teatro Juan Luis Galiardo, anoche, seguido por el alcalde, Juan Carlos Ruiz Boix. Javier Solana entra en el teatro Juan Luis Galiardo, anoche, seguido por el alcalde, Juan Carlos Ruiz Boix.

Javier Solana entra en el teatro Juan Luis Galiardo, anoche, seguido por el alcalde, Juan Carlos Ruiz Boix. / jorge del águila

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En un mundo globalizado, prácticamente cualquier acontecimiento internacional acaba teniendo afección sobre cada uno de los más de 6.000 millones de humanos que habitan el planeta. Una suerte de reacción en cadena o, como definió anoche el exministro y exsecretario general de la OTAN, Javier Solana, de efecto mariposa cuyo viento puede convertirse en un tsunami de consecuencias impredecibles.

Javier Solana trazó en San Roque una magistral visión del tablero de ajedrez que conforma la geopolítica del siglo XXI, donde el movimiento de las piezas lleva un ritmo notablemente más acelerado que en la centuria precedente, tal y como reconoció durante la conferencia inaugural de la trigésimo octava edición del Curso de Verano de la Universidad de Cádiz en la ciudad. "Me lo habéis puesto muy difícil", apuntó al empezar su disertación, Claves geopolíticas del mundo actual.

Del año 2000 en adelante, en apenas 40 minutos y sin ningún tipo de apoyo documental, Javier Solana recorrió los principales acontecimientos internacionales y los vinculó entre sí demostrando la necesidad de crear instituciones globales para afrontar la situación de la seguridad en el mundo, el cambio climático, el terrorismo, los recursos alimenticios o la contaminación.

En su disertación estuvo muy presente el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, al que calificó de "maleducado" y al que criticó que no crea en la globalidad y suponga, por tanto, un obstáculo para lograr los objetivos comunes en un mundo en el que EEUU ya no es la primera economía y se prevé a medio plazo un relevo entre China e India. "Si no resolvemos los problemas globales, tendremos malas situaciones. Debemos ser conscientes como ciudadanos que hay interconexiones imposibles de separar. Tenemos que ser conscientes de eso, que lo que le pasa a un país tiene repercusión en el resto", dijo.

Y como ejemplo más claro y actual puso la guerra de Siria como origen de la actual crisis de los refugiados en el Mediterráneo y la crisis de valores en Europa. Y como antecedente, la de Libia, la llegada de refugiados a Italia y el cambio político hacia gobiernos más extremos y populistas en varios países de Europa como Polonia o Hungría.

Dentro de este recorrido por los hitos de los apenas 20 años del siglo, Solana se detuvo en las hipotecas basura de Estados Unidos. "En mayo de 2008 parecía que no iba a pasar nada. En septiembre, Estados Unidos estaba en alerta y demandado una actuación para evitar el hundimiento de la economía del planeta", comentó. Sin embargo, los diferentes planteamientos estratégicos para afrontar el problema provocaron, en opinión de Solana, que en Europa la crisis se haya prolongado y cebado con la clase media. "Hubo entonces que crear mecanismos para un problema global. Pero no acabamos de encontrar las instituciones globales para resolverlos", enfatizó.

Para la seguridad del mundo, como otro gran reto, Solana emplazó igualmente al máximo consenso posible en el seno de Europa. "No se trata de gastar más, sino mejor. Europa gasta cuatro veces más que Rusia en seguridad y defensa. Pero Rusia impone y la Unión Europea, como no va junta, no saca beneficios de esa integración que debe ir más allá de lo económico y el comercio, debe ser también una unión política", aseveró.

La inmigración fue otro de los asuntos analizados por el ponente, quien distinguió entre los refugiados y los emigrantes económicos. Sobre los primeros, con Siria como principal exponente y afección en Europa, dijo que España ha sabido gestionar el flujo. En cuanto a los segundos, Solana abogó por la cooperación internacional para la estabilidad de África -por su cercanía al Viejo Continente- y por las inversiones para mejorar las condiciones de vida en origen. "O damos garantías de buen gobierno en el sur e inversiones, o si no tendremos un problema serio que no será fácil de resolver a corto plazo", reflexionó. Para ello, el refuerzo de la Unión Africana con la reciente entrada de Marruecos -aún con el Sáhara dentro de la organización- supone otra pieza del complejo ajedrez que acaba de moverse y cuyas consecuencias habrá que esperar, aunque todo apunta que no demasiado tiempo.

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